Hillary Clinton prendió la campaña presidencial en Estados Unidos

Hillary Clinton prendió la campaña presidencial en Estados Unidos

Abril 19, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Edwin Giraldo Ruiz | Corresponsal en Washington.

Aunque faltan 19 meses para las elecciones, los principales candidatos destapan sus cartas. La exprimera dama es favorita en su partido. En los republicanos, el panorama es más complicado. Análisis.

El pasado lunes, en un suburbio de Ohio llamado Maumee, una mujer de lentes oscuros, chaqueta marrón y cabellos dorados entró a una sucursal de la cadena de  comida rápida Chipotle. En el mar de clientes diarios, los empleados le sirvieron su  burrito, cobraron y continuaron trabajando.

Al día siguiente, el manager del local, de  29 años de edad y llamado Charles Wright,  recibió la llamada de un afanado reportero que lo dejó estupefacto con la siguiente pregunta: ¿Sabía usted que ayer atendieron a Hillary Clinton? 

El joven Wright revisó las grabaciones de las cámaras de seguridad y encontró que, en efecto, Clinton estuvo ahí. La imagen apareció en las páginas del New York Times, con una entrevista en la cual Wright fue sincero. Dijo que es republicano, que no votará por ella, pero que “realmente duele” haber perdido la oportunidad de conocerla.

Estas experiencias atípicas solo ocurren con Hillary Clinton cuando está en campaña. La exsecretaria de Estado anunció su candidatura y comenzó visitando estados claves para noviembre del 2016: Iowa, Ohio y, este lunes, New Hampshire. 

Y aunque se sabía con antelación –es decir, años- que aspiraría de nuevo a la Casa Blanca, su poderío mediático encendió el debate electoral en Estados Unidos. 

En ese campo, Clinton está sobrada.  El 99 % reconoce su nombre y el 53 % le concede una opinión favorable.

No obstante, según un editorial del USA Today, el periódico impreso de mayor circulación en el país, esos niveles de reconocimiento son un arma de doble fijo. Si bien Clinton tiene más experiencia para llegar a la Casa Blanca que sus rivales –y potenciales también-, sobre todo en conocimiento del Ejecutivo, Legislativo y política internacional, también significa una trayectoria más sujeta al minucioso escrutinio de los votantes y, por supuesto, de sus contendores. 

Por eso se espera que enfrente múltiples críticas, como el papel de su esposo Bill Clinton en la campaña, los errores del Departamento de Estado en los ataques a la Embajada en Libia en 2010, el uso de un correo electrónico personal para labores como secretaria de Estado y sus diferencias con el presidente Barack Obama, entre otras.

Nada de esto es nuevo. Pero el debate se activó con el anuncio de Clinton en redes sociales: “EE. UU. necesita un campeón. Yo quiero ser ese campeón”.

 En Estados Unidos el sistema electoral obedece a una especie de democracia indirecta, en el cual cada estado aporta un número de votos que llegan al denominado colegio electoral. El nuevo Presidente es quien obtiene ahí 270 votos. Y por eso cada estado es tratado por los candidatos como un país distinto.

Este concepto, aunque simple, ayuda a explicar por qué Clinton perdió en el 2008 la nominación presidencial del Partido Demócrata con Barack Obama.

Según le cuenta a El País Federico De Jesús, quien fue portavoz de Obama durante esa campaña, “el 2008 fue único. El entonces senador trajo un mensaje de cambio cuando la mayoría de personas estaban en desacuerdo con la guerra en Iraq, por ejemplo. La campaña en lo táctico fue muy hábil”.  

Obama logró penetrar el electorado con un mensaje de cambio potenciado a través de plataformas digitales que le permitieron proyectarse como el candidato de hoy, y no de ayer, como la tradicional Clinton.

Esto, según De Jesús, explica los cambios hasta ahora mostrados por la nueva Hillary Clinton. “Ha rejuvenecido su equipo, ha hecho alianzas con el sector privado, está mostrando una imagen más fresca” y, agrega, si quiere ganar esta vez, debe corregir otro de los grandes errores en su primer intento por llegar a la Casa Blanca: “Dar por sentado que tiene los votos”.

Por eso, fuera de humanizarse, Clinton necesita comenzar a responder preguntas concretas sobre su plataforma de campaña. El Washington Post reclama respuestas sobre la forma en que  Hillary  se distanciará de Obama para ofrecerse como una candidata única, cuál será el rol de su marido y, sobre todo, sus propuestas para los temas más sensibles: economía, educación, salud, migración, política exterior.

“Hillary Clinton tiene que hablar de una manera clara, sin equivocación. Por ejemplo, que ella va a proteger los decretos presidenciales de Obama para los inmigrantes. Y, más allá, tiene que parar deportaciones y proveer caminos hacia la ciudadanía”, dice a este diario el congresista demócrata Luis Gutiérrez, frente a la estrategia para el electorado hispano.

La otra gran pregunta entre los demócratas es quién competirá con Hillary. Las encuestas incluyen al vicepresidente Joe Biden, quien podría desistir debido a sus 72 años de edad, y la senadora de Massachusetts, Elizabeth Warren, famosa por emprender una revolución de izquierda en el  interior del partido, con un mensaje fuerte en contra de las grandes corporaciones responsables de la última crisis económica mundial.

No obstante, la dinastía Clinton es hoy dueña del debate. Para la revista New Yorker, siempre hay que cuestionarse cuánto poder tendrá el expresidente Bill Clinton  en la campaña, y recordar el chiste político más famoso de EE. UU. en 1993, la primera vez que un Clinton se lanzó a la Presidencia.

Están conduciendo cerca de su pueblo natal. Hacen una parada en una estación de gasolina y allí Hillary reconoce a un exnovio del colegio que terminó trabajando como cajero.  Cuando salen de la estación, Bill le dice a Hillary:  “Si te hubieras casado con él, estarías trabajando en esa estación de gasolina”.  Hillary le responde: “Si me hubiera casado con él, él sería presidente”.

 Republicanos, panorama complejo

En el bando conservador el panorama  es aún más complejo. Según De Jesús, la gran cantidad de candidatos hará que se tengan que inclinar hacia posiciones de derecha en las elecciones primarias (consulta del partido por voto popular), con el objetivo de cortejar sus bases. “Esto podría hacer que, al final, el ganador salga demasiado desgastado para la elección general”.

El ramillete republicano sigue creciendo. A la candidatura de Rubio se suma la de los senadores Ted Cruz (Texas) y Rand Paul (Kentucky), mientras es inminente el lanzamiento del exgobernador Bush. Se especula sobre el gobernador de Wisconsin, Scott Walker, y el excandidato Mike Huckabee.

Ninguno de ellos se acerca siquiera al  nivel de reconocimiento que tiene Clinton. Por ello tendrán que gastar tiempo y dinero para dar a conocer su nombre por fuera de Washington y sus respectivos estados. 

En un sondeo publicado por la cadena CNN y la consultora ORC Internacional, el 39 % de los encuestados dice no haber escuchado nunca sobre el senador Marco Rubio, el tercer miembro de esa colectividad en anunciar su candidatura. 

Y mientras los analistas en la capital Washington se inclinan cada vez más por el ex gobernador de La Florida, Jeb Bush, como el candidato que sería más fuerte, este personaje lleva ocho años sin ocupar un cargo público. El 14 % dice que no lo conoce y el 47 % le entrega una calificación desfavorable.

El panorama, pues, no luce fácil.

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