El encuentro del periodista Antonio Caballero con Papa Benedicto XVI

El encuentro del periodista Antonio Caballero con Papa Benedicto XVI

Febrero 16, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Antonio José Caballero | Especial para El País
El encuentro del periodista Antonio Caballero con Papa Benedicto XVI

Testimonio. El periodista Antonio José caballero con el papa Benedicto XVI, cuando aún era cardenal.

Benedicto XVI es descrito como un hombre sencillo y que tenía claro en que momento debía renunciar al pontificado. Remembranzas.

Nunca imaginé ese 16 de abril de 2005 cuando lo encontré en la esquina de Borgo Pío rumbo al Cónclave acompañado por su fiel secretario, Don Georg Ganswein, que este tímido, sonriente y sencillo Joseph Ratzinger, el guardián de la fe y el teólogo duro de la Curia Romana, iba a terminar renunciando agotado y consumido por el ministerio papal.En esa oportunidad hablamos de Colombia y, con muy buena memoria, me recordó las montañas verdes que rodeaban el Seminario de Bogotá y la frase de entrada al recinto: “Initium sapientia timor Domine”. El principio de la sabiduría está en el temor al Señor.Le dije que si se sentía Papa. Se puso colorado y tímidamente respondió: “Solo soy un simple elector que espera hacerlo bien por el futuro de la Iglesia”. De inmediato, huyó de la conversación, no sin antes darme su bendición y expresar su deseo por la paz de Colombia.Ese cardenal alemán que acababa de despedir ya no volvería a la residencia que compartió con Darío Castrillón. Solo regresó un día después de la elección, ya vestido de blanco, para despedirse personalmente de sus vecinos.Su elección estaba casi que cantada por su cercanía al difunto beato Juan Pablo II. El camino lo había abierto Carlo María Martini, el filósofo y teólogo arzobispo de Milán, jesuita para más señas, quien declinó frente al colegio cardenalicio cualquier intento de candidatura a su favor por el mal de Parkinson que mostró al llegar a Roma.Sin embargo las primeras votaciones no fueron fáciles para Ratzinger, cardenales como el argentino Borgoglio y otros europeos se atravesaron en la cantada elección del alemán. Ante esta situación, se dice que el purpurado argentino declinó y cedió su caudal electoral al bávaro favorito, quien fue aclamado en la siguiente votación y elegido como un Papa de transición, que duraría no más de diez años. Lo primero que causó sensación fue el buzo negro que se puso debajo de la nueva sotana blanca. Los mirones de la moda lo criticaron por esta vestimenta que en nada “pegaba con el atuendo papal”, su estola roja y el palio pontificio que años después dejó en la catedral de L’Aquila, tras el terremoto sobre la urna que contiene los restos del Santo Monje ermitaño, Celestino V, quien lo antecedió en el acto de renuncia al papado.A su amigo, el periodista alemán Peter Seewald, le dijo: “Solo me lo puse esa vez y lo hice para defenderme del frío. Simplemente tenía frío y soy sensible con dolores de cabeza”.También a este colega le adelantó algo sobre su renuncia: “Si el peligro es grande, no se debe huir de él. Por esto, creo que no es el momento de renunciar.Justamente en un momento como este hay que permanecer firme y arrostrar (sic) la situación difícil: Esta es mi concepción. Se puede renunciar en un momento sereno o cuando ya no se puede más. Pero no se debe huir del peligro y decir: que lo haga otro”. Y ante la insistencia de Seewald sobre si hay una situación que crea propicia para renunciar, dice: “ Sí. Si el Papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar".Creo que ante el espejo de dolor de su antecesor, Ratzinger tenía muy claro el momento de su renuncia luego de haber enfrentado, casi que solo, los problemas de la Iglesia como la pederastia , la mafia en la banca vaticana y los famosos vatileacks, documentos “estrictamente reservados”, que violó su mayordomo de confianza Paolo Gabrielle, y que destaparon las pugnas internas en la Iglesia.Es aquí donde se comienza a ver “la mano de hierro con guante de terciopelo” del Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, quien será el encargado de organizar el Cónclave como Camarlengo de la Iglesia durante la Sede Vacante que inicia el próximo 28 a las 8:00 p.m. (2:00 p.m. en Colombia).Todo el mundo quiso compararlo con el incomparable Juan Pablo II, y algún periodista romano tituló el día de su elección: ‘Pastore Tedesco’ – Pastor Alemán –haciendo juego con su nacionalidad y su oficio de guardián de la fe. Le criticaron la marca Prada de sus zapatillas rojas y simplemente contó: “Me las regaló su fabricante y, como una persona mayor, me siento cómodo con ellas”.Y qué decir del montón de basura insultante que llegó a su twitter con preguntas obscenas y frases impublicables que le trinaban sus enemigos amparándose en la oscuridad virtual. Le llovieron críticas por borrar la mula y el buey del pesebre y por la misa en latín que promocionó como ejemplo de preparación para los seminaristas de hoy.Todo esto sumó para consumir a este hombre que, en mi concepto, con coraje y responsabilidad supo dar a tiempo un paso al costado después de haber enfrentado, casi aislado por la última cadena de intrigas vaticanas, y dejar a la Iglesia para su renovación en este año que designó de la fe.Creo que con su sencillez terminará escribiendo en el convento Mater Eclesiae o se irá a su Baviera natal a tocar el piano con las notas de Bach que tanto le gustan. A lo mejor, acompañado por su hermano Georg, otro músico-obispo, quien desvelaba a los vecinos cuando estuvo en el apartamento de su hermano en Roma para saludarlo como nuevo Papa.Cuando asumió el Pontificado dijo que tomaba “el timón de esta barca que hace aguas”. Hoy se baja de la nave de Pedro , el pescador, y la deja firme ante la tormenta que continúa y exige muchos cambios.

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