Escritor mexicano habla sobre la fuga del 'Chapo' Guzmán

Julio 25, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Solano / corresponsal de El País en México

Diego Enrique Osorno, autor del libro El Cartel de Sinaloa, habló sobre la fuga de Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán y de la actual situación de su país.

Sábado 11 de julio a la media noche. Un mensaje de texto llegó a su destinatario. “No lo podía creer, pensé que mi fuente estaba bromeando”. Minutos después llegó la confirmación y mientras Diego lo hablaba por teléfono, todos coincidían: “¡Es increíble, es increíble!”.

Esa noche, el periodista mexicano Diego Enrique Osorno, autor del libro El Cartel de Sinaloa, se enteró que el narcotraficante mexicano Joaquín Guzmán Loera, ‘El Chapo’, se había fugado de la cárcel más vigilada de México, El  Altiplano. Era su segundo escape.

El País habló con Osorno acerca de la fuga del narcotraficante más reconocido de México y el escritor relató que  “unas horas después  busqué por teléfono a Flavio Sosa, luchador social de Oaxaca que fue encarcelado en el área de Tratamientos Especiales, que es como se le llama a la zona de máxima seguridad del Altiplano.

¿Crees que alguien pueda escaparse del Altiplano sin complicidades de primer nivel?-le pregunté-. La prisión es una cápsula que no se puede romper. Y el área donde estaba El Chapo  es una cápsula dentro de la cápsula. Todo el sistema de vigilancia debió estar relajado, me dijo.

“Haya sido como haya sido, ‘El Chapo’ se esfumaba justo al mismo tiempo en que el presidente Enrique Peña Nieto y diez secretarios de su gobierno, incluyendo a los de Gobernación, la Defensa Nacional y la Marina, volaban con destino a París”, cuenta el periodista mexicano ganador del Premio Nacional de Periodismo 2014.

Si hay una pluma que ha recorrido el submundo de la delincuencia organizada en territorio mexicano, es la de Diego.

A una semana de la segunda fuga de Guzmán Loera, Osorno explica que la salida del narcotraficante más buscado del mundo es la “triste evidencia de que la corrupción institucional sigue reinando en México. Permite que El Chapo entre y salga de cárceles de máxima seguridad y explica los niveles tan enormes de desigualdad que padecemos”.

Especialistas en delincuencia organizada, politólogos y mexicanos del común, se preguntan lo que habrá de esperarse con la libertad del narco más buscado del mundo.

Para Diego, hoy podría estarse gestando una serie de “reacomodos internos en el Cartel de Sinaloa que se dieron mientras Guzmán estaba recluido en El Altiplano, porque aunque seguía mandando desde adentro, hubo algunas rebeliones”. 

Cuando la palabra extradición pisó el Congreso colombiano, la furia del narcotraficante Pablo Escobar se hizo sentir con toda su fuerza. El vuelo HK-1803 de Avianca explotó en el aire bajo su mandato, periodistas vieron la muerte, carros bomba cimbraron ciudades enteras. ¿Podría México estarse enfrenando a un ‘Chapo’ desbordado en violencia?

No. En Colombia los narcos siempre buscaron reemplazar al poder político, pero en México los narcos trabajan de la mano de los políticos, pero desde las sombras. A los narcos mexicanos no les gusta el show y da la impresión de que a los colombianos sí. Por eso, por ejemplo, hay decenas de autobiografías de narcos colombianos que cuentan su vida pero en México hasta la fecha ningún narco lo ha hecho. Uno de los pocos que aceptó revelar una parte de sus memorias fue Miguel Ángel Félix Gallardo (socio mexicano de Pablo Escobar), cuyos escritos aparecen en mi libro El Cartel de Sinaloa.

¿Se parece ‘El Chapo’ a Escobar?

Debo reconocer que hasta antes de esta segunda fuga del Chapo Guzmán, me parecía difícil equiparar a Guzmán Loera con Escobar.  

Pero alguien que se fuga dos veces de cárceles de Máxima Seguridad y aparece en la lista de Forbes como uno de los hombres más ricos del mundo, tiene que ser, inevitablemente, un personaje fascinante en más de un sentido.

‘El Chapo Guzmán se ha convertido en un figura mitológica en el mundo entero. Y en su casa, en Sinaloa,  eso es merecedor de respeto.

Ese respeto tiene dos niveles: en las clases bajas hay quienes lo consideran una especie de Robin Hood gracias a la filantropía que ha hecho históricamente el Cartel de Sinaloa en la construcción de viviendas y trabajo para cientos de familias. Por otra parte, en la clase media hay un sector que lo ve como el guardián de la tranquilidad de su estado.

Existe la creencia de que Guzmán Loera evitaba que la violencia brutal que ha vivido México en los años recientes llegara a los suburbios y pueblos sinaloenses. Apenas hace un par de semanas, en pleno apogeo del conflicto de Michoacán, donde grupos de civiles se armaron para defender sus intereses de los narcos locales, un amigo de Culiacán, ingeniero mecánico y dedicado a negocios lícitos me dijo: ‘En Sinaloa no necesitamos algo como las autodefensas de Michoacán porque para eso tenemos al ‘Chapo’ Guzmán’.

Mauricio Fernández Garza, empresario que gobernó San Pedro Garza García, Nuevo León, la ciudad más rica de México, me dijo: A los narcos les gusta cuidar el lugar donde viven y mantenerlo en paz. No son tontos. No comen lumbre. Por eso, es que en Sinaloa, donde al igual que en otros estados mexicanos, existe un vacío de poder donde todavía aplica la figura del capo como la vieja figura protectora de su feudo. 

 

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