El luto en la Plaza de Mayo por la muerte de Kirchner

Octubre 28, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Luz Jenny Aguirre

El paro cardiorrespiratorio del ex presidente Néstor Kirchner cambió los planes de todo un país.

Por momentos sonaba como la batalla de cantos entre las hinchadas de Boca y River. Si se cerraban los ojos, los saltos y enérgicos aplausos que estallaban de cuando en cuando bien podrían indicar que no se trataba de un día de luto en la Plaza de Mayo, sino de una justa en el Monumental o la Bombonera. Ayer, el corazón de Buenos Aires latió rápido. Se daba por descontado que sería tal vez uno de los días más tranquilos del año, por cuenta del censo nacional que obligaba a todos a estar en sus casas. Sin embargo, el paro cardiorrespiratorio del ex presidente Néstor Kirchner cambió los planes de todo un país.Pasaron sólo unos minutos tras el anuncio de la muerte del líder peronista y a las puertas de la Casa Rosada comenzaron a llegar cientos de personas con flores, pancartas y banderas. A las seis de la tarde la plaza ya era un hervidero de gente vestida de negro haciendo fila para poder acercarse a las rejas de la sede de gobierno. La cola, tranquila y sin empujones, se extendía más allá del emblemático Obelisco, superando las ocho cuadras.Los cánticos peronistas y gritos de “¡Néstor no ha muerto!” se alternaban con prolongados silencios y esporádicos llantos interrumpidos por el rugido del erque, corneta del folclor argentino que acompaña a las barras en los estadios.Mariela Maidana llegó temprano. Dice que desde que tiene memoria simpatiza con el Movimiento Peronista Revolucionario y que se siente como si hubiera muerto alguien de su familia.“Sabe, estoy embarazada de cinco meses…y esta mañana decidí que a mi hija la llamaré Evita”, comenta mientras acaricia su barriga forrada con la bandera argentina.Desde todas las calles que confluyen en Plaza de Mayo llegaban tropas nutridas de respaldo a la viuda y presidenta Cristina Fernández, las cuales de dejaban a su paso grafitis que marcaron las paredes de todo el centro histórico.Pronto se dispusieron docenas de baños públicos móviles e improvisados puestos de ventas de todo tipo de suvenires. La rosa se vendió a diez pesos argentinos (3 dólares, nueve mil pesos colombianos ) y una bandera mediana alcanzaba los quince pesos (4 dólares, $7.500 pesos colombianos). Sin embargo, la mayoría traía lo suyo desde casa. Martín, de doce años, elaboró un cartel con témperas donde afirmaba en letras torcidas: “hoy mi país está triste”.Pero no sólo el dolor se hizo presente. La preocupación de fondo sobre el futuro político de la nación y las agudas críticas al matrimonio que ha venido ostentando el poder en este rincón del sur se escuchaban en voz baja en estaciones del metro o quedaban en evidencia en grafitis que hablaban de la “rapiña” del poder que se cernirá sobre la acongojada Cristina.La noche encontró al centro de la capital porteña más despierta que nunca. Tras finalizada la jornada del censo se abrieron algunos locales, bares y cafés, que colapsaron con miles de turistas curiosos y ciudadanos que caminaban hacia el centro.Entradas las ocho de la noche Plaza de Mayo lucía acelerada, frenética, atestada. Velas, antorchas, comparsas de murgas y abrazos. Nadie se movíade su lugar. Algunos, como el profesor de matemáticas Pepe Lespiault, calificaron aquella vigila como una “soledad acompañada”.El corazón de Buenos Aires late rápido, experimenta taquicardia.

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