Inmigrantes y crisis económica global, grandes retos del próximo presidente de EE.UU.

Noviembre 04, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Ricardo Zuluaga Gil, director del Departamento de Ciencia Jurídica y Política, Pontificia Universidad Javeriana Cali
Inmigrantes y crisis económica global, grandes retos del próximo presidente de EE.UU.

Cuestión migratoria; crisis económica global; y problemática de seguridad en el mundo árabe y musulmán, serán algunos de los retos más importantes del ganador de las elecciones en Estados Unidos.

La elección del nuevo Presidente de Estados Unidos se decidirá, como ha sido históricamente, entre dos candidatos. Esta vez, los retos para gobernar este país están en manos de Obama o Romney.

El próximo martes 6 de noviembre se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en los EE.UU. y en ellas se escogerá al 45 Presidente de la Unión Americana. En total seis candidatos buscarán obtener la mayoría del Colegio Electoral, sin embargo, para la comunidad en general se trata de una elección que, como ha sido históricamente, se decidirá entre dos candidatos. De un lado el actual Presidente Barak Obama, que representa a los demócratas; y del otro, Mitt Romney a nombre de los republicanos. Sin embargo, y en virtud del complejo y anticuado sistema electoral norteamericano el ganador de la contienda sólo será proclamado el primer lunes después del segundo miércoles de diciembre (es decir, el 17 de diciembre), cuando los electores del Colegio Electoral se reúnan en sus respectivas capitales de estado y emitan sus votos.Pero, ¿cuáles son los retos que deberá enfrentar el candidato que salga ganador el próximo martes? Pues bien, yo creo que son los siguientes: cuestión migratoria; crisis económica global; y problemática de seguridad en el mundo árabe y musulmán. Veamos.Desde los inicios mismos de la colonización de los EE.UU. este ha sido un territorio abierto a la inmigración de individuos procedentes de muy diversas regiones y practicantes de muy distintos credos e ideologías. Y así ha seguido siendo siempre. Sin embargo, desde los años 50 del pasado siglo los incesantes flujos migratorios de personas procedentes especialmente de América Latina han puesto en jaque la capacidad de absorción de ellos por parte de los sistemas educativos y de seguridad social que provee ese país. En esencia, en EE.UU. hoy viven unos 15 millones de indocumentados, de los cuales casi el 80% son de origen latino. La regularización de estas personas está en la agenda pública desde hace unos 20 años, pero son muchos los escollos que su solución enfrenta. En parte, ello explica que el Presidente Obama no haya podido, a pesar de haberlo prometido hace cuatro años, propiciar una solución satisfactoria a la cuestión.Por otra parte, desde hace unos cinco años la economía mundial viene en un evidente período de recesión y una posible recuperación depende en gran medida de los EE.UU. cuya economía todavía sigue siendo la más potente del mundo; de ahí que la estabilidad de la economía planetaria en el futuro inmediato dependerá del mantenimiento de ciertos niveles de sanidad y dinamismo de la economía norteamericana. Resulta pues crucial que el nuevo presidente sea capaz de evitar fenómenos episódicos como la burbuja inmobiliaria y la crisis bursátil de 2008. De la misma forma, tiene la obligación de mantener a raya el preocupante nivel de déficit fiscal que actualmente asciende al billón de dólares.En tercer lugar, es muy claro que desde los atentados a las torres gemelas de Nueva York en 2001, se viene viviendo un creciente deterioro de los niveles de seguridad mundial. Hay una evidente polarización entre las culturas occidental y la de aquellos pueblos que profesan el Islam. En el marco de ese enfrentamiento, las fallidas ocupaciones que con pretensiones democratizadoras que se llevaron a cabo en Irak y Afganistán por parte de tropas especialmente de los EE.UU. no hicieron sino exacerbar el ánimo antioccidental en el mundo musulmán. En este mismo orden de ideas, tratar de llevar a buen término la llamada primavera árabe, parece un reto fundamental, sobre todo por lo que tiene que ver con la transición a la democracia en Siria. Superar esa crisis es un paso fundamental en el proceso de construcción de una sociedad mundial con unos niveles mínimos de paz.

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