‘Juicio del siglo’ en Brasil, un ejemplo para América Latina

‘Juicio del siglo’ en Brasil, un ejemplo para América Latina

Septiembre 07, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee, especial para El País
‘Juicio del siglo’ en Brasil, un ejemplo para América Latina

A finales de septiembre el Tribunal Superior Federal terminará dará por terminado el juicio y dictará las sentencias restantes por este caso, considerado el mayor escándalo de corrupción que ha vivido Brasil.

Al finalizar la segunda fase de este juicio, ocho personas, entre políticos y magistrados, fueron condenadas.

En Brasil, el país donde todo es superlativo, se está llevando a cabo “el juicio más grande de la historia”. El Tribunal Supremo Federal (TSF) ya definió ocho culpables entre los 38 políticos y parlamentarios acusados en el mayor escándalo de corrupción de la historia del país, sucedido en el 2005, durante el primer mandato del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, en un proceso que pretende ser un ejemplo para toda América Latina.La mayoría de los magistrados del Tribunal Supremo consideraron a Katia Rabello, José Roberto Salgado y Vinicius Samarane, directivos del Banco Rural, responsables de “gestión fraudulenta”, y declararon culpable al expresidente de la Cámara baja y actual diputado Joao Paulo Cunha, al publicista Marcos Valerio Fernandes y sus socios Ramón Hollerbach y Cristiano Paz, y al exdirector del estatal Banco do Brasil Henrique Pizzolato.Según la acusación, agencias de publicidad vinculadas al Partido de los Trabajadores (PT) eran beneficiadas en licitaciones públicas, pero no prestaban sus servicios, sino que recibían el dinero y lo depositaban en el Banco Rural, que daba créditos al partido sin tener las garantías suficientes.Una vez concluido el tema del Banco Rural, el Tribunal continuará dictando sentencias sobre el “núcleo político”, cuyo principal acusado es el exjefe de Gabinete de Lula, José Dirceu, considerado su mano derecha. Las sentencias serán dictadas cuando termine el juicio, a fines de septiembre.El ‘mensalao’El juicio, que empezó el 2 de agosto, busca determinar la responsabilidad de los acusados en el escándalo conocido como ‘mensalao’, que estalló cuando se descubrió que un grupo de diputados cobraba sobresueldos regulares para aprobar las leyes enviadas por el gobierno.Los hombres que están sentados en el banquillo, son, en su mayoría, los principales dirigentes del PT, que gobierna el país desde hace tres periodos presidenciales, así como otras personas que fueron funcionales a los sobornos.Al principal acusado, José Dirceu, se le sindica de ser el organizador de este esquema de corrupción, desviando recursos del estado para pagar a políticos y congresistas.La defensa alegó que el PT no declaró a las autoridades recursos recaudados para sus campañas electorales en clara violación a las leyes, pero como se trata de un delito que ya prescribió, no podría ser castigado. La fiscalía consideró que el dinero tenía origen público, razón por la cual las autoridades judiciales son plenamente competentes para juzgarlos y condenarlos.Lula no será juzgadoEl TSF rechazó incluir a Lula da Silva como acusado, un pedido realizado por Roberto Jefferson -presidente del Partido Laborista Brasileño (PTB)-, el exdiputado que denunció la existencia de ‘mensalao’ y que es uno de los acusados. “El expresidente no sólo es inteligente, es doctor honoris causa en universidades brasileñas e internacionales. ¿Pero es un tonto? ¿Todo esto sucedió frente a sus propias barbas y él no sabía nada? No sólo sabía, sino que ordenó todo lo que esta acción penal discute. Los ministros eran apenas auxiliares suyos”, dijo su abogado, Luiz Correa Barbosa.Al leer los cargos, el procurador General, Roberto Gurgel, preguntó: “¿Cómo se podría imaginar que todo eso ocurría dentro del Palacio presidencial y que las reuniones de la banda se hacían a pocos metros de la oficina del presidente de la República?”.Sin embargo, Lula, quien terminó su segundo periodo presidencial con un 80% de aceptación y que se recupera de un cáncer en la garganta, parece no haber sido tocado por el escándalo, por ahora.Para Fabian Calle, profesor del Instituto Torcuato di Tella en Buenos Aires, Argentina, si bien es muy difícil creer que Lula no sabía nada, todos los sectores políticos, oficiales y opositores, “consideraron que, por la salud política de la democracia brasileña, y para no generar un problema muy grande, había que perdonarle la vida a da Silva y no avanzar en la acusación”.Dilma, triunfadoraSi bien el juicio se dirige contra los más importantes dirigentes de su propio partido, la presidenta Dilma Rousseff ha dejado a la justicia actuar sin hacer ninguna declaración y sin intervenir, reforzando su imagen de luchadora contra la corrupción. El año pasado, seis ministros, la mayoría heredados del gobierno de Lula, renunciaron y luego lo hicieron otros cuatro más. Gracias a ello, la presidenta goza de una popularidad del 62% según encuesta de Datafolha.Como explicó a El País Marcio Resende, periodista de la red Bandeirantes, el ‘mensalao’ “alteró la política brasileña, porque gracias a él cayeron los que estaban alrededor de Lula, como Dirceu y los demás dirigentes del PT que iban a ser los seguros candidatos. De esta manera, el camino le quedó despejado a Dilma, que era ministra de Energía, y que pasó a reemplazar a Dirceu, para saltar luego a la Presidencia”.Rosendo Fraga, del Centro Unión para la Nueva Mayoría de Buenos Aires, anotó que Dilma “será beneficiaria del juicio en términos políticos, porque realza su actitud de combatir la corrupción, tema importante para la opinión pública brasileña en este momento”.Agregó que “como todo líder político que asciende, ella trata de diferenciarse y de limitar el poder del que la hizo ascender. Nadie duda, que Dilma no es corrupta, y una parte de la sociedad cree que ella viene a continuar las cosas buenas de Lula y descontinuar algunas prácticas no muy transparentes. Hay una discontinuidad y la sociedad lo percibe. Eso le permite tener una autoridad moral y crea un ambiente donde hay un gobierno que pone el tema de la corrupción en el centro de la agenda política”.TrascendenciaLa importancia del proceso está dada no solo por la cantidad y calidad de los acusados, sino por el precedente que sienta en América Latina, donde la corrupción y la ausencia de una justicia independiente, son cánceres que corroen a los gobiernos y a las instituciones. Los analistas destacan el papel de Dilma y del Poder Ejecutivo, que se han mantenido prescindentes, a pesar de las presiones de su propio partido.Para Resende, el proceso “demuestra un grado de institucionalidad, de menor injerencia del Ejecutivo sobre la justicia, cosa que no existe en otros países de la región. La diferencia es que Brasil tiene instituciones”, dice.En Argentina, la actual investigación judicial contra el vicepresidente Amado Boudou por sus vínculos con la Compañía de Valores Suramericana, eximprenta Ciccone, que fabrica los billetes para el Estado, que fue expropiada por el Congreso, llevó al desplazamiento del juez, el fiscal y hasta del Procurador General, demostrando la falta de independencia del poder judicial.En Colombia, la Corte Suprema ha condenado a 53 políticos senadores y representantes y 9 gobernadores en los procesos contra la parapolítica, pero en medio de enfrentamientos con el gobierno del expresidente Álvaro Uribe.

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