“España está saliendo poco a poco de su crisis”: Rafael Dezcallar

Julio 13, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Vidal | El País
“España está saliendo poco a poco de su crisis”: Rafael Dezcallar

Rafael Dezcallar, diplomático Español.

El diplomático español comparte sus opiniones sobre el conflicto palestino-israelí, la Unión Europea, la abdicación del rey Juan Carlos II y habla de su nueva novela ‘Seda negra’.

El cónsul General de España en Bogotá, Rafael Dezcallar de Mazarredo nació en Palma de Mallorca y ha ejercido la diplomacia por décadas en cargos como el de Embajador de su país en Alemania y en Addis Abeba. Ha sido también subdirector General de Naciones Unidas, cónsul General en Moscú y ha ocupado la Segunda Jefatura diplomática en Israel y la Segunda Jefatura de la Embajada hispánica en La Habana, entre muchos otros cargos que sería largo enumerar. Es licenciado de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en Ciencias Políticas de la Universidad de Stanford (Estados Unidos). Ha publicado libros como La Europa Dependiente, Entre el Desierto y el Mar, Tierra de Israel, Tierra Palestina, y Seda Negra. Este último, un ‘thriller’ apasionante sobre espionaje, asesinatos, petróleo y guerras en la conflictiva región del Cáucaso. En 2002, la gran tribu de su extensa familia, llegó de todas las esquinas del mundo para brindar, en la Isla de Mallorca, por el primer Dezcallar, un catalán del que dan fe los anales de 1002 y por Ponce, uno de sus sucesores que se estableció en 1290 en esa isla preciosa de la Baleares. El Cónsul habla en esta entrevista de la crisis europea, de algunas de sus interesantes experiencias como diplomático y de su último libro, ‘Seda negra’, editado por Planeta. Confirma, además, que la iniciativa española de suprimir la Visa Schengen para los colombianos será una estupenda realidad.Usted vivió en Israel tres años. ¿Cuál es su visión del conflicto palestino-israelí?Escribí un libro de viajes sobre Israel y Palestina. Mi trabajo allí era básicamente político, para tratar de ayudar a unos y otros a ponerse de acuerdo. Siempre he tenido la convicción de que la solución de este conflicto depende de voluntades y decisiones humanas que en los últimos años se han hecho más difíciles y complicadas de tomar. Hoy resulta evidente que si se les deja solos, ellos jamás las tomarán. ¿Y qué puede hacerse para lograr un acercamiento?La única forma de lograr algún avance es ejerciendo mucha presión y quien puede hacerla es fundamentalmente Estados Unidos porque los europeos -que también tratamos de hacerla- tenemos un techo que deriva básicamente de que los israelíes no se fían de Europa en el tema de seguridad. Y la seguridad en Europa no es un tema racional, sino un tema de tripas.¿Por qué llegaron a ese nudo gordiano?Porque se tomaron y se toman decisiones que no ayudan. En estos días, unos y otros están tomando decisiones muy duras; sobre todo los israelíes. Yo entiendo la razón por la que Israel se creó. En una pugna tan elemental y primaria de dos pueblos peleando por una tierra, ciertas decisiones son fundamentales. Y la verdad es que allí los israelíes pelearon en la guerra del 48 en inferioridad numérica y la ganaron. Ahora bien, en el 67, ese país que hasta entonces era visto por el resto del mundo como una utopía muy atractiva, progresista, llena de kibutz, de socialismo y de florecimiento del desierto, se convierte en una sociedad que ocupa un territorio que no es suyo y eso envenena la sustancia del Estado, deteriora el tejido social y genera hábitos poco sanos, como el de tener una mano de obra barata palestina y a esa población sometida. Después los políticos que hasta entonces habían dirigido Israel, que eran laicos, son sustituidos por fundamentalistas israelíes que se envuelven en la Biblia y dicen que esa tierra se la dio Dios a los judíos. A partir de allí va creciendo el sentimiento nacionalista, derechista y religioso, en parte por los vicios que genera la ocupación y en parte por la torpeza política de los palestinos, sobre todo en la segunda Intifada. Ahí hubo falta de olfato político porque, aunque los palestinos puedan tener razón en el fondo, si intentan pelear con medios militares tienen todas las de perder. La consecuencia de eso es que Israel se ha convertido en un país ocupante con una tremenda disyuntiva: si pretende seguir siendo un estado democrático, tendrá que darle el voto a todos los ciudadanos, incluidos los palestinos. Pero si lo hace y sigue dominando en los territorios ocupados, dejará de ser un Estado judío y se derrumbará la razón de ser de Israel. Y si no le da el voto a los palestinos, Israel se convertirá cada vez más en algo parecido a la antigua Sudáfrica, porque irá creando una situación de apartheid. ¿Entonces, qué cree que harán?Ese es el dilema del que los propios israelíes de derecha son conscientes. Por eso reconocen la necesidad de dos Estados, como lo aceptó la derecha israelí hace unos años y que significó un gran cambio. ¿Por qué no continuó?Porque el clima político, el equilibrio de poderes, el funcionamiento del sistema político israelí y, a su vez, la catástrofe política de los palestinos divididos entre Hamas y Al Fatah, hace que los procesos políticos de cada una de las partes nunca puedan llegar a una posición razonable de concesiones. Cambiando de tema, ¿qué tan sólida es realmente la Unión Europea?A pesar de todos los problemas, es muy sólida -que no quepa duda- sencillamente porque las alternativas son infinitamente peores. Ha habido problemas, claro. Un ejemplo fue la construcción apresurada del euro, que se creó como herramienta importantísima de la integración, pero también como una forma de hacerle frente a la Alemania reunificada. Ante el miedo a su potencia económica, la forma de atarla al conjunto europeo fue hacer que renunciara al marco y adoptara el euro. Los alemanes dijeron: muy bien, pero a cambio vamos a hacer un euro ‘light’ -por decirlo de alguna manera- un euro que tenga una unión monetaria, pero que no tenga detrás la unión económica, la unión fiscal y la unión bancaria, que es lo que todo el mundo quería. Porque, ¿cómo puede tenerse una moneda única, si no se tienen también políticas económicas, fiscales y bancarias comunes? Pues los alemanes aceptaron la moneda única, pero no aceptaron que Europa pudiera influir sobre los demás aspectos.¿Y qué ha pasado?Que todo ha funcionado bien en época de bonanza, pero cuando las cosas se han puesto difíciles el tinglado se ha tambaleado, porque faltaba la otra parte y no se podían tomar las decisiones necesarias para generar la confianza necesaria en toda la Unión Europea. ¿Cómo se ha emprendido entonces la recuperación?A base de una política muy drástica, que ha generado un gran sentimiento en muchos países europeos para los cuales Europa significaba casi lo opuesto de lo que tenían antes, o sea: la esperanza, el bienestar y la solidaridad. Pero en estos años España, Italia, Grecia y Portugal, han visto a una Europa cicatera impuesta por los alemanes para no gastar el dinero de sus contribuyentes. Yo fui embajador muchos años en Alemania y era evidente que estas políticas no iban a ser suficientes para acabar la crisis, que en el fondo es casi como una purga. Estados Unidos, que tenía muchísimos más problemas de fondo que Europa inicialmente, ha salido bien de la crisis; ¿por qué Europa no lo ha hecho? Pues porque los alemanes no querían financiar esa política. ¿Entiendo que hay en España un auge importante de las exportaciones y una revitalización de su economía?España está saliendo poco a poco de la crisis. En esa purga le ha ido muy bien porque ha eliminado un sector de la construcción que llegó a ser el 10, 11 % del PIB y que está siendo reorientado hacia un modelo que está volviendo a expandir la economía que se había contraído, pero hoy está generando muchas exportaciones.¿El desempleo y la emigración continúan muy fuertes?Sí, hay gente yéndose por falta de oportunidades o porque no quiere vivir de la ayuda pública. Pero la solución a esa gran bolsa de desempleo va a tardar, porque absorberla en poco tiempo no será fácil, como tampoco lo será un cambio del modelo productivo, que llevará años.¿Cómo vio la abdicación del Rey Juan Carlos?Desde que el Rey abdicó ha surgido una ola de apoyo a su figura. La monarquía ha sido muy positiva para España y no me cabe duda de que el reinado de Juan Carlos I, ya con la perspectiva del tiempo, concitará unanimidad y reconocimiento. Hay que recordar cómo era España recién muerto Franco y cómo es España hoy, y eso se lo debemos a él. Creo que abdicó ahora y no antes porque no quería irse en un momento de debilidad. Ahora llega un Rey nuevo, joven, con ideas claras y bien preparado, para reinar en momentos en que España afronta una crisis tan seria como la actual, pero que tiene en la monarquía un punto de referencia que no está sometido a la lógica de los partidos, sino que es un punto de referencia común.Ha sido diplomático en países con problemas. ¿Ha sido muy difícil?Eso es cierto, pero considero que ha sido una suerte porque eso los ha hecho mucho más interesantes. Yo vi la caída de Lehman Brothers, a los pocos días de tomar posesión de mi cargo en Alemania y en Etiopía tuve la crisis de los secuestros de los barcos atuneros en el Golfo de Adén. En general todos los países han resultado muy interesantes. Cuando estuve en Rusia me dediqué a recorrer los países de la antigua Unión Soviética que ya eran independientes y estaban empezando a dar sus primeros pasos libres, con todos los problemas que eso supone y que son los que hacen parte del libro.¿Alguna similitud entre lo que está sucediendo en Ucrania y su libro?Ucrania es un país más grande que el descrito en mi libro, pero lo que está pasando se parece muchísimo a lo que yo cuento allí. Es el mismo trasfondo. El país en el que sucede mi historia también tiene petróleo, lo cual despierta el interés de las grandes potencias. Lo que me impulsó a escribirlo fue contar lo que pasaba con las gentes que vivían en estos sitios, alejados de la mano de Dios, metidos en un mundo tiránico y despótico, un mundo predecible que les daba una comida básica, muy regular, y les aseguraba una vivienda mala y unas mediocres vacaciones, pero era un mundo cerrado, protegido, y seguro. De repente se les derrumba y tienen que manejarse en el mercado abierto y enfrentar las presiones de otras potencias que quieren controlar su país de una forma indirecta, no invadiendo, como Rusia. Lo que encuentran es una disyuntiva en que no saben qué hacer porque no saben comportarse en un sistema democrático. Al final sucede lo predecible: aparece un hombre fuerte que controla al país y que, por supuesto, genera un círculo de corrupción gigantesco en su entorno. Desde luego hay allí los tiburones de las finanzas, una espantosa situación de Derechos Humanos y una guerra con el vecino. La idea es ver qué hace esa gente a la que llevan a vivir a un mundo para el cual no la han preparado. ¿Será realidad la supresión de la Visa Schengen para los colombianos?Definitivamente sí, y esperamos que esa iniciativa de nuestro gobierno se concrete, a más tardar, en el primer semestre de 2015.

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