Dos colombianos narran cómo vivieron los atentados en Bruselas

Marzo 23, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Mari estaba allí, en el aeropuerto Zaventem, mientras las bombas estallaban. Édgar, cuenta cómo está la ciudad tras los atentados.

[[nid:519593;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/03/aeropuerto-de-bruselas.jpg;full;{Mari Villa, una estudiante de 23 años que se encuentra de intercambio en Bruselas, estaba en el aeropuerto de Zaventem para viajar a Berlín cuando ocurrieron los hechos. Cuenta cómo vivió los momentos después del atentado.Yefferson Ospina | El País}]]Mari estaba allí, en el aeropuerto Zaventem, mientras las bombas estallaban.  Subía a un avión que tenía como destino Berlín, en Alemania, y quizás por ello no pudo oír el ruido. Había llegado en enero a Bélgica desde Cali para realizar un intercambio cultural durante seis meses y ya sabía que el asunto de la puntualidad para los europeos era un dogma.   Así  que le extrañó que el vuelo, que debía salir a las 8:20 a.m., no despegara. Fue justo cuando se enteró: el piloto confirmó por el altavoz que el aeropuerto había sido blanco de un ataque terrorista y debían esperar en el avión para ser evacuados. Horas más tarde, luego de ser llevada con todos los tripulantes del avión a un hangar, en donde había al menos otras mil personas, y ser evacuada por la Policía de Bruselas, habría de enterarse  de que las bombas estallaron en la zona de entrada del aeropuerto unos diez minutos después de que ella pasara por ese lugar.  “Lo vi por televisión, vi los lugares en los cuales yo había estado casi diez minutos antes de la explosión. Fue cuestión de muy poco tiempo para que yo hubiera sido una de las víctimas”, dice.  Mari  viajó a Bélgica dos meses antes y había comprado un tiquete para Berlín, en un avión que saldría el 22 de marzo de 2016 a las 8:20 a.m. del aeropuerto Zaventem. Era la misma hora y el mismo lugar que un grupo de hombres había escogido para hacer un ataque que mataría a  decenas de inocentes.   Salvo que, en el caso de Mari, las coincidencias no fueron suficientes. Por un azar, Dios quizá, las bombas explotaron minutos después de que ella caminara a pocos metros de ellas.     Ayer, mientras hablábamos, Mari lo decía: “todos, de alguna manera, somos víctimas. Yo tengo que tomar el metro todos los días. Somos los blancos en potencia de los terroristas”.  Édgar, otro colombiano que hace dos años vive en Bruselas, hablaba del desconcierto general de la ciudad, de la desolación de sus calles: “es una ciudad fantasma”. Las calles están vacías y adentro de cada casa, dice, están las familias, frente al televisor, siguiendo las imágenes de esa destrucción, impotentes, tristes, pero no vencidos.  En las ventanas de las casas, de los cafés cerrados, de los edificios, se ondean banderas belgas y las imágenes del llanto se mezclan con el llamado a permanecer unidos, a no permitirle a la irracionalidad  otro triunfo.  “Es evidente el estado de shock por los atentados, pero también es evidente una fuerza interior que repudia el terrorismo”, dice Edgar.“Uno se siente frágil, pero a la vez percibe ese sentido de la unión de los europeos para defender su ciudad, su país. Me han dicho que me regrese, pero no lo voy a hacer. Yo tuve un sueño de venir a Europa, y no voy a renunciar a él por el terrorismo”, dice Mari.  Apoyo en redes Las lágrimas de Tintín y los hashtag  #JesuisBruxelles o #PrayforBelgium predominaban en la ola de solidaridad en el mundo suscitada por los atentados de Bruselas, especialmente en Francia cuatro meses después de los ataques de París. Los hashtags relacionados con Bruselas,  como #PrayforBelgium  fueron los más compartidos en la red social Twitter ayer.

 

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