La huella imborrable de Ernesto Sábato

La huella imborrable de Ernesto Sábato

Mayo 02, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País y agencias
La huella imborrable de Ernesto Sábato

La vida del escritor Ernesto Sábato quedó plasmada en una película realizada por su hijo, el director de cine Mario Sábato.

Aunque no se le otorgó el premio Nobel, el fallecido escritor argentino Ernesto Sábato dejó una huella indeleble en la historia de la literatura universal.

La desaparición del escritor argentino Ernesto Sábato vuelve a poner en tela de juicio la objetividad con que se otorga anualmente el Premio Nobel de la Literatura, pues el autor de obras célebres como ‘El Túnel’, ‘Sobre héroes y tumbas’ o ‘Abaddón el exterminador’ se ha ido sin el Nobel en la maleta.Esta injusticia literaria se suma a una buena lista histórica en la que están incluidos los nombres de autores icónicos como Jorge Luis Borges, Marcel Proust y James Joyce.En opinión de especialistas y seguidores el escritor Ernesto Sábato ha sido uno de los grandes de la literatura suramericana del Siglo XX.En lo literario, Sábato consiguió trascender el mundo de las letras a través de su obra, tanto en novelas como en ensayos en los que reflejó una profunda preocupación humanista.Jorge Luis Borges -el otro gran escritor argentino del Siglo XX- se marchó sin el Premio Nobel de Literatura, precisamente, por ser muy diferente de Sábato. Inmensamente erudito, dejó a un lado el humanismo cuando “comprendió” a los golpistas militares que embarcaron a su país en la dictadura y las desapariciones.En Sábato, en cambio, se hizo grande la literatura y el papel del escritor como testigo y sujeto activo de un territorio y un tiempo; en esto el escritor ha sido un modelo.Nacido en Rojas, Argentina en 1911, desempeñó una activa militancia política de la línea comunista hasta que quedó desengañado de la dictadura del proletariado.Crítico con el peronismo y la dictadura, para él era básica la defensa del hombre y la libertad, advirtiendo que la ciencia y la técnica deben estar al servicio del hombre y no al contrario, como él estimaba que ocurría en las sociedades tecnológicamente avanzadas.Sus estudios los encaminó al ámbito científico, doctorándose en Física por la Universidad de La Plata y alcanzó cierto prestigio en el mundo de la Física Nuclear. Trabajó en el Laboratorio Curie, en París, y en el Instituto Tecnológico de Massachussets, en los Estados Unidos, antes de regresar a su natal Argentina.De científico a humanistaDe los estudios relativos a las radiaciones nucleares o a la física cuántica pasó en un replanteamiento personal a preocuparse más del hombre y, en coherencia con su pensamiento, abandonó la universidad y se retiró con su esposa, Matilde, a un rancho sin agua ni luz, en la provincia de Córdoba, región ubicada en el interior del país.“No teníamos luz en casa, pero nos iluminaron los afectos y un hijo recién nacido”, le comentó al crítico español Tomás Álvarez, en un encuentro sostenido en la residencia del autor en Buenos Aires, donde pudo conocer otro de sus secretos: sus pinturas.Quizá influenciado por su estancia en París, donde conoció al chileno Roberto Matta y al canario Óscar Domínguez, ambos grandes del surrealismo, los cuadros de Ernesto Sábato estaban llenos de elementos surrealistas y expresionistas, con una utilización dramática del color, tal vez reflejando en ellos el desgarro que percibía en la sociedad.Ese desgarro ya lo manifestó en aquellos tiempos de huida de la ciencia y la ciudad (1945) cuando publicó ‘Uno y el Universo , ensayo en el que critica la deshumanización de las sociedades avanzadas.Sábato ejerció como director de la agencia Efe en Argentina, en los días finales de la dictadura militar. Fue entonces cuando comoenzó a colaborar para la serie de artículos ‘Grandes firmas’, en los cuales dejó plasmados muchos de sus controvertidos puntos de vista. A través de sus escritos, Sábato se convirtió en un barómetro que media el estado de su propio país. A Sábato le dolía Argentina; le dolían la dictadura, las desapariciones y la injusticia.En los años 70, su vida se teñía por el dolor de la realidad argentina y la satisfacción por los incesantes premios a su carrera, llegados de Alemania, Francia, Italia y España. Bastante más tarde (1984) le llegaría el Cervantes de Literatura.Presidió, por sugerencia del presidente argentino Raúl Alfonsín, la Comisión Nacional sobre Desaparición de las Personas, del que se desprendió el sobrecogedor informe ‘Nunca más’ y que abrió el camino a la acción de la justicia contra los represores de la dictadura argentina.Amaba a España y admiraba la transición a la democracia; en alguna ocasión reflexiónó sobre el sentido de la hispanidad y los preparativos para las celebraciones del V centenario del descubrimiento de América, en el que él veía excesivo oficialismo“Si nos ponemos de acuerdo una serie de escritores, de todos los países, como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y otros, para firmar un manifiesto, a la larga tendría más efecto que un programa de actos oficiales”, aseguró.Conocedor de su vocación inconformista, de la que daban fe su biografía y sus cuadros de tonos estridentes, en Sábato también anidaba la Argentina tradicional y burguesa; como detalle, su puntual té de las cinco de la tarde, ante el que alguna vez coincidían periodistas de distintos países, para hablar de pinturas, política y -como no- literatura.

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