Jenny Vilá sale a la conquista de España

Febrero 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Por Catalina Villa l Editora de GACETA
Jenny Vilá sale a la conquista de España

Tras casi tres décadas dedicadas al mercado del arte en Cali, Jenny Vilá es una de los diez invitados a representar a Colombia en la Feria Arco, de Madrid.

El año entrante llega a su 30 aniversario. Pero la celebración se le adelantó. La Galería Jenny Vilá es una de las diez del país que viajará a la feria de arte Arco, en Madrid, para representar a Colombia, que este año es el país invitado. Historia de un espacio de arte que ha perseverado en una de las plazas más difíciles: Cali.

Con su pelo ensortijado, unas gafas enormes y ese acento costeño que ni la brisa caleña ha sido capaz de suavizar en 30 años, Jenny Vilá no duda cuando se le pregunta dónde cree estar la génesis de esa pasión por el arte que el año entrante la llevará a celebrar tres décadas como galerista en Cali. “Pues en La Cueva”, dice sin apuros. Se refiere, sí, al bar más famoso que haya existido nunca en Barranquilla. El mismo de la carrera 43 con 58 que albergó a esa pandilla de artistas encabezados por Gabriel García Márquez, Alejandro Obregón y Álvaro Cepeda, y que fuera fundado justamente por su padre, Eduardo Vilá, un dentista y cazador aficionado que, a fuerza de fiar cervezas y trasnochar con sus amigotes, terminó siendo un intelectual más del grupo, un coleccionista de arte, un galerista.A Jenny aún se le eriza la piel con los recuerdos. Con el primero, al menos. Era una niña cuando presenció esa escena casi inverosímil del maestro Juan Antonio Roda pintando pescaditos en las paredes de su casa. Él, español, había llegado a Barranquilla en 1955 y se hospedó en casa de los Vilá porque era amigo de Eduardo, también español. “Un día vio a mi mamá pintando una pared y le dijo, Yolanda, yo le ayudo. Y empezó a dibujar unos pescados hermosos que todavía tengo grabados en mi memoria con un cariño inmenso”, recuerda.Un par de años más tarde, quizá en el 57, Roda pintaría detrás de la legendaria Barra de La Cueva uno de sus cuadros más recordados en la capital del Atlántico: parte del Grupo de Barranquilla sentado en torno a una mesa de cervezas y el sol a sus espaldas. Allí aparecen Alfonso Fuenmayor, Eduardo Vilá, Álvaro Cepeda, Germán Vargas y Nereo. Cuadro que, con el paso de los años, terminó en manos de un coleccionista estadounidense, tras haber sido rescatado y restaurado en Bogotá de los estragos del tiempo. Es allí, en medio del humo del tabaco que ellos fumaban en las madrugadas y las discusiones literarias que debatían, donde ella encuentra la génesis de su pasión por el arte. Lo recuerda ahora, sentada en un salón impecablemente blanco frente al río Cali, donde está ubicada su galería, pocos días antes de abordar el avión que la llevará a Madrid como una de los diez invitados a representar a Colombia en la Feria Arco, considerada una de las más prestigiosas de Europa. “Fue una pasión de la cual no me pude desligar porque, fíjate, mi padre tumbó muros y paredes para poder albergar todas las obras de arte que iban llegando a la casa. Nosotros no teníamos una sala ni un comedor como la gente normal. Teníamos un gran salón lleno de arte”, recuerda. Siendo ya una señorita, y tras haber pasado algunos años en un internado en Bogotá, Jenny intentó cultivar esa pasión en la escuela de Bellas Artes de Barranquilla. Sin embargo, fue solo tras su llegada a Cali que pudo concretar un proyecto alrededor del arte cuando, en 1986 abrió una galería de arte contemporáneo.“Yo llegué en el 79 cuando al padre de mis hijas lo trasladaron, y confieso que al principio me dio muy duro. Yo era tan, pero tan Caribe en mi forma de ver la vida. Sin embargo, encontré en el arte la forma de acercarme a esta ciudad que aprendí a querer muy rápido y que hoy adoro”. Su primera galería se instaló en el barrio Versalles que para finales de los años los años 80 fue, digamos, una suerte de ‘zona rosa’ de la creación y la experimentación. Allí quedaban casi todas las agencias de publicidad, los estudios de fotografía, los pocos restaurantes, las peluquerías y las casas de moda. Entonces apareció de repente esta casa azul inundada de obras de artistas, locales y nacionales en donde la gente podía encontrar obras, no solo para apreciarlas en la pared o en el muro, sino para comprarlas, para llevárselas a su casa. “Esa fue una época muy bonita en donde yo llegué a tener once exposiciones al año, y en la que en las inauguraciones había que empujar a la gente o muchos se quedaban afuera. Quizá porque era una novedad y todos querían aprender”.Desde entonces han desfilado por sus paredes y pisos obras de Víctor Laignelet, Oscar Muñoz, Elías Heim, Bernardo Ortiz, Johanna Calle, Lucas Ospina, Mateo López, Jorge Acero, Beatriz González, Luis Roldán, Álvaro Barrios, Nicolás Consuegra... Para Carlos Quintero, curador y crítico de arte, y docente de la Universidad del Cauca, Jenny llegó a Cali no solo a promover el tema del coleccionismo en la ciudad, sino también a sacar a los artistas de sus formatos tradicionales de hacer arte. Recuerda con simpatía aquella exhibición titulada ‘Con qué objeto’, en la que invitó a muchos artistas a transformar piezas cotidianos en piezas de arte para vender en diciembre. “Eso fue un experimento divertido. Recuerdo que Pablo van Wong llevó una tabla de picar con una Venus de Boticelli, y una mesa de planchar; Oscar Muñoz llevó unas materas que en lugar de cactus tenían las manecillas del reloj; José Horacio Martínez llevó unos platos y alguien llevó unos cuchillos eléctricos con una pareja haciendo el amor”.Por eso, si pudiera describir el trabajo de Jenny lo haría en una sola palabra: valiente. “Jenny ha logrado lo que nadie más en Cali en el mercado del arte; es la única que se ha mantenido en el tiempo y eso ya es un aporte inmenso”, afirma. En eso coincide Alonso Garcés, uno de los primeros galeristas de Bogotá, con Garcés Velásquez fundada en 1977, y hoy convertida en Alonso Garcés Galería. “El trabajo de Jenny es maravilloso porque ha perseverado en una plaza tan difícil como Cali. Ella decidió apostarle al talento joven, a los nuevos conceptos, y acertó”, dice su colega. Miguel González, quien conoce como pocos la escena local del arte, destaca el criterio de la galerista. “Ella le apostó a presentar un tipo de arte sin consideraciones de tipo comercial, de arte fácil. Todo lo contrario, ha buscado artistas o obras que invitan a la reflexión, como Danilo Dueñas o el mismo Elías Heim. Hacer eso en Cali, y además mantenerse, eso ya es un aporte grandísimo”. Quizá una de las obras que marcaron esa línea fue la primera exposición de Elías Heim, en 1991, titulada ‘...Errante’. Hasta Cali llegó el curador cubano Fernando Mosquera quien al ver la obra dijo, “Esto parece Berlín”. Se refería a esa instalación hecha con tablas de madera que, al final, muy pocos comprendieron, pero que era una primera manifestación de lo que estaba sucediendo en otros países, y que él celebraba. Justamente esa incomprensión del arte llegó a molestar mucho a Jenny en los primeros años. La gente le decía, al ver ciertos cuadros, que eso que ella vendía lo podían hacer igual o mejor sus hijos. Alguien, incluso, llegó a preguntarle si todo lo que estaba allí era hecho por ella. “Yo lo tomaba a mal, pero con el tiempo entendía que al público había que educarlo. Ahora tengo una paciencia infinita y me gusta educar a la gente, hablarle, conectarla con el artista”.Por eso, cuenta que durante años su plan fue visitar todos los rincones de los Salones Nacionales, que en una época se le antojaron como el Salón de Venecia, guardadas las proporciones. “Yo me iba fijando sobre todo en las nuevas generaciones, y les preguntaba si les interesaba exponer en Cali”, recuerda.Carlos Quintero le abona que haya hecho esa apuesta por el arte joven, pero le critica que haya puesto sus ojos más en la escena nacional que en la local. “Si te fijas, sus grandes apuestas son por artistas de fuera de Cali. Sin embargo, me alegra saber que ahora que está invitada a Arco llevará a Mónica Restrepo, artista caleña. Eso es un gran punto”.A menos de tres días de iniciarse la Feria, Jenny se siente segura con su representación. Es un trabajo de casi 30 años, dice, con muy pocas interrupciones. Y ese es, no cabe duda, uno de los reconocimientos que siente hoy al aceptar esta invitación. “Cali fue mi primera apuesta, luego el arte joven, luego el arte para reflexionar. Algunas veces me ha ido bien, otras no tanto. Pero no importa. Estar en Arco es, sin duda, un logro mayor”.

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