Francisco, el Papa que llegó a revolcar una iglesia azotada por escándalos

Francisco, el Papa que llegó a revolcar una iglesia azotada por escándalos

Marzo 13, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee | Corresponsal de El País en Argentina
Francisco, el Papa que llegó a revolcar una iglesia azotada por escándalos

El 13 de marzo de 2013, minutos después de su elección, el papa Francisco saludó a la multitud desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Bendijo a los miles de feligreses que durante horas esperaron allí el nombre del nuevo pontífice.

Francisco cumple este jueves el primer año de pontificado. El Obispo de Roma trabaja por llevar la Iglesia a la gente.

Desde aquel sorprendente saludo en el balcón del Vaticano, el 13 de marzo de 2013, tras su elección, el primer Papa del continente americano, que tiene casi la mitad de los 1200 millones de católicos del mundo, ha revolucionado la Iglesia Católica. Una Iglesia plagada de escándalos por abusos sexuales y corrupción, aislada de los problemas de las familias modernas y de la juventud, con una caída de la feligresía frente a las nuevas iglesias evangélicas, parece haber encontrado un guía para sacarla de estas aguas tormentosas.Jorge Bergoglio empezó su revolución en ese balcón, al presentarse como obispo de Roma y no como “el representante de Cristo en la tierra”, al usar el nombre de Francisco y al pedir la bendición del pueblo antes de dar la suya. Sus primeras tareas fueron limpiar la casa e imponer nuevas reglas, para tratar de que la Iglesia abandone los negocios y se convierta en una “Iglesia pobre para los pobres”, en una Iglesia misionera y evangelizadora, más descentralizada, menos europea, más concentrada en los mensajes que en los ritos y las ceremonias. Para ello, ordenó cardenales de todas partes del mundo, nombró nuevas autoridades con un perfil pastoral, removió a los hombres más comprometidos con los escándalos revelados en Wikileaks, creó un consejo de ocho cardenales de todos los continentes para reformar la curia, a la que critica por ser “Vaticano-céntrica”, y estableció comisiones para analizar las finanzas y los asuntos del IOR, el banco vaticano, prometiendo dar más poder a los obispos. Una Iglesia pastoralBendicto XVI era un teólogo, pero Francisco, como su nombre lo indica, es, ante todo, un evangelizador cuya misión ha sido la de provocar un remezón en la Iglesia, llamándola a salir de las parroquias y los conventos para buscar su rebaño. En su primera exhortación apostólica, ‘Evangelii Gaudium’ (La alegría del Evangelio), publicada en noviembre de 2013, Francisco dio una visión de su concepción de la Iglesia y de los cambios que quiere provocar.En ella señala que la actividad misionera representa “el mayor desafío para la Iglesia”, y que hay que llevar adelante esa misión con alegría, no como aquellos “cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua”, que siempre tienen “cara de funeral”. Con su estilo fresco y sus términos argentinos, Francisco quiere que los evangelizadores tengan “olor a oveja”: los llama a “primerear, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar tomar la iniciativa sin miedo, salir al encuentro”. Para Francisco, la Iglesia se mete “en la vida cotidiana de los demás, achica distancias, se baja hasta la humillación si es necesario, y asume la vida humana”. Para esto, el papa latinoamericano quiere modificar las formas: “que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”. Para ello, hay que “decir las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad”, y sacarse de encima “costumbres propias no directamente ligadas al núcleo del Evangelio, algunas muy arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera”.La de Francisco es una Iglesia “en salida”, de puertas abiertas: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos”. Como dice el especialista argentino en temas religiosos José Ignacio López, “estampar el nombre de Francisco bastó como tarjeta de presentación. Colocarlo en la cátedra de Pedro era anunciar un programa de conversión y reparación.”Nuevas realidadesEl Papa argentino ha decidido enfrentar algunos de los temas represados durante décadas, aunque ha mantenido las posiciones más tradicionales de la Iglesia en algunos temas claves como el aborto y la negativa a que las mujeres puedan ordenarse como sacerdotes. Pero en otros ha mostrado una actitud más abierta, como frente al tema de la comunión para los divorciados que se vuelven a casar, sosteniendo que la Eucaristía “no es un premio para los perfectos”, y que la Iglesia no puede comportarse como los “controladores de la gracia y no como facilitadores”, porque “no es una aduana”.En su viaje a Río de Janeiro, la verdadera inauguración de su papado, Francisco llamó a los jóvenes a ser rebeldes y habló de los homosexuales diciendo que él no es quién para juzgarlos.Iglesia contra la pobreza y la exclusiónLo fundamental de la prédica de Francisco es el giro que ha dado hacia la activa participación de la Iglesia en la lucha contra los grandes males de nuestro tiempo: la pobreza y la desigualdad. “No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad”, escribe en su Exhortación, criticando a quienes defienden “las teorías del “derrame”, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo”, y condenando la “globalización de la indiferencia”, la “adoración del antiguo becerro de oro” en su versión nueva de fetichismo del dinero.Para responder a esa realidad, Francisco sacude esa Iglesia que se oculta en su “seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar”, donde “se alimenta la vanagloria de quienes se conforman con tener algún poder y prefieren ser generales de ejércitos derrotados antes que simples soldados de un escuadrón que sigue luchando”.Francisco quiere una Iglesia abierta con las demás religiones, en especial con el islam, porque “el verdadero islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia”. Pero fundamentalmente, quiere una Iglesia no europeo céntrica: “No podemos pretender que los pueblos de todos los continentes, al expresar la fe cristiana, imiten los modos que encontraron los pueblos europeos en un determinado momento de la historia”.participación activa en la vida socialComo dice el sociólogo argentino Juan Cruz Esquivel, “Francisco apuesta a redefinir y reposicionar el lugar del catolicismo en el espacio público contemporáneo, despojado de la intransigencia anti moderna y de las cruzadas anti derechos”.Los pastores “tienen derecho a emitir opiniones sobre todo aquello que afecte a la vida de las personas”, porque la religión “no debe recluirse en el ámbito privado ni está sólo para preparar las almas para el cielo”, escribió el Papa. “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional”, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos, porque “mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo”. “Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado”, concluye.Habrá que ver hasta dónde las metas enunciadas en este año se hacen realidad, para modernizar la Iglesia a tono con los tiempos y con las necesidades de los desprotegidos a los que busca llegar el papa Francisco.Frente anti FranciscoLos ‘sacerdotes desobedientes’ austríacos, pioneros en las corrientes reformistas en la Iglesia, valoraron positivamente el primer año de pontificado de Francisco, pero indicaron que los cambios pueden fracasar por la oposición de obispos y por lo que llaman un “frente anti-Francisco” en Roma.Helmut Schüller, fundador y portavoz de este grupo, aseguró que hay un “muy bien organizado frente anti-Francisco” en el que están el Opus Dei, Comunión y Liberación o Legión de Cristo. ”Se puede contar con que esos grupos, que hasta ahora han sido muy influyentes, no van a ceder fácilmente”, dijo párroco y antiguo vicario de la Iglesia austríaca.La ‘iniciativa’ de párrocos, promovida por Schüller en 2006 y que ha sido imitada en otros países de Europa y en EE.UU., realizó un balance de sentimientos encontrados sobre la labor de Francisco.”El Papa establece claras señales para una ruptura reformista de la Iglesia, pero entre los obispos impera la espera, con consecuencias fatales para las parroquias”, advirtió Schüller. La iniciativa, que tiene 3.500 sacerdotes, valoró las iniciativas de Francisco como el primer intento de abrir la Iglesia desde el Concilio Vaticano de 1962.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad