Encuesta reafirma a los suramericanos como los mejores en el sexo

Junio 16, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País

Una encuesta sitúa a los suramericanos como los mejores en la cama. Más frecuencia sexual y más tiempo dedicado al preámbulo amoroso son sus grandes armas.

Suramérica va ganando puntos en la maratón por la calidad de la vida sexual. Los suramericanos invierten más tiempo en los placeres del preámbulo sexual, se toman su espacio para hacer el amor sin afanes hasta llegar al clímax y son los campeones en saciar sus apetitos sexuales con más frecuencia que en otras regiones del planeta.Esa es la evidencia que arroja un estudio conducido por Harris Interactive para la firma Durex, para procurar un mayor entendimiento sobre el bienestar sexual del público. O conocer detalles más precisos sobre ese oscuro objeto del deseo. Y Suramérica parece el continente del placer: lidera la frecuencia de relaciones sexuales con el 85 %, seguido de lejos por África, con el 72 %. A este se acercan Europa (71 %) y Asia (70 %). Australasia aparece de penúltimo (62 %), mientras que Norteamérica, así Estados Unidos sea el país del ‘boom sexual’, va de último con solo 56 %.La sicóloga Alejandra Quintero, asesora sexual enfocada en el tratamiento de temas de sexualidad y erotismo, atribuye este indicador a que la sociedad suramericana está más abierta a hablar de sexo y se está volviendo cada vez más liberal. “Sus intereses cambiaron. Las condiciones sociales, ideológicas y económicas son diferentes y han sufrido una transformación en estas dos últimas décadas, sin contar con que las campañas de educación sexual han aumentado significativamente”.En el preámbulo sexual, el promedio mundial es de 16.9 minutos. Pero Suramérica va a la cabeza con 19.7 minutos dedicados a la estimulación en pareja, seguido por Australasia (18.1’), Europa (17.4’), África (16.8’), Norteamérica (15.9’) y Asia (14.6’).Al coito propiamente dicho, en el mundo se dedica un poco más que a los juegos previos, con 19.2 minutos. Y vuelven a ser los suramericanos quienes más se recrean en esta fase con un promedio de 23.8’ de coito, frente a 21.3’ para Australasia, 20’ para Asia, 19’ para África. De nuevo, Europa con 18.8’ y Norteamérica con 16.1’ quedan en el último lugar.Sin embargo, el sexólogo Luis Alberto Montejo, desestima encuestas de este tipo porque considera que cuando de sexo se trata, la gente presenta fachadas y hay poca sinceridad.“Por ejemplo, la consulta por eyaculación precoz es tan frecuente en mi experiencia clínica, que desmiente los resultados sobre la duración del preámbulo en los latinos. Y la mayor queja de las mujeres es justamente la falta de juegos previos al coito, lo cual confirma más mi percepción”, dice Montejo.Según este sexólogo, los latinos son más expresivos que las personas de otras culturas y tienden a alardear sobre sus hazañas sexuales. En cambio, otras culturas que son más frías y moderadas, como la norteamericana o la europea, simplemente son más realistas.Al respecto, Alejandra Quintero opina que “es importante aclarar que el preámbulo como tal es una relación sexual no coital, pues sigue siendo una forma de relacionarnos sexual, erótica y afectivamente con el otro”.La especialista destaca que la importancia de esta fase es que prepara al cuerpo para facilitar el coito o la penetración: permite que la mujer lubrique y sienta, en algunos casos, el deseo de ser penetrada. Y en el hombre, propicia la erección y el deseo de penetrar. “Estas condiciones físicas y sicológicas no requieren de un tiempo determinado, por eso un buen preámbulo no depende del tiempo que dure, sino de qué tan efectivo es para propiciar el coito, aumentar la excitación, incrementar el deseo, y ante todo, para comunicarnos con el otro”, enfatiza.El sicólogo y terapeuta Carlos Alberto Segura sí le encuentra explicación lógica a los indicadores que ponen a los latinos en el primer lugar de la calidad de vida sexual, frente a otras culturas. Para él, hay razones religiosas, culturales y afectivas que determinan este comportamiento. Por ejemplo, aquellas poblaciones educadas bajo el manto de la religión judeocristiana, que es ortodoxa en sí misma, asocian el sexo a su función únicamente reproductora.Eso explicaría los bajos índices en frecuencia, duración y satisfacción de los asiáticos y de los australianos. “Es posible que eso haya influido en la crianza creando un tabú y un distanciamiento de los detalles eróticos y del disfrute de la sexualidad”, dice Segura.En cambio, Suramérica fue educada bajo el rito católico romano, que da más flexibilidad frente a las perspectivas del sexo. “Recordemos las orgías romanas, eso da cuenta de ello”, indica. Al respecto, Alejandra Quintero dice que lo importante de la cifra (de satisfacción sexual, recuadro inferior) es reflexionar que el orgasmo no puede considerarse como el objetivo o la meta de las relaciones sexuales. “El orgasmo como indicador de satisfacción sexual, nos conduce fácilmente a la insatisfacción sexual, nos convierte en atletas sexuales y no en seres eróticos”.Desde el punto de vista cultural, Segura dice que es preciso analizar aquello a lo que cada comunidad le dedica más tiempo. Los europeos, nórdicos, anglosajones, por tradición, le dedican más tiempo y energía al trabajo, al estudio, a la ciencia. “De ahí que sea la sociedad más industrializada; en cambio, a Suramérica la industrialización llegó tarde, pero no se perdió el hábito de estar juntos, de las fiestas, las celebraciones, las reuniones, el esparcimiento y eso induce a más contactos sexuales”. Y a nivel afectivo, Segura destaca que las regiones cercanas al trópico tienen una condición climática que influye en la conducta humana, con una mayor disposición al disfrute, mientras que los nórdicos, anglosajones y europeos sufren los rigores del invierno. Y cuando llega el verano, también lo padecen.“El trópico está lleno de folclor, de días festivos, de vida social y eso hace que haya una vida más afectiva y que haya más tiempo dedicado a los afectos”, dice Segura. Incluso, agrega que ese clima alegre y festivo, de ropa fresca y mujeres mucho más bellas, incitan más al amor y estimulan al hombre a buscar el encuentro sexual. Al contrario de las culturas asiáticas, que están muy cubiertas por motivos religiosos y culturales, o de los países europeos, norteamericanos o nórdicos, donde las mujeres van muy abrigadas por el frío invernal. “Con tanta ropa, el sexo masculino ha perdido mucho la imaginación”, dice con un toque de humor el sicólogo.

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