Estas son las divisiones que tienen al chavismo en la cuerda floja

Diciembre 13, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Juan Francisco Alonso | Corresponsal de El País en Caracas, Venezuela

¿Sobrevivirá el régimen de Nicolás Maduro a la tensión interna de la 'revolución bolivariana'? Aquí las respuestas.

Con garrote y zanahoria. Así está respondiendo el chavismo a la debacle electoral que sufrió en las elecciones parlamentarias del domingo, en las que no solo perdió la mayoría de la Asamblea Nacional sino que vio como sus rivales consiguieron tantos diputados que no necesitan de él ni siquiera para tomar decisiones fundamentales como una reforma constitucional. Lea también: Las reformas que impulsará la oposición venezolana y que Maduro se niega a conciliar

El chavismo, que gozó de gloria durante más de diez años, se ha venido a pique desde el fallecimiento del comandante Hugo Chávez y luego de que Nicolás Maduro alcanzara el poder en una reñidas elecciones presidenciales con Henrique Capriles, cabeza visible de la oposición.

 Desde entonces, se habla de  una crisis al interior del movimiento revolucionario. Pero ni siquiera los directos implicados hablan de ello.

En su desesperación, ahora por la derrota electoral, Maduro   ha llegado a reprochar a sus votantes  diciendo que por más que tenga intenciones de seguir ayudando, la oposición lo bloqueará desde la Asamblea. “Yo quería construir 500.000 viviendas, pero no sé si se pueda, no porque no quiera, sino porque te pedí tu apoyo y no me lo diste”.

Para el sociólogo e investigador del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello, Daniel Fermín, los jalones de oreja parecen estar  dirigidas más a sus militantes que a sus adversarios. “Maduro y Cabello están buscando cohesionar a los suyos para evitar que empiecen a salir voces que reclamen explicaciones por lo ocurrido, pero eso no podrá evitarse”.

Precisamente   pocas horas después de conocidos los resultados, el exministro de Industria del fallecido Hugo Chávez, Víctor Álvarez, publicó un artículo en el cual llamaba “adoptar sin más retrasos urgentes medidas, mediante el consenso, para corregir los desequilibrios macroeconómicos y reactivar el aparato productivo”.

A este documento le siguió el pronunciamiento de sus excolegas de Planificación y Educación, Jorge Giordani y Héctor Navarro, quienes calificaron de “catástrofe” lo ocurrido el domingo y responsabilizaron a Maduro, a quien también instaron a tomar  medidas contra la corrupción y la escasez de alimentos y medicinas, que según ellos son los principales motivos del voto castigo.

“¿Qué vamos a seguir esperando? Ya el pueblo habló. Antes de que surja un (Augusto) Pinochet a nombre de (Simón) Bolívar”, reclamó Giordani.

Pese a los intentos por mostrarse unidos como una piña, en el oficialismo reconocen que las diferencias han aflorado.  “La elección de Maduro por parte de Hugo Chávez como su sucesor en diciembre de 2012 no sentó bien en todos los sectores, sin embargo la acatamos porque asumimos que divididos le abríamos las puertas a la oposición, pero lo ocurrido el 6D puede cambiar esto y reabrir ese debate porque está en riesgo el poder”, confirmó un dirigente pseuvista, quien reconoció que en el bando oficialista hay preocupación.

Los chavistas no descartan que la oposición pueda intentar poner fin al Gobierno mediante un referendo revocatorio presidencial o enmendando la Constitución para reducir el período, escenarios ambos  que admiten  Maduro no podría superar.

Sin embargo, hasta ahora ni Cabello, señalado como el principal rival del mandatario y quien lidera el ala militar, ni el gobernador  Tareck El Aissami, cercano a Maduro y quien se ha hecho con mucho poder en los últimos meses; ni el gobernador Adán Chávez ni el vicepresidente Jorge Arreaza, representantes de la familia del fallecido líder bolivariano, han dado muestras de querer cuestionar el débil liderazgo del Presidente.

Solamente el exministro del Interior y exjefe de los servicios de Inteligencia, Miguel Rodríguez Torres, es percibido como una amenaza por la cúpula chavista y en particular por el Palacio de Miraflores, pues “tiene meses reuniéndose con dirigentes de base, excolaboradores de Chávez y otros críticos con la gestión de Maduro para preparar su terreno para competir por la candidatura presidencial por el chavismo en el supuesto de que Maduro sea revocado o su mandato reducido”.

Los mensajes que el exfuncionario publicó en su cuenta de Twitter, pidiendo un “verdadero sacudón” en el Gobierno no han hecho más que prender las alarmas.

Como lo hiciera el fallecido Hugo Chávez cuando su proyecto de reforma constitucional fue rechazado en un referendo en 2007, Maduro llamó a una revisión y para ello convocó una reunión extraordinaria del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), pero  pidió que la misma no se dedicara a hacer “catarsis” sino que buscara elaborar “una agenda para la nueva etapa de la revolución, de profunda rectificación, de sacudimiento. ¡Carajo!”.

No obstante, durante las jornadas, cuyos debates no fueron transmitidos íntegramente, el Mandatario y otros presentes sí drenaron. Como en la madrugada del domingo, Maduro insistió en que los malos resultados fueron por la guerra económica que, según él, empresarios y opositores le aplican a su Gobierno para deteriorar su imagen; y los delegados del congreso responsabilizaron a sus ministros, a los que acusaron de “ineficientes”.

Tras recordar que solamente el 30 % de los venezolanos cree que la situación de escasez de alimentos, medicinas y otros productos se deba a que los empresarios los ocultan.

Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis, le advirtió al Mandatario que “la peor estrategia es reafirmar prepotentemente aquello que te llevó a perder tu conexión. La humildad puede ser un gran activo posderrota”.

En similares términos se pronunció el sociólogo Fermín, quien aseveró: “El Gobierno no ha sabido leer lo que pasó el domingo. El  pueblo le dijo que está cansado de la pelea y de la prepotencia y si sigue por ese camino podría perder  más apoyos de los que ya perdió”.

La fuerza de la oposiciónLa oposición venezolana se quedó con el control del parlamento, por primera vez en 16 años de gobierno chavista al obtener 112 de 167 diputados que conforman la Asamblea Nacional. Con este número de escaños,  la oposición consiguió la mayoría calificada en el Parlamento.  Esto le otorga plenas competencias para convocar referendos, impulsar una Asamblea Constituyente, remover a magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, al defensor del pueblo, designar a los miembros del CNE.
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