Donald Trump: un 'huracán' que apenas está por comenzar

Donald Trump: un 'huracán' que apenas está por comenzar

Enero 08, 2017 - 12:00 a.m. Por:
Gerardo Quintero Tello | Especial para El País
Donald Trump: un 'huracán' que apenas está por comenzar

Esta es la portada de la revista Time, donde Donald Trump fue nombrado como Persona del Año 2016.

Varios de los integrantes del gabinete del Presidente electo generan polémica, aunque analistas advierten que en ellos está cifrado el estilo confrontador e independiente del magnate neoyorkino.

Si en los sectores moderados de Estados Unidos y una gran parte de la comunidad internacional existía la expectativa de que una cosa iba a ser Donald Trump como candidato y otra como presidente electo de Estados Unidos, el magnate neoyorkino está dejando muy en claro que el estilo polémico que expuso en campaña no lo va a cambiar y  que, por el contrario, está dispuesto a revolucionar el establecimiento político de Washington.

Bastó con que Trump, a comienzos de diciembre, soltara un par de nombres que engrosarán su equipo de gobierno en posiciones claves para que el avispero político se conmocionara, no solo en los Estados Unidos sino en buena parte del mundo occidental. Y no es para menos, la primera ‘bomba’ fue nombrar a Scott Pruitt, un hombre cercano a la industria petrolera, quien además ha negado públicamente el cambio climático, a la cabeza de la agencia medioambiental. Eso para muchos fue interpretado como si al lobo lo pusieran a cuidar las ovejas. 

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Lo paradójico es que Pruitt, un republicano de 48 años, ha pasado la mayor parte de su etapa como ministro de Justicia del Estado de Oklahoma luchando precisamente contra la Agencia de Protección Medioambiental, EPA, la misma que ahora dirigirá.

Solo transcurrieron ocho días de este polémico nombramiento,  cuando sectores de centro e izquierda no se reponían del mazazo, y el Presidente electo sacudió otra vez la arena política con el anuncio de Rex Tillerson, director y gerente del gigante petrolero ExxonMobil,  como conductor del Departamento de Estado, prácticamente el segundo cargo en importancia en el Ejecutivo.

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El debate no solo se atizó por los estrechos vínculos de Tillerson con el monstruo petrolero sino por la evidencia de los fuertes lazos que tiene con Rusia, el contradictor internacional por excelencia de EE. UU. y en momentos en que precisamente el mandatario saliente, Barack Obama, denunció la injerencia de este país en las  elecciones presidenciales.

Tillerson es considerado uno de los empresarios con mejores conexiones con los rusos, ya que administró un consorcio de explotación de crudo en la isla de Sajalín, en el este de ese país.

Como si fuera poco y para terminar de avivar el fuego, Trump decidió nombrar a John Kelly, un general retirado, a la cabeza del Departamento de Seguridad Interior, con lo que sumó un tercer militar al gabinete. “Es la persona indicada para llevar a cabo la urgente misión de frenar la inmigración ilegal y mantener la seguridad de nuestras fronteras”, fue el mensaje que el magnate envió al respecto. 

El Presidente electo, que asumirá funciones el 20 de enero, ya había designado a otros dos generales retirados en su equipo de gobierno: Michael Flynn, quien será  el asesor en seguridad nacional, un cargo clave en la elaboración de la política exterior y de defensa de Estados Unidos; mientras James Mattis, otro exmarine, se encargará de dirigir el Departamento de Defensa, de hecho será el primer general en dirigir el Pentágono desde George Marshall, nombrado en 1950 por el presidente Truman.

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La presencia de tantos militares ha preocupado a sectores de oposición que defienden el principio de un control civil sobre los cargos relacionados con la defensa y la seguridad nacional.

Surgen entonces interrogantes sobre el estilo Trump. ¿Qué pretende con estos nombramientos? ¿Cuál es el sello que quiere imponer en su gobierno? ¿Qué se puede esperar si Trump ya demostró que el espíritu independiente y combativo no era solo una estrategia de campaña?

“Trump fue electo presidente como un candidato insurgente, con una agenda de cuestionamiento no solo al Partido Demócrata sino también a sectores del consenso republicano, como el apoyo a acuerdos de libre comercio; pero el gabinete que ha promovido es de un corte conservador tradicional, con miembros bien conectados en Washington y Wall Street. Tres grupos parecen formar el núcleo del gabinete: militares retirados, ejecutivos de grandes compañías y gobernadores que han culminado o están en fase de terminación de sus mandatos. Es evidente que el vicepresidente electo Mike Pence, gobernador de Indiana, está jugando un papel central en componer las relaciones de Trump con el aparato tradicional republicano”, sostiene Arturo López-Levy, analista político internacional de la Universidad de Texas.

En ese sentido, Javier Leonardo Garay, profesor-investigador de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado, cree que en la conformación del gabinete hay una preferencia por personas con poca experiencia en esos cargos y con un énfasis empresarial, lo que puede ser problemático porque casi siempre la lógica empresarial es diferente a la pública.

“Pero por el otro lado también hay sorpresas por cuanto hay designaciones polémicas porque han sido nombradas personas que han  criticado la existencia de ciertas carteras o del tratamiento que se la ha dado a ciertos temas y en ese sentido podríamos esperar nuevas medidas para enfrentar diferentes temas, desde el punto de vista de educación, salud, construcción de vivienda, del cambio climático, que no necesariamente sean malas”.

Y es que a los polémicos nombramientos mencionados se suma el de Andy Puzder como secretario de Trabajo. Puzder es señalado, como  empresario, de estar opuesto al aumento del salario mínimo, ya que considera que eso genera pérdida de empleos menos calificados. También apoya la eliminación de la reforma de salud de Obama.

A la Secretaría de Salud llegará Tom Price, legislador de Georgia y antiguo cirujano ortopédico, quien ha sido un mordaz crítico del ‘Obamacare’, que ha dado cobertura médica a 20 millones de estadounidenses y cuya misión principal será acabar con la reforma de salud del Gobierno saliente. 

La nominación de Steve Bannon como alto consejero de la Casa Blanca desató un debate mayúsculo puesto que se trata de un republicano con posturas muy radicales, figura clave en la campaña de Trump, director ejecutivo de la conservadora plataforma de noticias Breibart y fuente de información del movimiento supremacista blanco ‘Alt Rigt’, que se destaca por sus posiciones  racistas.

“Considero que todos los nominados para ocupar los cargos cumplen características comunes: son personalidades polémicas, conservadoras y con formación militar. No me extraña, dado que de cierta forma siguen el perfil que se veía iba a tener este Gobierno y son aceptados por las clases medias blancas conservadoras de  EE. UU.”, explica Luciana Manfredi, experta en mercadeo político de la Universidad Icesi.

Mientras que Juan Albarracín, candidato a doctor de la Universidad de Notre Dame, en Indiana, enfatiza que, fiel a su estilo de ‘outsider’, el gabinete de Trump está lleno de figuras que están fuera del ‘mainstream’ del Partido Republicano, algunos con poquísima experiencia en política y otros que han defendido posiciones de extrema derecha.

“El nombramiento de Stephen Bannon, como asesor especial de la Presidencia y el del CEO de la petrolera ExxonMobil, Rex Tillerson, como secretario de Estado, son quizás los más controversiales, pero, en general, son pocos los miembros de su gabinete que no han causado polémica”. 

Igual percepción tiene Laura Gamboa, politóloga y profesora asistente de la Universidad de Utah State, quien advierte que casi todos los nombramientos de los ‘outsiders’ son controversiales, pero que los más preocupantes son aquellos que van a ocupar los puestos más altos.

“El Secretario de Estado, por ejemplo, tiene muy estrechas relaciones con Putin. La angustia que tienen muchos es que cambie radicalmente el sistema de alianzas internacionales de  EE. UU. El nuevo director de la National Security Adviser, NSA, ha dicho abiertamente que el ‘islamismo’ es una amenaza, sin distinguir entre personas que practican la fe de forma pacífica y los terroristas musulmanes. Bannon dirige un medio online que se ha declarado cabeza de la ‘alt-right’, un grupo que defiende la supremacía blanca. Su nombramiento ha sido muy polémico y ha generado angustia, sobre todo, entre grupos de derechos civiles y derechos humanos”, explica Gamboa.

El debate por los nombramientos ha llegado a la opinión pública y, de acuerdo con el centro de estudio Pew, solo cuatro de cada diez estadounidenses aprueban las primeras nominaciones, una proporción inferior a la que obtuvo Obama en diciembre del 2008 (71 %) y Bush, en enero del 2001 (58 %), antes de tomar posesión.

Por ahora, como dice el analista Garay, Trump está dejando en claro que será fiel al estilo que le trajo tanto éxito en campaña. “Este Gobierno será improvisador, controversial y ese estilo se va a mantener. Trump no tiene filtro sobre lo que sale de su boca, dice lo que se le ocurre. La verdad es que  hay que esperar porque puede sorprendernos con medidas que quizás nadie se había atrevido a tomar antes, es su estilo”.

Varios analistas han resumido el perfil del gabinete y lo que el nuevo presidente de EE. UU. quiere simbolizar en tres características de su equipo: blancos, ricos y con una fuerte tendencia militarista. Sin embargo, fue el propio Trump quien dejó en claro, a través de una de sus tantas anécdotas, cuál será el perfil de su equipo y qué quiere representar. 

El magnate  contó a un grupo de simpatizantes en Iowa que un periódico recientemente  se preguntó por qué no podía haber en su gabinete gente de recursos más moderados. Y la respuesta no pudo ser más  contundente: “¡Porque quiero a personas que hicieron una fortuna!”.

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