El Papa Francisco vino a Latinoamérica a sanar las heridas

El Papa Francisco vino a Latinoamérica a sanar las heridas

Enero 21, 2018 - 11:53 p.m. Por:
Redacción de El País y Agencia EFE
Papa Francisco en Chile

En una misa multitudinaria, el Papa llamó en Lima a que “la degradación sea superada por la fraternidad; la injusticia vencida por la solidaridad, y la violencia callada con las armas de la paz”. Esta gira dejará “una huella imborrable” en su corazón”, dijo.

Fotos: Agencia EFE

Francisco en tierras latinoamericanas no ha sido solo un pontífice, sino también un jesuita como los que se comprometieron a defender a los pueblos originarios en plena colonización.

Igual en Chile, adonde Jorge Mario Bergoglio llegó el lunes pasado con el lema 'Os doy la paz', con enorme expectativa por su visita de Estado de un día y una gira apostólica por las ciudades de Santiago, Temuco e Iquique. Allí se conectó con los jóvenes para invitarlos a no quedarse sin batería (de la fe), y se reunió con las víctimas de abuso sexual por parte de clérigos.

Pero su presencia puso de manifiesto la difícil situación por la que atraviesa la Iglesia católica en ese país, azotada por el escándalo de sacerdotes pederastas y la creciente pérdida de influencia.

Más de 1500 periodistas de 40 países registraron el arribo del primer Pontífice latinoamericano a un país donde históricamente, y más durante la dictadura (1973-1990), la Iglesia hizo firme defensa de las causas sociales y los derechos humanos.

No obstante, la jerarquía católica ha sido fuertemente cuestionada por más 80 denuncias de pederastia contra miembros del clero, según Bishop Accountability, ONG estadounidense que recopila casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes en el mundo.

Por ello el catolicismo ha ido perdiendo terreno en un país cada vez más laico y donde está más arraigada la idea de que la sociedad y el Estado deben ser plenamente independientes. Como evidenció la poca asistencia a las tres misas oficiadas por el Papa.

Un informe de la firma Latinobarómetro reveló que en dos décadas la confianza de los chilenos en la Iglesia católica cayó del 80 % al 36 %, descenso atribuido al encubrimiento por parte de la jerarquía de los abusos sexuales contra menores. 

En víspera de la gira papal, recrudecieron los ataques contra templos católicos en Santiago y en Araucanía, una región mapuche.

No obstante, Francisco abordó tan sensible y espinoso tema de los abusos, por los que dijo sentir “dolor y vergüenza” y se reunió con víctimas en Santiago, como hizo en Temuco con líderes mapuches y víctimas de “violencia rural”.

Las voces de rechazo no son sorpresivas, dice la filósofa Ana María Giraldo, docente de la Universidad Javeriana Cali, si se tiene en cuenta que el Pontífice tiene en Chile la más baja aceptación de todos los países de Latinoamérica, donde el agnosticismo ha tomado fuerza y crecimiento en las últimas tres décadas. “Las protestas se presentaron porque ya hay una predisposición generalizada y mediática frente a esta problemática”, dice Ana María.

“Eso impide ver el objetivo principal del encuentro, que era escuchar a las víctimas y buscar caminos para la construcción de justicia, verdad, reparación y reivindicación de los derechos que les fueron vulnerados, antes que llevar a los victimarios a la picota pública ”, afirma.

El Papa optó por cuidar la intimidad de las víctimas y no exponerlas a más sufrimiento, plantea la docente. “Empero algunos sectores buscan en la visibilización de las historias un reconocimiento y la ruptura con la tradición de ocultamiento que ha imperado en la Iglesia chilena”, añade.

Pero Bergoglio se marchó de Chile sin recibir a los querellantes del más grave caso de pederastia, el del influyente sacerdote Fernando Karadima, condenado y apartado de la Iglesia. Su petición de perdón por el “daño irreparable” causado a los niños víctimas quedó en entredicho por su defensa del obispo Juan Barros.

“No hay una prueba contra él, todo es calumnia”, declaró sobre Barros, rechazado por fieles que lo tildan de encubridor de Karadima.

De ahí que el impacto de su presencia Chile, tuvo luces y sombras. Los que la rechazaron desde el comienzo escuchan con incredulidad las palabras del Papa, “puesto que ven una distancia entre el discurso y las acciones. Por ejemplo, no esperaban ver al obispo Barros concelebrando la Eucaristía en la que se invita a la reconciliación y transformación de las relaciones con el otro. Sienten ver allí al posible sindicado victimario sin que se haya hecho justicia”.

Por otro lado, las palabras de Francisco renuevan en la juventud católica la esperanza de una nueva Iglesia que pueda llevar coherentemente el mensaje de Cristo a los chilenos, enfocado en libertad, reconciliación y capacidad de soñar.

“Por ello, fue clave traer la vida y obra de San Alberto Hurtado como ejemplo de actualización del evangelio que inspira a donar la propia vida en servicio de la sociedad”, dice Ana María.

Para el teólogo Hernán Darío Sarmiento, profesor del departamento de Humanidades de la Javeriana Cali, pese a ese rechazo, que ya se prevía, la visita fue muy positiva en cuanto su objetivo era más de carácter pastoral. “Se asumieron las problemáticas y cuestionamientos frente al papel de la Iglesia Católica en la sociedad chilena”, opina.

Sarmiento comenta que en la memoria del pueblo chileno existe una deuda profunda de la Iglesia Católica aún no saldada. Las comunidades indígenas, como las Mapuche, la perciben como genocidas desde la época de la Conquista.

“Y las generaciones actuales lo ven como un cómplice de las políticas estatales que vulneraron los Derechos Humanos, posibilitando el ocultamiento de la verdad. Mientras que el pueblo creyente aún llora los abusos a menores por parte del clero”, dice el teólogo.

Sin embargo, Sarmiento opina que el Pontífice no evadió los temas álgidos, sino que, por el contrario, los abordó de frente. Así mismo, destaca, se reflejó la importancia y urgencia de esta visita, dada la profunda crisis que está viviendo la Iglesia católica en Chile.
“Esta gira es como la visita del Pastor que se preocupa por las heridas de sus ovejas”, reflexiona.

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Más fuerza

Lejos de opacar su visita, las voces de rechazo al Papa Francisco en Chile, le da fuerza a su discurso, a su llamado a romper con las dinámicas de odio, pues, en sus palabras, “la violencia vuelve mentirosa la causa más justa”, dice Hernán Darío Sarmiento.

“Es necesario reconstruir nuevas posibilidades a través del diálogo en pos de un renovado humanismo que evite caer en la simplificación de algo complejo. La lucha de estos pueblos es legítima, pero “la defensa de la cultura del reconocimiento mutuo no puede construirse en base a la violencia”, parafrasea Sarmiento al Papa.

Dada que la visita papal es más pastoral que política, los objetivos se centrarán en recordar la misión de los creyentes frente a las necesidades sociales más urgentes. “Esto no exime de no pensar en ciertas problemáticas, pero el énfasis está en cómo el ser humano desde su espiritualidad afronta estas situaciones, teniendo como referente central el evangelio”, concluye Hernán Darío Sarmiento.

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