El significado de la llegada de un Papa ‘político’ a Cuba

Septiembre 20, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Libreros / Reportera de El País

¿Qué representa la visita del Papa Francisco a la isla este fin de semana? Para algunos se trata de un acto político. Para otros, el anuncio definitivo de que ese país está listo para reintegrarse al mundo.

En 1973, apenas regresó de gira por Vietnam, Fidel Castro se sometió a una rueda de prensa internacional. La Guerra Fría estaba servida, y el periodista Brian Davis, de una agencia inglesa, le preguntó sin rodeos: “¿Cuándo cree usted que se restablecerán las relaciones entre Cuba y Estados Unidos?”. El líder de la revolución lo miró fijo y respondió para todos: “Estados Unidos vendrá a dialogar con nosotros cuando tenga un presidente negro y haya en el mundo un papa latinoamericano”. Lea también: Papa Francisco instó a Cuba y EE.UU. a seguir con la normalización de relaciones.

Cuatro décadas más tarde es justamente un Papa de este lado del mundo, el argentino Jorge Mario Bergoglio, quien arriba de visita oficial a la isla, en la que este fin de semana es esperado por cerca de diez millones de católicos, que acuden a 650 iglesias, son guiados por 357 sacerdotes y cuya religiosidad conversa fuertemente con sus raíces africanas. 

Y llega mientras en ese país del Caribe flota aún la extraña sensación y la expectativa por el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas con Estados Unidos —acordado el pasado 17 de diciembre—, de la mano de Barack Obama, su primer presidente afroamericano. Fidel, pues, tenía razón.

Era, en todo caso, una visita inevitable. Pese a que la información fue desmentida en un principio desde el propio Vaticano, pronto se regó como pólvora en el mundo la noticia de que el papa Francisco había participado activamente para el acercamiento entre esas dos naciones enemigas.

Y lo que se espera de su presencia en la isla y de los ochos discursos que el Sumo Pontífice  pronunciará en La Habana, en Santiago y en Holguín —a juzgar por los expertos que han seguido de cerca su pontificado— es un mensaje igual de progresista a los que ya ha hecho en temas tan álgidos como las relaciones homosexuales, el perdón para el aborto, la inequidad laboral de las mujeres y el derecho de los católicos a divorciarse.

Lo cree así Enrique Serrano, internacionalista de la Universidad del Rosario, quien está seguro de que Francisco se pronunciará a favor “de una Cuba reintegrada a la comunidad internacional”. Finalmente, dice, “se trata del Papa más político de los últimos 60 años, después de Pío XII, a quien le correspondió la coyuntura de la Segunda Guerra Mundial y la devastación de Europa”.

Serrano no duda en confirmar lo que parece ya un secreto a voces —e incómodo— en algunos pasillos del Vaticano: “Francisco es un Papa de izquierda. En sus discursos se advierte una postura política claramente identificable. Es un Papa más preocupado por la repartición de la riqueza en el mundo que por los comportamientos éticos o morales de los creyentes. Y deja la impresión de que entiende que hay cosas que no son reformables dentro de la Iglesia, pero que por lo menos vale la pena decirlas”.

La más importante lección del papado de Bergoglio, enfatiza Serrano, “es que es posible seguir profesando la fe católica, así se comulguen con ideas políticas  de izquierda”.

Para monseñor Luis Augusto Castro, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, la visita de Francisco a Cuba representa la culminación de un aplazado deseo planteado en 1998 por Juan Pablo II, quien para entonces fue recibido en la isla por el propio Fidel Castro: “Juan  planteó en ese momento ‘que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba’. El Papa Francisco sabía que era una tarea pendiente. Y muy en la línea de su mandato, volcado a la misericordia, a ser sensible a lo que le pasa al ser humano, volcó sus esfuerzos en el restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Y, si eso es ser político, pues entonces Francisco es un Papa político”.

Mario Madrid —que ha dedicado varios años en la Universidad Javeriana de Bogotá a la docencia del derecho público eclesiástico y al estudio de los tratados internacionales firmados por los papas— cree que la participación de Francisco en la agenda política de Cuba obedece a su anhelo de “hacer realidad las enseñanzas del Concilio Vaticano, promovido por Juan Pablo II, que buscaba poner en sintonía a la Iglesia con los signos de los tiempos”.

Pero quizá uno de los momentos que genera más expectativa en esta histórica visita es el encuentro entre Fidel Castro y Bergoglio. “Es claro que Francisco querrá conversar con el Fidel anciano, ya retirado del poder. Eso debe estar en su agenda. Y de cómo siente que lo ha juzgado la historia por tratarse de un hombre que sometió a una nación entera a su arbitrio. Lo que se espera es que sea un encuentro muy franco, para nada diplomático”, piensa Serrano.

Algo parecido intuye Mario Madrid, quien sostiene que ambos personajes se verán inevitablemente obligados a pasar revista al mundo socialista, “a sus logros, pero también a sus fracasos. No hay que olvidar que este Papa en su momento cuestionó regímenes autoritarios como el de los Castro”.

Y no duda de que este encuentro servirá para zanjar viejas heridas, producto de la abierta persecución que sufrieron los creyentes católicos y los sacerdotes durante buena parte de la dictadura de Castro. Cuba solo vino a reconocerse como un país laico en 1992, después de tres décadas de ateísmo establecido en la Constitución y de las tensiones generadas por la carta pastoral ‘El amor todo lo espera’  en la que los obispos cubanos pedían abandonar el proyecto comunista.

Pese a ello, junto a México y Brasil, Cuba nunca dejó de ser un importante bastión para el catolicismo en América Latina.

Y, como buen político, esta visita tendrá alcances más allá de las fronteras de Cuba. Serrano apunta, sin titubeos, en que este hecho abre una puerta  “para que el Vaticano se convierta en puente o mediador de otros temas que preocupan en América Latina: la reconciliación del pueblo venezolano en medio de la dictadura de Maduro y, claro, en el proceso de paz con Colombia”.

Monseñor Luis Augusto Castro no lo cree descabellado. Y piensa que lo más probable es que la futura visita de Bergoglio a Colombia esté íntimamente vinculada con la firma del acuerdo de paz entre el gobierno Santos con las Farc. “Él está al tanto de las negociaciones en Cuba”, dice el prelado.

Desde Bogotá, Enrique Serrano piensa que esta visita no solo es histórica por el momento político que viven los cubanos tras su acercamiento a Estados Unidos. Es la confirmación —reflexiona el analista— de que no es gratuito que haya sido elegido un Papa latinoamericano, jesuita y con un talante claramente distinto al de un intelectual y teólogo como Ratzintger. “El papa Francisco es más pragmático. Sabe que planear en una misma gira una visita a Cuba y Estados Unidos lo deja bien parado ante los dos. No hay duda, es un papa muy político”.

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