Hermanos Musulmanes, a un paso de asumir el poder en Egipto

Junio 10, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Sal Emergui | Corresponsal de El País, Oriente Medio
Hermanos Musulmanes, a un paso de asumir el poder en Egipto

Los Hermanos Musulmanes, tras 84 años de existencia, han logrado el apoyo de la gran mayoría de los egipcios, que el 16 y 17 de este mes, en segunda vuelta, escogerán su presidente libremente.

El hecho se daría de ganar la segunda vuelta presidencial. Trabajo social, la clave del éxito.

Tras ocho décadas en el desierto político, violencia, persecuciones, resistencia, ilegalizaciones, manifestaciones y muchos imitadores en la región, los Hermanos Musulmanes hacen historia en Egipto. 84 años después, sienten que el poder les sonríe y pertenece. Fundado en 1928 por Hassan El Banna, el considerado paraguas del islamismo político está a punto de completar su conquista. Con clara mayoría en el Parlamento de El Cairo, espera que su candidato, Mohamed Mursi, se convierta en el presidente de los 80 millones de ciudadanos, inmersos en una profunda crisis económica y de inseguridad.Como todo cambio histórico, la simbología es igualmente importante. Por eso, para sellar la revolución de Tahrir (que no iniciaron, pero si aprovecharon inteligentemente su impulso ante la frustración de los más liberales) nada mejor que vencer al candidato de la Vieja Guardia. La figura que representa el poder militar que durante décadas persiguió y reprimió a los militantes de los Hermanos Musulmanes. Ahmed Shafik, el último primer ministro en la era de Hosni Mubarak, es también el último obstáculo en la carrera del partido del movimiento, ‘La Libertad y la Justicia’.Los frutosLos Hermanos Musulmanes están cosechando las semillas de muchos años en el campo social, económico y religioso. Y, si, también fueron violentos básicamente hasta su renuncia en los años 70. No se conocen números exactos en un país que hasta hace poco más de un año vivía un apagón de libre información. Su enorme red de asociaciones de caridad les concedió un apoyo popular y sobre todo un factor que hoy brilla por su ausencia en la nación de las pirámides: organización.Mientras la junta militar- liderada sucesivamente por los generales Gamal Abdel Nasser, Anuar Sadat y Mubarak- regía con mano de hierro Egipto desde el golpe de Estado de 1952, la Cofradía dirigía un Estado dentro de un Estado. Escuelas, albergues, clínicas y mezquitas conformaron la red que les devolvió apoyo y hoy, papeletas en las urnas. Asimismo su influencia en los sindicatos es notoria. En su mini Estado mandaba la Sharia o Ley Islámica.La mezquita, por ejemplo, se convirtió a largo plazo en un centro de reclutamiento político y social del movimiento que se movía entre la clandestinidad obligada y la movilización de las capas más bajas. Su labor social como base política fue imitada por muchos grupos como, por ejemplo, el islamista Hamas en Gaza. Como en el año de su fundación, los Hermanos Musulmanes aspiran a exportar su modelo en el espacio árabe y musulmán. Militantes y dinero no faltan. Millonarios locales y donantes extranjeros con amplia billetera surten de recursos al grupo sunita religioso. El magnate Jairat el Shater, descartado por la Junta Electoral hace dos meses, representa la mezcla de islamismo político y riqueza personal.La gran pregunta es si el movimiento apostará por un régimen islamista al estilo de Turquía (pero mucho menos laico) o uno basado estrictamente en la Sharia como Irán.Dos caras de la monedaEl movimiento vende con maestría una bandera con dos lados muy diferentes. Por uno, el moderado que enseñan cada vez que ven un periodista o diplomático extranjeros. Por otro, el más integrista que se traslada a los orígenes de Banna y ondea para consumo interno bajo el lema, “el Islam es la solución”.Precisamente el miedo de los sectores liberales, de las mujeres, ONG de derechos humanos y la minoría cristiana a esta segunda dirección es la que explota el candidato ‘laico’ contra los que llaman “extremistas mentirosos”.“Yo represento al Estado civil mientras los Hermanos Musulmanes son el Estado sectario. Yo represento el progreso y los Hermanos Musulmanes el retraso. Yo represento la estabilidad y ellos el caos”, dijo el jueves el candidato Ahmad Shafiq, cultivando el voto del miedo.Mursi rechaza las acusaciones y promete mantener los derechos de las mujeres como la libertad de trabajar o elegir como se visten. Pero al mismo tiempo no esconde su intención de “devolver Egipto al Islam” realizando guiños a favor de adaptar en mayor o menor grado la legislación islámica.Con el control de la Presidencia y el Parlamento (ayudados por el influyente sector salafista), Egipto estará en sus manos aunque no las tendrá libres. La crisis económica y la reacción de la comunidad internacional son los posibles frenos para que los Hermanos Musulmanes no aceleren hacia esa meta.El partido, mucho más moderado que su candidato Mursi, rechaza las acusaciones y calma a los indecisos afirmando “su compromiso con un Estado democrático que tiene en el Islam su base”. Pero sus mensajes se llenan de una ambigüedad preocupante.Samer Soliman, profesor de la Universidad Americana de El Cairo, opina que “los Hermanos Musulmanes no desean otra revolución ni tampoco se rendirán a las exigencias de los salafistas. Mientras en el mundo se preguntan si establecerán la Sharia, en Egipto esperan sus respuestas a los graves problemas diarios”. Según este profesor, “este movimiento es consciente de su responsabilidad histórica”.Ser un referente del islamismo político en la región, le da efectivamente responsabilidad aunque muchos de sus dirigentes desean y pronostican que la Sharia tarde o temprano será la suprema fuente de la Justicia del nuevo Egipto.El movimiento, que inspira a todo tipo de corrientes y grupos de corte islamista, contempla como su toma del poder es más tardía.En Túnez- la cuna de la Primavera Árabe- el partido islamista En Nahda llegó al Gobierno enviando un mensaje tranquilizador al garantizar que la Sharia no será impuesta en el espacio privado. Pero Egipto, cada vez más religioso, es estructuralmente diferente a Túnez, conocido por su modernidad.Donde un movimiento islamista gobierna con mano de hierro y cada más fiel a la Sharia es en la Franja de Gaza. Hamas siempre vio a los Hermanos Musulmanes como su espejo. El jeque Ahmed Yassin fundó en los 80 el movimiento de resistencia islámica palestina como sucursal social, política y religiosa del hermano mayor egipcio. El conflicto con Israel le llevó al camino de la lucha armada y graves atentados contra soldados y civiles. Hamas, que ha asentado su régimen en Gaza, es uno de los más beneficiados de la caída de Mubarak y la fulgurante ascensión de los islamistas-salafistas.Con sus diferentes matices, intereses, caras y situaciones legales, los Hermanos Musulmanes están presentes en muchos países, ya sea en la aún tranquila Jordania o la ensangrentada Siria, donde es parte importante de la oposición al dictador Bashar Asad. El movimiento islamista sirio nunca olvidará que hace 30 años fue objeto de una matanza de más de 10.000 personas en Hama ordenada por el padre, Hafez Asad.Tras el grave atentado a finales del 2011 en Damasco, que segó la vida de decenas de personas, el régimen de Asad acusó directamente a la filial siria de los Hermanos Musulmanes. Mulhem al Derubi, líder de este grupo respondió que “es un intento más de perjudicar nuestra imagen para que el mundo crea que somos todos violentos y fanáticos”.He aquí una de las claves de esta Primavera Árabe. Los viejos jerarcas como Mubarak, Gadaffi o Asad usaron a los Hermanos Musulmanes en sus distintas versiones como escudo ante la presión internacional. El mensaje se podía resumir de forma coloquial de la siguiente forma: “Quizá aquí no haya democracia pero la alternativa es caos y una dictadura islamista y hostil a los países occidentales”.Una imagen que el aparato del movimiento egipcio intenta desmentir enviando a sus portavoces a las cadenas internacionales para enfatizar su apoyo a la democracia. Ni una palabra a las aspiraciones de convertir el Estado en Islam y viceversa. “No se crean a los que quieren volver a la dictadura militar. Los islamistas apoyamos la democracia”, dijo uno de los diputados del grupo fundado por un maestro que veía en el Islam la fórmula para liberarse de las cadenas colonialistas y el manual estricto para regir un Estado.El próximo 16 y 17 de junio, Oriente Próximo contendrá su aliento para ver si la Cofradía asume el poder. Si es así, el mundo analizará con lupa sus primeras respuestas a la pregunta, “¿Hacia dónde vas Egipto?”.

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