Hosni Mubarak: el faraón que no quiere soltar el poder que obtuvo por accidente

Febrero 06, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee, corresponsal de El País.
Hosni Mubarak: el faraón que no quiere soltar el poder que obtuvo por accidente

Mandato. Hosni Mubarack lleva 30 años en el poder y desde su llegada implantó un régimen con restricciones, entre ellas un estado de sitio que dura hasta ahora.

Hosni Mubarak llegó a ese cargo en 1981, tras el asesinato de Anwar-el-Sadat. Desde entonces gobernó al país con mano dura.

La presidencia de Hosni Mubarak está en muerte clínica. Ahora se empieza a escribir su historia. Pero en el país de Ramses II, Cleopatra y Gamal Abdel Nasser, el país de las obras faraónicas como las pirámides o la represa de Asuan, Hosni Mubarak no va a pasar a la eternidad por sus dotes de estadista, ni por sus grandes contribuciones a la milenaria civilización egipcia. Por eso no tendrá, como Keops, una pirámide para su entierro. Si los manuales de texto de los colegios árabes hablan sobre él en un futuro, dirán que hizo historia por el simple paso del tiempo, por su habilidad para aferrarse al poder durante 30 años, en una de las regiones más convulsionadas del mundo, y de la peor manera: mantener a la mitad de los 80 millones de egipcios en la pobreza, con uno de los estados de sitio más largos de la historia, 30 años, durante los cuales reprimió a su pueblo y censuró todo vestigio de libertad. Lo que sí va a pasar a la historia, es la revolución árabe, que al costo de un enorme sacrificio humano -se habla de más de 200 muertos- está poniendo fin a los gobiernos autocráticos de la región.Del legendario Nasser a MubarakLa historia de Egipto republicano empieza en 1952. Los países árabes, gobernados por reyes y jeques, habían sido derrotados cuatro años antes en la guerra que dio lugar al nacimiento del Estado de Israel en tierras palestinas. El descontento acumulado llevó al movimiento de los Oficiales Libres encabezados por Gamal Abdel Nasser a deponer al rey Faruq y proclamar la república egipcia. Nasser fue el fundador de un movimiento denominado panarabismo, que soñaba con hacer una sola nación árabe. La derrota en la Guerra de los Seis Días contra Israel en 1967, en la cual Egipto perdió la península del Sinaí, marcó el final histórico del nacionalismo egipcio. Al morir Nasser en 1970 de un ataque cardíaco, su sucesor, Anwar-el-Sadat, se convirtió en el primer dirigente árabe que firmó la paz con Israel. En 1981, Sadat fue asesinado mientras contemplaba un desfile militar. Hosni Mubarak se encontraba a dos asientos. La hora de MubarakMubarak nació en 1928 a orillas del Nilo, hijo de un ministro de justicia, y se graduó de la Academia Nacional Militar en 1949 para luego seguir la carrera de aviador. En pleno furor del nasserismo, y gracias a la cercanía política con la Unión Soviética, Mubarak se entrenó en la Urss para volar los jets MiG, escalando rápidamente la carrera militar. En 1972 llegó a comandante de la fuerza aérea y se destacó en la guerra de 1973 contra Israel. Y en 1975, Sadat lo nombró vicepresidente, cargo que Mubarak nunca creó por temor a incubar un sucesor. Como todos los gobernantes árabes, sienten fascinación por la cultura del imperio que los dominó. Será por eso que Mubarak se casó con Suzanne, hija de un doctor egipcio y una enfermera galesa, y sus hijos, Gamal y Alaa se educaron en Londres. Su pomposa mansión está ubicada en Knightsbridge, a pocas cuadras del famoso almacén Harrods.Cuando asesinaron a Sadat, Mubarak lo sucedió y de inmediato instauró el Estado de Sitio que dura hasta hoy, y que le permite censurar todas las publicaciones, publicidades, correo, teléfonos e Internet, exigir permiso para todas las manifestaciones de protesta, retener y encarcelar individuos sin juicio o acusar disidentes políticos en juicios secretos. Mubarak ha sufrido seis intentos de asesinato y ha cumplido seis períodos presidenciales, durante los cuales ha reprimido violentamente las protestas opositoras. El récord más desfavorable es el social: la mitad de los egipcios vive con menos de dos dólares al día, 30% está desempleado y el 7% de los niños no va al colegio por su pobreza. Mientras las protestas arden, se dice que el decrépito gobernante se ha refugiado en el lujoso centro vacacional del Sharm el Sheik. Los medios estiman su fortuna entre US$ 25 mil y 40 mil millones.Mubarak y los árabesA partir de Sadat y bajo Mubarak, el Egipto independiente de Nasser pasó a alinearse con EE.UU., al punto de convertirse en su principal soporte regional y en el mayor receptor de ayuda militar de Estados Unidos por fuera de Israel (2000 millones de dólares anuales).Mubarak nunca fue muy popular entre los árabes, y menos entre los palestinos. Por el contrario, en estos momentos en que su caída parece inminente, los líderes israelíes lo han colmado de elogios.“Siempre hemos tenido y tenemos gran respeto por el presidente Mubarak. No decimos que todo lo que haga sea correcto, pero hizo una cosa por la que le estamos agradecido: mantener la paz en Oriente Medio”, dijo Shimon Peres, el presidente israelí, en reconocimiento al hombre que ha sabido mantener bien cerrada la frontera sur de Gaza, que fue territorio egipcio hasta 1967, para evitar una puerta al mundo a los palestinos.Mubarak es el dirigente más importante del mundo árabe, al punto que de él depende la estabilidad de la región, ya sea la discusión de los acuerdos entre palestinos e israelitas, la división de Sudán, el paso por el Canal de Suez hacia el África o las negociaciones con los jeques árabes. Nada, en todo el mundo árabe, tendrá consecuencias tan estratégicas, como el final de Mubarak.La situación de hoy se parece a la de la revolución de 1952, cuando los egipcios echaron al rey Faruk. El reinado de Mubarak llega a su fin de la misma manera. Su familia, como la de Faruk, ya huyó para su acogedora casita de Londres.Las comparaciones históricas son a veces odiosas: cuando el legendario Nasser perdió la guerra de los Seis Días con Israel, renunció de inmediato a la presidencia, pero una multitud salió a las calles para exigir su continuidad. Al demoledor de la obra de Nasser, dos millones de egipcios han salido a las calles para exigirle que se vaya. Como escribió Hamdi Qandil, un periodista egipcio, “este régimen está clínicamente muerto y estamos esperando el funeral”.Egipto, el eje del mundo árabeEgipto, en las bisagras del mundo árabe, con su gran civilización de 30 siglos de faraones y pirámides, está hoy concentrando las miradas del orbe. La trascendencia de los sucesos que sacuden al país se podrá analizar con el paso del tiempo, pero estamos presenciando una de las grandes pinceladas de la historia del Siglo XXI.El dominó que se inició en Túnez y que se ha extendido como tormenta de arena llegando a Egipto, Jordania, Siria y Yemen, sólo se explica por la unidad de la nación árabe con sus 350 millones de personas, esa civilización que dominó el Mediterráneo hasta el Siglo XV, cuya herencia nos llega en forma de aljibe, sopa, molinos de viento o alfombras voladoras.Egipto es su centro, y todo lo que pase allí, ha marcado la política del Medio Oriente y la continuará marcando.Así lo reconoce un funcionario de la Embajada de EE.UU. en Egipto, en uno de los cables de Wikileaks: “Desde que nuestro programa de Asistencia Militar se inició hace 30 años, nuestra fuerte relación militar ha mantenido la paz entre Egipto e Israel y garantizó el acceso crítico para las operaciones militares de Estados Unidos. Mubarak y los dirigentes militares ven nuestro programa de ayuda militar como la base de nuestra relación y consideran los US$1.300 millones anuales como la “compensación intocable” por hacer y mantener la paz con Israel. “Los beneficios son claros: Egipto se mantiene en paz con Israel, y los militares estadounidenses tienen acceso prioritario al Canal y al espacio aéreo egipcio”, dijo.Desde entonces, el Gobierno egipcio cumple una tarea estratégica como negociador entre israelíes y palestinos, entre las dos fracciones palestinas -la Autoridad Palestina y Hamas en Gaza-, y le corresponde mantener cerrada la frontera sur de Gaza, territorio ocupado por Israel, que antes era jurisdicción egipcia.El peligro fundamentalistaHasta ahora, gracias a su tradición secular y su alineamiento con EE.UU., Egipto cumplió el papel de contener la influencia iraní, pero como todo lo que sucede en el país del Nilo se propaga por el mundo árabe, el principal temor occidental es la posibilidad de un triunfo de la Hermandad Musulmana, el partido más antiguo y la madre de los fundamentalistas, como Hamas y Al Qaeda.Aunque la Hermandad Musulmana es un partido conservador, el único permitido durante el régimen de Mubarak, su llegada al Gobierno es vista con terror. Leslie Gelb, presidente del Consejo de Relaciones Internacionales, cree que esto sería “una calamidad para EE.UU.”. El nuevo mapa del mundo árabeLa revolución en Egipto tendrá consecuencias telúricas en todo el mundo árabe. Ya se están produciendo cambios: en Líbano se posesionó el primer gobierno que responde a Hezbollah, la organización islamista que con su brazo militar derrotó a Israel en su incursión deL 2007.En Yemen el presidente Alí Abdalá Saleh anunció que no continuará por un nuevo perÍodo. En Jordania, el rey Abdalá II despidió a todo su gobierno, y en Túnez, un nuevo gobierno reemplaza al dictador Ben Ali, mientras se termina de definir la sucesión de Mubarak.Ari Shavit, comentarista judío del periódico Ha’aretz de Tel Aviv, opina que hay en curso una revolución árabe de liberación. “Después de medio siglo durante el cual tiranos han regido el mundo árabe, su control se debilita. Modernización, globalización, telecomunicaciones e islamización han creado una masa crítica que no puede ser detenida. Las escenas son similares a las de la Intifada de 1987, pero el colapso recuerda al colapso soviético de 1989”. Según Shavit, “así como en los años 50 cayeron las monarquías que dependían de las potencias coloniales, la revolución deL 2011 está tirando abajo los tiranos árabes que dependen de Estados Unidos”.La declinación de Estados UnidosLos sucesos de Egipto están poniendo en claro la declinación del poder de Estados Unidos y la capacidad para defender a sus aliados. Esta constatación tendrá graves consecuencias, pues otros gobiernos que hasta ahora han sido leales a la Casa Blanca, en lo sucesivo ya no se sentirán tan protegidos.Las consecuencias de lo que Shavit llama “la traición occidental a Mubarak”, serán importantes: “No sólo es la traición a un líder que fue leal a Occidente, es la traición a todos los aliados de Occidente en el Medio Oriente y el mundo desarrollado”.Y concluye: “La revolución árabe va a cambiar al Medio Oriente, pero la declinación occidental cambiará al mundo. Cuando Estados Unidos y Europa entierren a Hosni Mubarak, también van a enterrar las potencias que ellos mismos fueron. En la plaza Tahrir de El Cairo, la era de la hegemonía occidental está terminando”.Dato claveObama instó a su colega egipcio, Hosni Mubarak, a tomar "”a decisión correcta"”y comenzar de inmediato una transición “verdadera”, en la que se resuelvan las quejas de la sociedad civil.

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