Diarios de viaje: ¿Por qué recorrer el Tayrona?

Julio 22, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Valentina Perdomo y Lucas Bravo / Especial para El País
Diarios de viaje: ¿Por qué recorrer el Tayrona?

La medida del tiempo es distinta para los habitantes del Tayrona. Para ellos, todo es cerca, o queda a “10 minuticos”, cuando en realidad las distancias son amplias, comentan Valentina y Lucas.

Conocer el parque Tayrona es el sueño de muchos extranjeros, pero debería ser también el de todos los colombianos. Conozca una reveladora experiencia.

Tras un largo camino a la tan anhelada Perla de Oro, la alegría y amabilidad de los samarios ya nos recibía desde la llegada al terminal de buses. 

Sin embargo, esta era tan sólo una parada antes de poder apreciar El Parque Nacional Natural Tayrona, el paraíso colombiano que Wikipedia y otras páginas triviales indicaban como el gran destino turístico, pero del cual realmente había poca información que nos advirtiera sobre las sorpresas para las que no estábamos preparados. 

Inadvertidos de lo que connotaba el tiempo para los habitantes del parque, sin pensarlo dos veces nos apuntamos inocentemente al primer recorrido: “El sendero de las nueve piedras”, que a pesar de ir en dirección contraria a nuestro campamento, duraba “tan solo 10 minuticos”. Soñamos con disfrutar del sol, la espesa selva, los exóticos animales y la maravillosa vista que debía tener la cumbre, pero la verdad es que a los 10 minutos del inicio solo encontramos el aviso de “20 % del recorrido”. Paramos, suspiramos, nos reímos un poco y seguimos nuestro camino.

Una vez en la cumbre, fue una grata sorpresa descubrir que cualquier descripción era breve para tan majestuoso paisaje. El cansancio de la caminata desapareció inmediatamente y la alegría nos motivó para subir las gigantescas rocas y ver más. 

La densidad de la selva es sorprendente, los diferentes tipos de bosques en el parque se dejan distinguir a lo lejos: espinoso, seco, húmedo y nublado, haciendo de la biopersidad un fenómeno realmente increíble. Además de ser una experiencia relajante que  permite disfrutar cada paso, logramos comprender el por qué para los samarios del parque el tiempo pierde su inherente característica cuantitativa y sobresale la cualidad del goce ante tal espectáculo.

Nuestra segunda y gran caminata continuó hacia Cabo San Juan de Guía, el clímax de cualquiera que hubiese decidido adentrarse en tal aventura. 

Y como cualquier hotel 5 estrellas, nos recibieron en la recepción a la hora del ‘Check In’ para registro y entrega, no de la habitación, sino de la carpa o hamaca en la que se pasa  la noche. 

Nuestra carpa estaba en buen estado excepto por unos ligeros agujeros que definían el tamaño de los zancudos que nos visitarían en la noche. 

El camping también ofrece servicio de comida en un gran restaurante, un cuarto de lockers, una tienda de chucherías y tres inodoros que presenciaban  imprudentemente las charlas matutinas de las duchas compartidas.

A pesar de encontrarnos en temporada baja, la cantidad de visitantes era alta, había más de 70 carpas sobre la playa, pero extrañamente eran más los visitantes extranjeros que disfrutaban de nuestro exótico paisaje. 

No obstante, no hubo barrera alguna que impusiera el idioma o la cultura cuando de persión se trató. Durante el día todos gozamos del mar, las caminatas por el parque y las montañas, pero en las tardes se reunían frente a la playa quienes querían jugar fútbol y era la puesta del sol quien pitaba el final del partido, pues aunque hay planta eléctrica, ésta presta servicio exclusivo a la zona del restaurante y baños. 

Mas allá de las innumerables sorpresas para las que ninguna fuente te prepara, recomendamos despertar con el canto de los loros, el murmurar de las olas, el amanecer con el sol tras las montañas y las grandes rocas, y disfrutar de un mar absolutamente claro y celeste con  arena blanca.

Es un plan   recorrer las selvas de las diferentes playas  y toparse con lagartos de todos los colores, guatines, pájaros carpinteros, gatos salvajes y, con suerte, micos tamarines, aulladores, titíes, zorros y caimanes. 

Debemos viajar más por nuestro país, recorrer sus innumerables playas, desiertos, selvas, páramos y cuanto se nos ocurra, pues nos hace recordar día a día el orgullo que tenemos de ser colombianos.

 

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