El chavismo vive su peor hora, tres años después de la muerte de su líder

Marzo 11, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Por Juan Francisco Alonso, corresponsal de El País en Caracas
El chavismo vive su peor hora, tres años después de la muerte de su líder

El presidente Hugo Chávez, ante de morir le dio la bendición a Nicolás Maduro para que fuera su sucesor, pero hoy su legado peligra por la gestión de este y las disputas internas en el chavismo.

Rencillas internas dividen el movimiento y habría facciones que quieren la salida de Maduro, cuya gestión ha sido calificada de fatal. Futuro es incierto.

Tres años después de aquel 5 de marzo de 2013, cuando Nicolás Maduro anunció a los venezolanos la muerte del  presidente Hugo Chávez,  tras haber  perdido  la batalla contra el cáncer, la dirigencia chavista quiere aprovechar  la  fecha  para movilizar a sus bases y tratar de cerrar filas en torno al sucesor del desaparecido líder.

Para ello se han dedicado, desde el sábado y por una semana, a realizar diferentes actos y homenajes. Sin embargo, la tarea luce cuesta arriba.

Problemas como la escasez de alimentos y medicinas y la inflación no han hecho sino agravarse en los primeros meses del año, lo que ha llevado a que todas las encuestas muestren que el 80% de los venezolanos reprueban la gestión presidencial. 

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Además la derrota en las parlamentarias, donde el oficialismo no solo perdió el control de la Asamblea Nacional sino que se quedó con menos curules de los que tenía la oposición,  no  ha sido superada y  está sacando a la luz las divisiones que hay en las filas de la llamada Revolución Bolivariana.

La semana pasada el país se sorprendió al conocer la noticia de que 9 militares que participaron en la intentona golpista del 4 de febrero de 1992, con la que Chávez se dio a conocer nacional e internacionalmente, difundieron una carta donde le exigieron a Maduro su renuncia, al considerar que se ha apartado del proyecto revolucionario original y su gobierno. 

“Ha devenido (…) en una autocracia que ha llevado al país a unos niveles impensados de anarquía, anomia, oclocracia y desinstitucionalización, cuyas consecuencias (…) han sido que el ciudadano común se haya convertido en víctima de la inseguridad personal y jurídica, impunidad, hiperinflación, desempleo, pérdida de la capacidad adquisitiva, hambre, depauperación y disminución extrema del nivel de calidad de vida, una permanente confrontación fratricida y la pérdida de los valores que caracterizaban a nuestra sociedad”, dicen.

Para el investigador del Centro de Estudios Políticos de la Universidad Católica Andrés Bello, Daniel Fermín; y el politólogo de la Universidad Central de Venezuela, Carlos Raúl Hernández, este gesto -impensable en tiempos de Chávez- demuestra que en el oficialismo hay quienes están conscientes de la gravedad de la situación y de los riesgos que supone para su pervivencia como actor político.

“Lo que estamos viviendo es la consecuencia lógica de una política ilógica. Esto es lo que el chavismo llama el legado, el legado es que tengamos que hacer cola por papel de baño, por harina de maíz para las arepas, el legado es la inflación galopante y eso ha acelerado el desgaste sistemático que venía sufriendo el oficialismo desde 2006”, afirmó Fermín. 

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Para el politólogo,   ese legado está poniendo en riesgo la permanencia en el poder del chavismo, “por eso luego de las elecciones del 6 de diciembre la disidencia chavista y el chavismo puertas adentro han comenzado a buscar culpables. No debería extrañar que la última carta que utilicen sea endosarle a Maduro el fracaso de esta etapa de la revolución para salvar al movimiento”.

En similares términos se pronunció Hernández. “Todo el que tenga un poco de sentido de conservación política sabe que Maduro es incapaz de dar el viraje que requiere el país y que, si no hay un cambio, eso podría conllevar a la pérdida del poder no solo central, sino a convertir ese movimiento en polvo y yo creo que hay gobernadores y alcaldes interesados en seguir en sus gobernaciones y alcaldías”.

¿Rebelión en la granja?

Semanas atrás el presidente de la Asamblea Nacional, diputado opositor Henry Ramos Allup, en el debate sobre la Ley de Amnistía tocó el tema de las divisiones en el oficialismo. 

“Ustedes saben la procesión que llevan por dentro: 3 grupos militares conspirando y 4 en el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) cayéndose a cuchillo y forzando la renuncia de Nicolás Maduro”.

Para los analistas, las palabras de Ramos Allup dan sustento a sus opiniones. Sin embargo, al preguntarles quiénes podrían liderar los grupos que estarían presionando a Maduro para que  dimita y  se convoque a  elecciones, ambos apuntan al exministro del Interior, Miguel Rodríguez Torres.

“Esos dirigentes chavistas que en un momento apoyaron a Maduro pensado que podían separarse de él cuando lo consideraban conveniente, no contaron con que el deterioro iba a ser tan rápido y por ello gente como Diosdado Cabello tienen muy complicado pretender dirigir al chavismo luego de Maduro, porque la suerte de  este está muy atada a la suya debido al apoyo que le dio en todos estos años para garantizarle su estabilidad. Lo mismo le ocurre al gobernador Tareck El Aissami y a toda la cúpula del PSUV”, afirmó  el profesor Daniel Fermín.

Carlos Hernández respalda esta tesis. “Rodríguez Torres es un tipo que está menos salpicado por este desastre y seguramente tendría más capacidad para movilizar a las bases del chavismo en una eventual era post Maduro.  Además viene hablando de constituir un Gobierno de unidad nacional”.

El exrector de la Universidad Católica Andrés Bello, el sacerdote jesuita Luis Ugalde, planteó hace dos años que “es inevitable un gobierno de transición salido del chavismo” y recordó el caso de España luego de la muerte del dictador Francisco Franco, donde la transición la condujo alguien de su propio régimen: Adolfo Suárez.

Desde que Maduro lo sacara del gobierno, Rodríguez Torres se ha estado reuniendo con bases del chavismo, organizaciones de izquierda aliadas al PSUV y con sectores abiertamente enfrentados al oficialismo como  empresarios o  comunidades religiosas, según admiten  fuentes cercanas al exfuncionario, quien fue uno de los militares que acompañó a Chávez en la intentona golpista del 92.

“Miguel ha estado visitando el país, ha  conversado con distintos sectores porque entiende el problemón en el que estamos metidos y sabe que hay que tomar medidas, algunas duras para evitar que se pierda la Revolución, y gracias a su gestión en el Ministerio del Interior es visto por muchos, incluyendo a la comunidad judía y a grandes empresarios, como el que puede liderar una eventual transición”, dijo un colaborador del exministro, quien agregó que este tiene el visto bueno de un amplio sector militar.  

Reclamo 

En 2015 en Venezuela se registraron 287 saqueos o intentos de saqueos, afirmó en su último informe anual el Observatorio de Conflictividad Social, organización dedicada al estudio de la protesta social en el país.Venezuela, que obtiene 96% de sus divisas del crudo y es altamente dependiente de las importaciones, soporta una acelerada inflación (180,9% en 2015) y escasez de dos tercios de los productos básicos, además de un enorme hueco fiscal que cálculos privados sitúan en 20% del PIB.

Futuro incierto

Los analistas se mostraron preocupados por el futuro inmediato, pues la caída de precios del petróleo y la parálisis del aparato productivo impiden al Gobierno atender todas las necesidades del país, lo que  puede terminar convirtiéndose en bomba de tiempo.

“La gente habla del Caracazo (el estallido social registrado entre febrero y marzo de 1989 y en el que miles murieron debido a la represión militar), pero resulta que todos los días tenemos pequeños caracazos en el país debido al malestar que hay en la población por la escasez de alimentos, medicinas y otros productos, y  el Gobierno en lugar de tomar medidas para corregir esa situación insiste en su rumbo y se niega a aceptar que ya no es mayoría y a bloquear cualquier iniciativa de la Asamblea Nacional, lo cual eso es muy peligroso”, alertó  Fermín.

Para el analista Hernández, de la dirigencia chavista dependerá si la salida a la crisis venezolana es “más o menos traumática” y para conseguir que el desenlace sea lo más llevadero posible llamó a la oposición a tender puentes con el chavismo disidente.

 

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