La ‘guerra sucia’ se apodera de la campaña presidencial en Estados Unidos

Agosto 14, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Gerardo Quintero Tello | Jefe de Cierre de El País

En las últimas semanas los golpes bajos entre Trump y Clinton se han agudizado. Republicano cae en encuestas. Analistas prevén escenario aún más crudo.

[[nid:540422;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/05/hillary-y-trump.jpg;full;{Los candidatos a la presidencia de Estados Unidos, el republicano Donald Trump, y la demócrata Hillary Clinton.Foto: Elpais.com.co | AFP}]]

Una bella mujer desnuda que aparece en las primeras planas, gobiernos extranjeros incidiendo a favor de un candidato, filtración de documentos internos, amenazas de muerte veladas, políticos que juran lealtad, pero luego se le ‘voltean’ a su candidato, críticas a la familia de un héroe de guerra… Lea también: Las fortalezas y debilidades de Hillary Clinton y Donald Trump

Todo esto parece la receta apropiada para una de aquellas películas que fascinan a los amantes del cine de Hollywood. Sin embargo, nuevamente la realidad supera a la fantasía. No se trata de una secuela de Misión Imposible, es simplemente lo que hoy está sucediendo en las campañas de Hillary Clinton y Donald Trump, quienes en su empeño por quedarse con la presidencia de Estados Unidos han decidido exponer lo más bajo en estrategias políticas para conseguir su objetivo el próximo 8 de noviembre, día de las elecciones.

Y no es que esta sea una estrategia nueva, pues muchos expertos en esta materia precisamente sitúan en Estados Unidos los comienzos de lo que se ha denominado campaña sucia o negativa. El punto central parece ser la batalla que se dio en 1828 entre los demócratas partidarios de Andrew Jackson y los republicanos que apoyaban a John Adams. La difamación y las mentiras fueron los baluartes de una elección que la historia reseña como brutal y que dejó como ganador a Jackson.

Hoy, 188 años después, sus discípulos muestran que aprendieron muy bien la lección y a tres meses de que se conozca el nuevo inquilino de la Casa Blanca, la campaña negativa de lado y lado sube de tono.

Pedro Viveros, especialista en marketing político y quien ha hecho parte de campañas presidenciales, explica que las estrategias dañinas perjudican solo si se logra permear la integridad del candidato y su campaña no tiene capacidad de reacción. También advierte que como una fiera tras su presa, esta estrategia es efectiva solo si logra penetrar el talón de Aquiles del contrincante.

Luciana Manfredi, experta en mercadeo político y política internacional de la Universidad Icesi, es contundente al decir que en Estados Unidos es una práctica habitual durante las campañas sacar a relucir los trapos sucios del adversario. “El objetivo de una campaña sucia es difamar al adversario, buscar su debilidad y hacerla pública y eso a veces incluye mentir sobre el otro con el objetivo deliberado de perjudicarlo”. Para Manfredi es claro que en estas campañas se pasa de plantear una estrategia que combine posicionamiento absoluto (resaltar los aspectos positivos de uno mismo), con posicionamiento relativo (compararse el otro) para mostrar las miserias del rival y difamarlo para verse mejor uno mismo.

Eso, de acuerdo con el especialista Juan Albarracín, candidato a doctor de la  Universidad de Notre Dame, en Indiana, es lo que está sucediendo en Estados Unidos.  “La convención del Partido Republicano tuvo cuatro días de interminables discursos negativos contra Hillary Clinton. Era común escuchar al publico gritar ‘lock her up’ (encarcélenla). La convención Demócrata también logró transmitir  una imagen de Donald Trump como un candidato inestable, irrespetuoso y peligroso para el país”.

Arturo López-Levy, analista político internacional de la Universidad de Texas, considera que la campaña republicana es la que ha liderado la ‘guerra sucia’. “Además de sus expresiones racistas y misóginas, Trump ha colgado descalificaciones al cuello de varios de sus oponentes. Marco Rubio es Mini-Marco, Ted Cruz es ‘el mentiroso Ted’, y Hillary Clinton es ‘la torcida Hillary’. Trump ha cuestionado hasta el lugar de nacimiento del presidente Obama”. El jueves, incluso, acusó al presidente estadounidense de ser el fundador del Estado Islámico y a Hillary de cofundadora de la agrupación terrorista.

Empero, López-Levy reconoce que por las toldas de Clinton también se han movido en medio de aguas turbias de la política. “Del lado demócrata fue vergonzoso cómo el comité nacional torció su rol arbitral en las primarias a favor de Hillary contra la candidatura del senador Bernie Sanders. Personas que se hacen llamar progresistas y demócratas, y se supone que abogan por el respeto a la diversidad y la separación de la religión y la política, llegaron a proponer atacar a Sanders por sus visiones al respecto. No es extraño que la presidenta del Comité Nacional Demócrata, la congresista Debbi Wasserman Schulz, haya tenido que renunciar deshonrosamente”.

La guerra sucia en Estados Unidos se ha intensificado en las últimas dos semanas. La publicación, por parte del New York Post, de fotos en las que la potencial primera dama Melania Trump aparece desnuda; el desafío que impuso el candidato republicano a la inteligencia rusa para que rastreara los correos electrónicos de Clinton;  el comentario de Trump en el que hace un llamado a los amantes del derecho a portar armas para que “detengan” el avance de Hillary hasta las alusiones a la incapacidad, estupidez y falta de tacto del aspirante republicano hacen parte del menú de una campaña que ha sorprendido por su crudeza y bajeza.

Surgen, entonces, algunos interrogantes: ¿qué tanto se intensificará esta guerra sucia y cuánto podría afectar la decisión final de los electores?

“Si las elecciones primarias y las primeras semanas de las elecciones generales son un buen indicador, entre agosto y noviembre se intensificará el uso de campañas negativas, máxime cuando uno de los candidatos, Trump, no tiene problemas con romper las más básicas normas y convenciones políticas”, advierte Albarracín.

Para la analista Luciana Manfredi ya empezó sin ambages el juego electoral y en la medida que pasen las semanas se va a volver más intenso porque el objetivo de cada campaña es captar a los indecisos, “sobre todo en esta campaña donde ni el electorado demócrata está plenamente convencido con Clinton y tampoco los republicanos tradicionales y más conservadores son amantes de Trump, de hecho, lo ven de una forma muy escéptica”.

Esto último se percibe en los sorpresivos apoyos a Clinton de conspicuos republicanos como la la directora ejecutiva de Hewlett Packard Enterprise, Meg Whitman, y del representante conservador por Nueva York, Richard Hanna, el primer republicano con una curul en el Congreso que ofreció su respaldo a la candidata demócrata.

El analista López-Levy prevé que en lo que resta hasta el 8 de noviembre, la guerra de insinuaciones, propaganda negativa, apelaciones al miedo y los estereotipos degradantes se van a recrudecer. “La elección de los candidatos a vicepresidentes, dos políticos tradicionales sin mucho carisma, augura aún más una concentración en el carácter de los candidatos presidenciales. Ojalá se discutiera más sobre propuestas, pero lo más probable es que prevalezcan los mensajes negativos de rechazo al candidato opuesto”, advierte.

 En la ‘foto’ de hoy es evidente que quien está acusando en mayor medida el desgaste de una campaña virulenta es el propio Trump, quien ha tenido una caída sistemática en las encuestas. De hecho, la candidata demócrata encabeza la intención de voto en los últimos 19 sondeos del portal ‘Real Clear Politics’ y en promedio, la exsecretaria de Estado obtiene 48% de votos contra un 40% del millonario.

Sin embargo, el analista Juan Albarracín explica que es difícil saber con seguridad hasta qué punto este tipo de estrategias negativas son realmente efectivas. “No hay una evidencia clara e irrefutable que indique que cambien la tendencia del voto. También existen fuertes debates en la ciencia política sobre los efectos negativos que tienen este tipo de campañas sobre la participación electoral. Hay estudios que demuestran que estas puedan deprimir la participación electoral, mientras que otros cuestionan estos resultados”.

Y esto es precisamente lo que teme el politólogo López-Levy que pasará en el tramo final de las elecciones. “Los efectos de esta estrategia son más cinismo, más abstencionismo y desaliento político, particularmente en la juventud. La cultura política del compromiso y la negociación en EE.UU seguirá sufriendo y lo más probable es que la campaña electoral deje un legado de animosidad que hará más difícil la gobernabilidad en un sistema político que necesita el diálogo y las concesiones mutuas para atender urgentes retos internos y externos”.

Críticas no cesan  Ricardo  Lagos, expresidente chileno, criticó   en Guatemala  la intención de Trump de construir un muro en la frontera con México. ”Nunca  pensamos que alguien que dijera barbaridades de ese calibre podía tener una nominación de un partido en  EE.UU”.”Trump no  está cualificado para la Presidencia de Estados Unidos y podría suponer una “amenaza" para la seguridad nacional”, afirmó  el exjefe de la CIA Michael Morell.
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