Europa o la muerte, los destinos de los migrantes en el Mediterraneo

Mayo 29, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co | Resumen de Agencias

Dos naufragios frente a las costas libias que causaron más de cien muertos el miércoles y jueves, han vuelto a mostrar este drama.

Favur, la  pequeña huérfana de nueve meses de nacida, llegada el miércoles tras el naufragio del barco en el que viajaba cerca a las costas de Libia, se ha convertido en el nuevo símbolo del drama vivido por los migrantes que intentan llegar a Europa. Lea también: Los angustiantes momentos del naufragio de barco en Libia con 500 migrantes

Dos naufragios frente a las costas libias que causaron más de cien muertos el miércoles y jueves, han vuelto a mostrar el drama que siguen viviendo miles de migrantes en el Mediterráneo. Los casos se dan días después de que la  OIM reportara una disminución en las muertes. Este año 1370 migrantes y refugiados perdieron la vida cuando intentaban llegar a Europa a través del Mediterráneo, un 24 % menos que en el mismo período del año anterior (1792), según la OIM.

Favur es oriunda de Mali y sus padres murieron cuando el barco en el que se encontraban alrededor de 120 personas, la mayoría oriundas de Mali y de Nigeria, se volteó cuando los migrantes se movieron todos al mismo lado de la embarcación al ver un buque de salvamento.

La pequeña llegó a la isla de Lampedusa, Italia, en los brazos de otra joven que la confió a  un  doctor. “He pedido que me sea confiada, me gustaría cuidarla para siempre”, declaró emocionado a los medios italianos el doctor Pietro Bartolo quien trabaja en Lampedusa y quien la acogió, vistió y controló su estado de salud.

“Es una pequeña niña encantadora y tierna. Me puso los brazos alrededor del cuello, me orinó y no derramó ni una sola lágrima. Tiene una carita redonda, es una niña de una rara belleza”, contó el doctor.

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Pietro Bartolo, de 60 años, ha visto miles de migrantes, ancianos y niños, muertos y vivos, “pero uno nunca se acostumbra y cada vez que tengo que abrir un saco (conteniendo un cadáver), me duele la barriga”, expresó.

El doctor es uno de los personajes de Fuocoammare, un documental de Gianfranco Rosi sobre los refugiados, que recibió en febrero el Oso de Oro del festival de Berlín.

A Pietro Bartolo ya se lo confió hace cinco años un joven tunecino de 17 años: “ahora, va bien, se va y viene, como si fuera mi hijo”, confesó.

La isla italiana de Lampedusa es la más cercana a las costas africanas y donde llegan miles de migrantes en los últimos en busca de un futuro mejor en Europa.

Europa enfrenta la crisis de refugiados más grande que huyen de los conflictos y la pobreza en África y Asia. Yemén, Siria e Iraq, según un informe del Consejo Noruego de Refugiados, fueron los países con más desplazados. Solo estos tres países causaron  más de la mitad de los 8,5 millones de desplazados por violencia en el 2015.

“Libia, es un viaje sin retorno. Sólo puedes acabar en el mar: ¡o es Europa o es la muerte!”, afirma Inés, una camerunesa de 24 años que siguió a su marido, que creía haber hallado un trabajo decente, pero ambos fueron tratados “como perros” por el patrón.

Inés es una de los 385 migrantes que están a bordo del Aquarius, navío humanitario que los  rescató esta semana en el Mediterráneo. Estas personas llegaron a Libia para intentar cruzar a Europa. Allí le pagaron el viaje a redes de traficantes.

“Aquí, (en el Aquarius) es como un hotel cinco estrellas comparado con lo de antes”, exclama Issa Cissé, marfileño de 18 años. En el puente del barco fletado por SOS Mediterráneo y Médicos sin Fronteras (MSF), las miradas se ensombrecen y la rabia emerge cuando se evoca el paso por Libia. Algunos estuvieron algunas semanas, otros intentaron ganarse la vida ahí durante años.

“Ahí, no eramos hombres”. “Libia, eran secuestros, prisiones, violencia”. “Nos golpeaban todos los días, golpeaban ante nosotros a nuestras mujeres”. “Violan a mujeres, sodomizan a los hombres”. Son los relatos de  los migrantes.

Los médicos de MSF confirman que en consulta algunas mujeres relatan historias espantosas, mientras que al quitarse la camiseta un hombre exhibe cicatrices de golpes y torturas, que han provocado fracturas aún no curadas.

Pero la esperanza del rescate, esconde una pregunta que repiten los migrantes: “¿Qué va a ocurrir ahora con nosotros?”. Entre los migrantes rescatados el martes por el Aquarius, algunas  vienen de países como Eritrea, Sudán del Sur o Somalia, a los que Italia otorga fácilmente el asilo. Pero la mayoría son de Camerún, Costa de Marfil, Gambia o Guinea, y seguramente tendrán más dificultades en obtenerlo.

En Italia, muchos de sus compatriotas reciben la orden, nada más llegar, de dejar el país, otros esperan entre 18 meses y dos años para recibir un hipotético asilo, antes de sumar las filas de los clandestinos, a los que se paga una miseria para recoger tomates o naranjas.

Sin embargo, Benjamín Bitomb, camerunés de 20 años, clama tranquilamente. “Italia es la libertad, la posibilidad de una vida mejor”. Pero el índice de desempleo en la península es del 40 % para la gente de su edad, se le explica. “Pues yo espero estar en los otros 60%”, responde.

“Ya sé que Europa está en crisis, que no es  Eldorado, pero en mi país es peor”, dice.

Crisis mundial La crisis migratoria que afronta Europa es un problema “mundial” que debe ser tratado a escala “mundial”, estimaron los dirigentes del G7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá). En 2015, unos 1,3 millones de migrantes, muchos de ellos procedentes de países desgarrados por conflictos, como Siria o Iraq, pidieron asilo en la Unión Europea, más de un tercio en Alemania. En lo que va de año, según la Oficina de Migraciones Internacionales, unos 190.000 migrantes y refugiados llegaron a Europa por mar, a Italia, Grecia, Chipre y España. Más de 1300 personas perdieron la vida durante el periplo. Precisamente, esta semana la policía griega realizó la evacuación del campo de refugiados de Idomeni, uno de los símbolos de la gran crisis migratoria en Europa. Unos 4000 migrantes fueron trasladados en autobús desde Idomeni, en la frontera con Macedonia, hasta nuevos campos creados en el área industrial de Salónica, en las afueras de esta ciudad, la segunda de Grecia. “Nos comprometemos a aumentar la ayuda global para responder sin dilación a las necesidades inmediatas y a largo plazo de los refugiados y de las otras personas desplazadas, así como a las necesidades de las comunidades que los reciben", dijeron los dirigentes de los siete países industrializados.
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