El nuevo amanecer de Japón, a un año del terremoto y del tsunami

Marzo 11, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Rosa Silva y Heinar Ortiz Cortés | Reporteros de El País

El mundo hoy recuerda a los 15.854 muertos del terremoto y tsunami del pasado 11 de marzo. El país se convirtió en ejemplo de la reconstrución.

A Leyla Arango Kuratomi, un año después, le parece que el país es casi el mismo de antes. El mismo, excepto que ahora el miedo invade los corredores de muchos hogares. Quienes se fueron probablemente no volverán. “Los medios pronostican que en los próximos cuatro años va a haber otro terremoto peor que el del 11 de marzo”, sentencia.Y es que esta mujer caleña inicialmente dudó en quedarse. Tras el terremoto de 8,9 grados en escala de Richter que arremetió con furia contra la isla de Japón, muchos de sus compatriotas huyeron como si la vida construida allí ahora debiera borrarse. Se sintió sola y se preguntó si ella, su esposo y su hijo estarían locos al querer permanecer allí mientras los demás colombianos empacaban lo que podían y cerraban con llave sus casas, a las que, hasta ahora, no han vuelto.Sin embargo, Leyla hoy siente que hizo bien. Piensa que el país ha salido adelante como un gigante que se repone de una fuerte caída. “Un país como éste tiene que seguir marchando”, menciona. Admira la calma de los japoneses. Para ella, es tal vez la razón por la que han salido adelante rápidamente. “Había gente que lo perdió todo y nunca vi una pizca de drama, como el que se ve en Colombia en casos similares”, asegura.Hoy, el mundo admira la fortaleza del pueblo Japonés. Incluso, la ONU hace unos días rindió homenaje al país oriental. “Japón ofrece lo mejor en cuanto a conciencia pública de los riesgos, a los ejercicios de evacuación y a la movilización de la población, de una manera que muy pocos países del mundo pueden emular”, fueron las palabras de Margareta Wahlstrom, vocera de la organización.Para esto los japoneses tienen una explicación simple: solidaridad y necesidad. Así lo comenta Yasuhisa Suzuki, consejero de la embajada de Japón en Colombia, como quien se refiere a un asunto de mera lógica: “El 65% de nuestros productos son importados. Si no hay carreteras, no podemos alimentar a la gente. Si la gente no tiene casa, se congela en el invierno. Por eso hay que trabajar rápido”.Todos los esfuerzos parecieran estar sobre el tema. Cuenta Suzuki que los impuestos subieron para crear fondos de recuperación. Los funcionarios públicos bajaron sus ingresos en un 8% para destinar recursos a ese propósito. Hasta la gasolina tuvo un alza significativa.“Aún así, unas 200 familias aún viven en casas temporales”, agrega. Ancianos que perdieron su familia, grupos de personas que no tienen amigos ni nadie que los reciba. Otras mil personas han sido reubicadas en nuevas ciudades.Ángela, otra colombiana que reside en Japón, piensa que es increíble cómo para todos los habitantes de este país, la prioridad es reconstruir sus ciudades y ayudar a los afectados. Hace un año, como muchos otros, Ángela tomó un avión hacia Colombia, huyendo del pánico que generó el terremoto. Tenía tres meses de embarazo y temía por el bienestar de su hijo. Hoy que regresó siente que la vida no gira en torno a la tragedia, sino a la superación. Las fiestas, los bazares, los impuestos, las celebraciones de cambio de estación. Cualquier cosa es excusa para recolectar fondos. Hasta su profesor de japonés, quien escribe libros, donó lo que ganó por su venta al fondo de reconstrucción.Y si hay algo que también ayuda, piensa Ángela, es la conciencia. Hasta hace poco en los trenes de Tokyo no había calefacción, a pesar de estar en pleno invierno, porque el ahorro se ha convertido en una clave para el país. Leyla concuerda con esto y dice que, tras el terremoto, instalaron un panel solar en su casa. Cambiaron los electrodomésticos por unos ahorradores y se deshicieron de todo lo que no es indispensable. “Cuando uno ve que la gente pierde todo, se da cuenta de las muchas cosas innecesarias que tiene en casa”, reflexiona.Repensar el paísKatoshi Ogawa estaba en Cali cuando ocurrió el sismo. Aunque su ciudad, Saitama, no queda en la costa, temió por su familia, pero luego pensó en los rompeolas de quince metros de altura que se construyen en las ciudades de la costa para mitigar el efecto de un Tsunami. Las olas, sin embargo, ese día superaron los 20 metros.Acababa de llegar de intercambio para estudiar su maestría en la Universidad del Valle. Descansó al saber que a su familia no le pasó nada, pero supo que a vecinos y amigos sí. Muchas casas se destruyeron, las autopistas colapsaron, los aparatos electrónicos dejaron de funcionar. Ahora ya todo ha sido reconstruido y Katoshi cree que se debe a que “a los japoneses nos gusta trabajar por los demás”.“Sin embargo, ya muchos no quieren vivir junto al mar”, cuenta Suzuki, el consejero de la embajada. Agrega que hoy Japón come menos pescado, porque el tsunami arrasó con muchas embarcaciones pesqueras. Para su cultura es tan grave como si en Colombia no hubiera carne suficiente para consumir.Ahora el Gobierno japonés reformula los modelos de ciudades y en dónde deben ser construidas. “Un poco más hacia las montañas, es lo que buscamos”, concluye Suzuki.

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