Habla el sacerdote que desenmascaró el caso de los 43 estudiantes mexicanos

Habla el sacerdote que desenmascaró el caso de los 43 estudiantes mexicanos

Septiembre 27, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Meryt Montiel Lugo, editora Equipo de Domingo
Habla el sacerdote que desenmascaró el caso de los 43 estudiantes mexicanos

Alejandro Solalinde, sacerdote que creó el albergue Hermanos del Camino, en Ciudad Ixtepec, en Oaxaca.

El sacerdote Alejandro Solalinde denuncia atropellos del Instituto Nacional de Migración de su país contra personas que quieren emigrar a EE.UU. Dice que Gobierno mexicano no debe seguir encubriendo a los delincuentes implicados en la desaparición de los 43 estudiantes mexicanos.

Es un defensor a ultranza de los derechos humanos de los migrantes centroamericanos y sudamericanos que llegan a  su país natal, México.

En 2007 creó el albergue Hermanos del Camino, en Ciudad Ixtepec, en Oaxaca, al sur del país manito, en una zona cercana a los ferrocarriles, en donde arriban centenares de inmigrantes que van tras el llamado sueño americano.

Allí, en una edificación que está al 90 % de su construcción, les brinda alimentos, dormida y asistencia integral: desde médicos y psicológos hasta asesoría jurídica.

Por la defensa de los migrantes y la lucha contra la industria de explotación, violación y secuestros masivos de los desplazados; porque se ha convertido en la voz que clama justicia ante los hechos de corrupción de su país y porque les canta la tabla al Gobierno, a la Iglesia y otras instituciones mexicanas,  el sacerdote católico Alejandro Solalinde, de 70 años,  es una figura notoria en toda Centro América. Hoy lo llaman ‘El Romero mexicano’, porque su lucha recuerda al obispo Óscar Arnulfo Romero, asesinado por la dictadura en El Salvador.

El religioso, quien  desenmascaró la información falsa sobre el caso de los 43 jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa y obligó a reabrir la investigación,  estará en Colombia como uno de los invitados al Festival del Premio de Periodismo Gabriel García Márquez que se celebrará en Medellín desde este 29 de septiembre. 

El también licenciado en historia, sicólogo y magíster en Terapia Familiar Sistemática, habló desde México con El País:

¿A un año del caso de los 43 estudiantes desaparecidos en Iguala, cómo van las investigaciones?

Ellos fueron incinerados, pero no en la sede del Cocula. El Gobierno debe ser claro y decir si se utilizaron hornos crematorios del Ejército, cuáles fueron las circunstancia reales y qué pasó con ellos. Las familias necesitan saber la verdad y la información está muy sesgada, la están dando a cuentagotas. Por ejemplo, revelaron la identidad de otro estudiante y lo están vinculando al crimen organizado. De ser cierto, eso no justifica sus muertes ni lo que han hecho. Varias comisiones de DDHH y expertos hacen su investigación y apuntan a algo en común: en primer lugar, fueron desaparecidos forzados, algo ya común en México, y no fueron casos aislados. Todo es muy turbio, pero el Gobierno tiene que decir dónde están en realidad. Hemos entrado en un callejón sin salida y el Gobierno deberá enfrentar los costos políticos y no podrá seguir encubriendo a quienes tuvieron la responsabilidad, que seguramente están vinculados con el narcotráfico.

¿Ya cesaron las amenazas de muerte por la labor que viene desarrollando en favor de los migrantes y en contra de la corrupción?

No han cesado, siempre están de alguna manera, pero yo he aprendido a no hacerle caso a dos cosas en mi vida: a la fama y a las amenazas. 

¿Cuál considera ha sido la amenaza más grave que le han hecho?

Fui golpeado, metido a la cárcel; intentaron lincharme varias veces, quemar el albergue, quemarme a mí. Pero en 2012 hubo un momento en que se juntaron seis amenazas de muerte, una de ellas de un narcotraficante que le puso precio a mi cabeza por cinco millones de pesos.

Y, ¿cómo se salvó?

Siempre he encontrado gente solidaria que me avisa y esa vez vino un ingeniero que me pidió que me cuidara, que ya tenían al sicario que me iba a matar y el precio que le habían puesto a mi cabeza. También recibí información de  reos de un reclusorio que coincidía con la de este ingeniero y, gracias a eso, pudimos ir investigando  y mejorar mi seguridad. Pero se dieron cuenta de que yo no iba a tener miedo. Muchas veces me han matado por internet y me han cortado la lengua y no sé cuántas cosas más. Yo contesto inmediatamente, ‘estoy bien y voy a seguir haciendo lo mismo, no me voy a callar, voy a seguir hablando’. Y vendrá otra amenaza, pero ya me acostumbré a eso.

Usted dice que Ulises Ruiz Ortiz, un  gobernador de Oaxaca, es   el que más lo ha golpeado. ¿Qué le hizo y hoy cómo están sus relaciones?

Nunca he platicado con él, tal vez ahora que estoy en la Comisión de la Verdad de Oaxaca lo llamemos a comparecer, pero por los hechos suscitados en 2006 y 2007. Nunca lo he visto, pero sí supe que por cortesía de él me habían mandado a golpear, a meter a la cárcel e intentar quemar el albergue. Él pensaba hacer un gran negocio con los migrantes, sobre todo con secuestros masivos y extorsiones y muchas cosas más. Como no pudo hacerlo,  intentó de todo conmigo a través de otras personas. Pero nada le valió. Finalmente no me fui como ellos querían. 

En qué consiste esa industria de los secuestros contra los migrantes...

Primero empezaron extorsionándolos. Imagínese la cantidad en volúmenes, lo que significa eso,  quitarles sus cosas, el dinero que traen para el camino.  Después empecé a descubrir los secuestros. Y desde el 2007 empecé a ver los primeros rastros de tráfico de órganos, por más que lo niegue el Gobierno. El Estado mexicano niega todo, todo, todo, aunque se lo estén demostrando. También  la prostitución, la trata. Tantas personas que vimos desaparecer que nunca supimos ya de ellas y que entraron en ese cómputo terrible de más de 10.000 migrantes desaparecidos. 

Los secuestros masivos llevan varios años entonces. 

Ellos siempre hicieron secuestros masivos. La ganancia de ellos es hacerlos así, en volumen.  En Ciudad de Ixtepec empezaron a ensayar. El primer secuestro ocurrió el 12 de diciembre de 2006; de allí al 10 de enero de 2007 se dio el sexto secuestro que fue cuando nosotros lo denunciamos. A partir de entonces se desconcertaron. Porque algo  he aprendido: cuando una persona está muy acobardada, de repente pierde el miedo y empieza a avanzar. Los que se desconciertan son los delincuentes, o los funcionarios que están en el crimen organizado y no saben qué hacer con uno porque la materia prima de trabajar de ellos es el miedo. Pero además,  cuando uno no solamente no tiene miedo sino que  avanza en la incidencia política para crear leyes, hacer denuncias, ellos acaban teniéndole miedo a uno. 

¿Cuánto les cobran a las familias por cada migrante?

Empezaron a cobrar una cuota de más o menos US$500; luego le fueron subiendo a US$1500; después eran como US$2000. Ahorita lo menos que pueden pedir son US$3000, pero hay a quienes les han pedido hasta US$11.000 por una persona. Sobre todo les cobran más a los que vienen de Sudamérica. A los sudamericanos les cobran mucho más que a un centroamericano.  Y a quienes les están sacando más dinero,  y obviamente la gente de inmigración mexicana, son a los cubanos.  Además, el Instituto Nacional de Migración hace secuestro virtual.

¿Cómo es eso?

Privan de su libertad a los migrantes y, como no tienen papeles, dicen ellos, “los aseguramos”. Los incomunican y en esos días en que los migrantes no hablan a nadie, los agentes de migración hablan con las familias fingiendo voces o a veces ni siquiera fingiéndolas, les informan que están secuestrados.  Y que para que no los maten o no les manden los restos de su familiar  tienen que mandar tanto dinero. Todo eso lo tenemos documentado y  hemos puesto  quejas ante la Comisión Internacional de Derechos Humanos, pero también tenemos varias denuncias de cubanos que fueron muy valientes y que han denunciado todo. Esto ha sido en los últimos seis meses, se han ensañado con la población cubana. 

¡Gente del mismo Gobierno!…

Por supuesto, del Instituto Nacional de Migración.   Ya no se alían a los delincuentes, como hacían hace unos cinco o seis años. Antes,  los agentes de migración detenían a los migrantes y en sus propias unidades de migración los llevaban con los Zetas a las casas de seguridad donde cobraban por su secuestro. Pero ahora ellos mismos ya lo hacen desde sus mismas sedes migratorias y tenemos denuncias en Chiapas, en Veracruz,  en la Ciudad de México. 

¿Y tienen casos recientes de migrantes explotados, violentados?

Hemos tenido un caso de un grupo de cubanos que están declarando en Ciudad de México en estos momentos. Son dos parejas. A la señora de esas parejas, aprovechándose de que la tenían encerrada en una cárcel de migración,  la violaban frecuentemente a tal grado que la embarazaron y ella no sabía nada. Su esposo estaba en otra celda. Y él lo ignoraba todo eso. La señora  estaba en pánico y no le quería decir para no comprometerlo. Pero esas mismas personas la aventaron (del edificio), le ocasionaron fracturas en el pie y lesiones porque la golpeaban también. Fue llevada al hospital y el médico le dice al esposo de la mujer, con mucha pena le digo que se perdió su bebé. Y él dice, ¿cómo?, ¿cuál bebé? Y la señora le tuvo que decir a su esposo que la violaban. Todo esto lo denunció la mujer ante la Procuraduría  General de la República Mexicana que no ha sido tampoco tan leal, honesta. No tenemos desgraciadamente en México instituciones de fiar que no tengan una línea política. Seguramente han estado retrasando órdenes de aprehensión que debían haberse girado ya desde principio del año y esta última no sabemos cuándo lo vaya a hacer. Pero estas cosas suceden frecuentemente aquí, en México.

Hermanos del Camino

”El albergue ha tenido en su máxima recepción a 1.200 migrantes, llegados al mismo tiempo, pero esa vez se quedaron 800 afuera en la estación del tren. Nunca volvimos a tener esa cantidad. El albergue se abrió oficialmente el 26 de febrero de 2007 y a octubre de 2008 pudimos  registrar 66.000  migrantes. Después fue regular la llegada, bajaron un poco, subieron. Actualmente  tenemos un promedio de 250 migrantes al día. Yo nunca he sido un sacerdote que pida y no tenemos un donativo fijo. Nos regalan frutas, verduras de los mercados, vivimos al día, pero nadie pasa hambre”. 

”Mis expresiones a veces quieren ser muy pedagógicas, quieren desenmascarar la hipocresía, la incongruencia del Gobierno, de la sociedad y de las instituciones. Cuando estaba el apogeo de los secuestros, dije que pedía perdón a Los Zetas: no por los crímenes que cometían o porque eran el cartel más sanguinario que  existía en México, sino que  pedía perdón porque antes que criminales y victimarios eran víctimas de una sociedad que los había olvidado. De una  familia que les falló porque no les dio principios ni buenos ejemplos. También les falló la escuela porque solo los instruyó y no los formó; les falló la Iglesia Católica porque todos ellos son católicos; les falló también el Gobierno; les falló en general el mundo”.

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