La amenaza de la violencia ultranacionalista judía

La amenaza de la violencia ultranacionalista judía

Agosto 17, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Por Sal Emergui / Corresponsal en Medio Oriente
La amenaza de la violencia ultranacionalista judía

En el hogar de la familia Dawabsha, en Cisjordania, extremistas lanzaron un cóctel molotov. Un bebé de un año y medio murió.

Son grupos de jóvenes que buscan la anarquía y consideran que los palestinos “ocupan” su tierra.

Luchamos contra el terror judío con determinación y sin contemplaciones. Es una lucha por la esencia y democracia del Estado de Israel. No pretendemos renunciar ni un milímetro en esta lucha". Con estas palabras, el  ministro israelí de Defensa, Moshé Yaalon, anunciaba una guerra sin cuartel contra los extremistas judíos. Mucho más activa que la llevada a cabo hasta la fecha. 

Un hecho traumático tuvo que pasar para que los servicios secretos internos (Shabak) y la Policía de Israel  multiplicaran su lucha contra el enemigo en casa. Ese “hecho traumático” sucedió  cuando dos presuntos radicales judíos penetraron en la localidad palestina de Duma, norte de Cisjordania. Llegaron en horas de la madrugada, a la casa de la familia Dawabsha y  lanzaron un cóctel molotov. El fuego se extendió por el salón provocando la muerte del bebé Ali, de año y medio, y heridas  graves a su hermano Ahmed y a sus padres Rihan y Saed.

El cóctel molotov prendió la mecha del círculo de la venganza y ha hecho que el Gobierno israelí se quite definitivamente los guantes ante lo que define como “terroristas judíos”.

Y quitarse los guantes significa aplicar medidas que hasta ahora estaban reservadas a terroristas palestinos. Así, pocos días después del atentado en Cisjordania que con igual intensidad conmocionó a Israel e indignó a Palestina, varios jóvenes radicales eran detenidos.

El primero fue el más mediático y conocido:  Meir Ettinger (24 años), cabecilla de un grupo de jóvenes fanáticos que sueñan con destruir el sistema democrático de Israel e imponer un Estado basado en la Halaja, la ley religiosa judía.

Luego llegó el turno de Mordejai Meyer, de 18 años, que se convirtió en el primer judío sujeto a la “detención administrativa” en muchos años. Esta polémica práctica -criticada por grupos locales y extranjeros de derechos humanos-permite a las fuerzas de seguridad detener a un sospechoso sin necesidad de presentar los cargos o llevarles a juicio. Israel la considera necesaria para “la seguridad” ya que evita ataques que planifica el sospechoso. En la mayoría de los casos, lo hace para no “quemar” al confidente o porque no tiene pruebas concluyentes. Actualmente, 391 presos palestinos se encuentran bajo “detención administrativa”.

¿Quién es el “enemigo en casa”? ¿ De cuántas personas estamos hablando? ¿Cuáles son sus objetivos? ¿Son tan peligrosos como los terroristas del grupo islamista Hamas que realizaron atentados en las calles de Israel? ¿Son castigados de igual forma? Estas y otras muchas preguntas deben contestar los servicios de seguridad israelíes en estos días de gran tensión.

Mientras buscan respuestas, intentan evitar la anunciada venganza de los grupos palestinos por el asesinato de Ali. Desde ese día, ya se han registrado varios ataques con un balance de al menos seis  israelíes heridos.

Según fuentes de la Agencia Israelí de Seguridad, Shabak, consultadas por este diario, el llamado “terrorismo judío” está formado por unos 50 o 60  jóvenes-parte de ellos menores de edad- que no reconocen la autoridad del Estado de Israel, se enfrentan a soldados y policías israelíes, atacan a palestinos y lugares de culto como mezquitas e iglesias.

El objetivo es desestabilizar Israel golpeando en el camino al “enemigo árabe”.

Como alertan varios expertos en la materia y testimonios en las colinas de Cisjordania, son jóvenes que buscan la anarquía para acabar con el sistema democrático israelí y consideran que los palestinos “ocupan” su tierra. Antiárabes y antisionistas que no escuchan a nadie. Ni siquiera a los rabinos más militantes en los asentamientos. 

“La verdad debe ser dicha,  no hay ninguna organización terrorista, pero sí un montón de judíos, mucho más de lo que la gente piensa, cuyo sistema de valores es completamente diferente al de la Corte Suprema o del Shabak, y que no están sujetos a las leyes del estado, sino a leyes más eternas y verdaderas”, escribió Ettinger en su blog, días antes de ser detenido por agentes israelíes.

Este carismático joven no sólo fue detenido por su supuesta vinculación con los adolescentes que quemaron partes de la Iglesia de la Multiplicación de Panes y Peces en el norte de Israel o su ascendencia entre los radicales sino porque es el nieto de Meir Kahane.

Antes de ser asesinado por un palestino en 1990 en Nueva York, este conocido y polémico rabino era el rostro, cerebro y voz de Kaj, un movimiento de ultraderecha que fue ilegalizado por Israel hace 21 años.

El analista militar israelí, Ron Ben Ishai, va más allá y define este fenómeno como “Yihad judío”. “Se trata de un número de jóvenes no muy elevado. Son muy pocos, pero  peligrosos. Israel debe hacer todo lo posible para frenarlos antes que sea  tarde. De lo contrario, serán una amenaza para nuestra democracia”.

Más allá de  detenciones administrativas o permitir interrogatorios más agresivos, Israel tiene en el punto de mira a grupos como Lehava. Este movimiento, alimentado con populismo, odio y fanatismo, es liderado por Bentzi Gopstein y  se fundó entre otros motivos para evitar los matrimonios  entre judíos y árabes. Sus miembros han participado en manifestaciones contra árabes y algunos fueron detenidos por agredirles.

Gopstein-que ya estuvo  detenido- ha provocado una nueva polémica que podría devolverle a la cárcel. Tras condenar el atentado terrorista contra la familia palestina en Duma, mostró su apoyo a la quema de iglesias. Aunque luego intentó aclarar que lo decía “desde el punto de vista religioso y no práctico", sus palabras reflejan la peligrosidad de alguien que intenta convencer a adolescentes en charlas y conferencias.

Gopstein vive en una de las colonias más radicales, Hebrón. La bíblica ciudad en la que el tristemente famoso Baruj Goldstein asesinó a 29 fieles musulmanes en la Cueva de los Patriarcas.

Ese  25 de febrero de 1994 actuó solo aunque movido por una ideología fanática y un contexto marcado por atentados palestinos y la sed de venganza. “Ojo por ojo y diente por diente” es algo más que una expresión.

La violencia ultranacionalista judía se ha manifestado en las últimas décadas como un fenómeno más individual que grupal. Muy diferente a la violencia palestina expresada por Hamas o la Yihad. Aunque evidentemente no se puede olvidar la banda terrorista que a principios de los 80 asesinó a tres estudiantes de la academia islámica de Hebrón e hirió a tres alcaldes palestinos.

“En ese momento se trataba de un grupo relativamente grande. Ahora la forma de actuar es muy diferente.

Son mucho más jóvenes y en muchos casos menores. Para lanzar un cóctel molotov no se necesita una gran infraestructura. Con una sola persona es suficiente”, confiesa el ex jefe del Shabak y hoy diputado del Likud, Avi Dichter.

“No es fácil sacarles información ya que saben cómo actuar en los interrogatorios. Es decir, silencio absoluto. Además para infiltrar un agente, el Shabak debe emplear un menor o alguien muy joven, lo que supone un método muy difícil y problemático”, añade.

Los palestinos asocian la violencia ultranacionalista con la presencia de 360.000 habitantes israelíes en Cisjordania, el territorio ocupado por Israel en la guerra del 67.

“Los colonos atacan a nuestro pueblo, nuestras casas, iglesias, mezquitas, árboles e incluso envenenan nuestra agua. Ni un sólo colono actualmente está en prisión por la comisión de esos atroces delitos”, dice el liderazgo palestino que acusa al Gobierno de Benjamín Netanyahu de “pasividad” ante los extremistas judíos.

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