Jesuitas, orden del Papa Francisco, el otro poder vaticano

Jesuitas, orden del Papa Francisco, el otro poder vaticano

Marzo 17, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Jesuitas, orden del Papa Francisco, el otro poder vaticano

La Compañía de Jesús, la del nuevo papa Francisco, es una orden que a lo largo de la historia ha pisado los callos al poder del Vaticano.

Los 17.637 jesuitas que hay diseminados por el mundo fueron los más sorprendidos cuando uno de los suyos, Jorge Mario Bergoglio, fue elegido papa en Roma.Una posibilidad muy remota pues la Compañía de Jesús solo tiene diez cardenales y solo dos eran electores y papables menores de 80 años (Jorge Mario Bergoglio, de Argentina, y Julius Riyadi Darmaatmadja, de Indonesia).El padre Jorge Humberto Peláez, rector de la Universidad Javeriana de Cali, explica que la principal directriz de San Ignacio de Loyola, al fundar la orden masculina más grande de la Iglesia Católica, fue que su cuerpo apostólico tuviera una enorme agilidad y movilidad y no estuviera “amarrado” a cargos eclesiásticos, de tal manera que se pudiera disponer del jesuita donde y cuando lo necesitara la Iglesia.Álvaro Vélez, provincial jesuita del Valle, ratifica que el apostolado jesuita no busca “hacer carrera” ni persigue dignidades o jerarquías eclesiásticas, sino ir al servicio de comunidad, de los más pobres.Entonces, ¿cómo llegó el Papa al cuerpo cardenalicio? Los jesuitas, además de los votos religiosos –pobreza, castidad y obediencia–, profesan un cuarto: obediencia al Papa. Así quienes llegan a cargos eclesiásticos es por una petición expresa del Santo Padre, que les dice: “Entiendo todas sus razones, pero lo necesito en este servicio”. Fue Juan Pablo II quien le pidió a Bergoglio ser obispo y luego arzobispo. Y Benedicto XVI lo ordenó cardenal. En el contexto histórico, el padre Peláez da otra razón: en 1539, cuando San Ignacio de Loyola fundó la comunidad, los altos cargos en la Iglesia estaban asociados con poder temporal –eran príncipes– y posesión de grandes extensiones de tierra. Y el fundador de los jesuitas dijo que ese no era el mejor testimonio de la simplicidad del Evangelio. De ahí que los jesuitas tengan más santos en el cielo (52) que arzobispos y cardenales en El Vaticano.Su apostolado de evangelización y promoción de la justicia, como el hecho de no comulgar con la Inquisición, les ha valido problemas. La defensa de los esclavos por San Pedro Claver en Colombia fue muestra de su compromiso con los débiles.A su vez despertaban sospechas labores como las misiones en las Reducciones del Paraguay, comunidades agrícolas que los jesuitas desarrollaron con los indígenas guaraníes en los siglos XVII y XVIII.Hechos que le han merecido al superior general de la comunidad el apelativo del Papa Negro, aludiendo a un supuesto poder ante el Pontífice de turno. A lo que el padre Peláez dice que en toda la historia de los jesuitas han inventado leyendas, mitos, mentiras, exageraciones y fantasías. “Los jesuitas somos una comunidad muy organizada, disciplinada y eficiente, con un voto de obediencia y una formación académica sólida, que desde afuera es analizada de otra forma, pero somos un apostolado al servicio de la Iglesia desde las fronteras –la cultura y la educación–”, dice el padre Peláez.Con El Vaticano tuvo “malos entendidos” el padre Pedro Arrupe, uno de los 30 superiores jesuitas en sus más de 460 años. “El padre Arrupe –, de mucha incidencia en Cali por su labor pastoral, dice el padre Peláez– era extraordinario, un visionario que buscó que la Compañía de Jesús respondiera a los retos de la cultura contemporánea, de los más pobres y no fue un insubordinado, sino que tuvo problemas de comunicación: como era un misionero, su lenguaje difería del estilo diplomático de la curia vaticana”.Sobre el título de agitadores que algunos sectores de la sociedad les endilgan, miembros de la Compañía dicen que esta tiene dos formas de trabajar con las clases populares: una es el esquema tradicional asistencialista, que ya está superado.La otra es el de la promoción social, es decir, promover a las comunidades para que tomen en sus manos las riendas de su destino. “Eso significa educar, conscientizar, crear espacios de desarrollo y que no se dejen vulnerar sus derechos fundamentales y hagan sus justas reivindicaciones”, afirma Peláez.En ese sentido, admite que sí, que ese trabajo social despierta sospechas en sectores que “preferirían unas clases sociales más sumisas, doblegadas”. El padre Peláez dice que “las reivindicaciones de la justicia en nombre del Evangelio pisan callos y si algunos sienten que su poder o sus privilegios son cuestionados, se sienten incómodos, pero qué le vamos a hacer, ante todo la justicia y la dignidad humanas”.Pero desde la otra orilla, a la comunidad jesuita la critican por su poder económico. Sus miembros responden que la Compañía de Jesús es un formidable centro de pensamiento con 200 universidades de gran impacto social en el mundo, sin contar los colegios. “Es una red muy grande de una organización muy seria que impacta a la sociedad, pero así mismo requiere recursos porque implica tecnología, docentes doctorados, infraestructura, laboratorios, en fin, pero es un servicio social”, dice el rector de la Javeriana.Ante las voces que tildan sus centros educativos de elitistas, académicos aclaran que “esa visión elitista pudo ser verdad en el pasado, pero ahora somos una comunidad con una visión clarísima de inclusión social al servicio de un país”.Teólogos y sacerdotes señalan que con el nuevo pontífice Francisco el catolicismo recupera su misión pastoral y que habría cambios esperanzadores. Informe especial: el papa Francisco llenará de humildad y austeridad la Iglesia

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