Conversación inédita de periodista caleño con la diva ElizabethTaylor

Abril 04, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Jorge Hurtado Ramírez | Especial para Gaceta
Conversación inédita de periodista caleño con la diva ElizabethTaylor

Gracias a los buenos oficios de una hija adoptiva de la actriz, el periodista caleño Jorge Hurtado Ramírez logró entrevistar, en el 2002, en Los Ángeles, a la diva de Hollywood Elizabeth Taylor, fallecida recientemente. Conversación inédita.

Aquí está. Gris y negro: turbante negro de Madame Gres, tailleur gris de Tom Ford, bolso y zapatos negros de Valentino, gafas negras Götte. Pendientes de Bvlgari. En uno de los dedos de su mano derecha destella un gigantesco diamante de Harry Winston.Su presencia me abruma. Me intimida. Me siento incapaz de iniciar cuestionamiento alguno. Algo me impide formularle la primera pregunta. Comprendo que estoy ante la súper estrella del deslumbrante Hollywood de los años cincuenta, sesenta y setenta. Entonces sonríe, se quita los enormes lentes oscuros. Y compruebo que de la legendaria belleza de su rostro tan sólo conserva los ojos. Los famosísimos ojos violeta, que van a juego con las amatistas que cuelgan de sus orejas. Pienso en la Taylor, frente a la Taylor.Prendo la grabadora.¿Realmente fue usted una figura inmaterial, una mariposa multicolor que revoloteó por el espacio y que para usted sólo significó forma, superficie y diversión?La labor de una actriz es recitar frases que otros han escrito para ella. Estamos hechos para brillar, para encantar. He trabajado muchísimo desde muy niña. He amado demasiado. Y he sufrido más de lo que el público se imagina.¿Está satisfecha con los personajes que ha interpretado?Sí. No exagero cuando digo que he vivido todas y cada una de las películas que he filmado. A Los Ángeles llegué con mis padres huyendo de los horrores de una inminente Segunda Guerra Mundial. Bajo la sombra de la Metro Goldwyn Mayer, crecí física y actoralmente. Permanecí en estos estudios cinematográficos desde ‘Lassie come home’ (1943) hasta ‘Butterfly eight’ (1960).¿Sus primeros amores?¿Mis amores juveniles? Recuerdo a Glen Davis, capitán del equipo de Rugby de la Academia West Point. Glen me trajo de Corea un collar de sesenta y nueve finísimas perlas. Hill Powley me dio el primer brillante: un solitario de 3.5 kilates. Sorpresivamente, el 6 de mayo de 1950, justamente una semana antes de cumplir los 18 años, me casé en Beverly Hills con Conrad Hilton. Llevaba un costoso vestido de seda y un diamante avaluado en setenta mil dólares. Entre los invitados a la ceremonia estaban Spencer Tracy, Fred Astaire, Gene Kelly, June Allyson, Debbie Reynolds, Rosalind Russell, Loilla Parsons, Hedda Hopper y Sheilah Graham. Pero la noche anterior a la boda comprendí que iba a cometer un gran error. Y el 29 de enero de 1951 obtuve el divorcio. ¿Intentó usted consolarse con Montgomery Clift?Yo amaba a Monty, vivía obsesionada con él. A pesar de que yo conocía sus otras preferencias sexuales que a él no le importaba ocultar. Honestamente me ofreció una sincera y tierna amistad. Luego se casa con Michael Wilding…Me uní a él, un actor mayor, el 21 de febrero de 1957, en Londres. Michael se arruina económicamente y se convierte en una pesada carga. Me toca sostener a un viejo pobre e histérico, enfermo de epilepsia y muy agresivo.¿Esto provocó su divorcio inmediato y la llevó a casarse apresuradamente con Mike Tood?Entregué mi amor a Mike Tood, un esposo ideal. Pero Mike perece en un accidente espantoso al estallar en pleno vuelo Lucky Liz, uno de sus aviones privados. Envuidé a los 27 años y convertida en madre de una niña: Elizabeth Francis Tood.¿Heredó cientos de millones de dólares?(Silencio total)Elizabeth Taylor no contesta mi pregunta y me aterra la idea de que dé por terminada la entrevista pues está visiblemente enfadada. De nuevo se cubre con las enormes gafas oscuras. Entonces recuerdo las palabras de Fernando Triviño, un colombiano europeizado, amigo de la Taylor: “Al mínimo enojo, háblale de joyas, de diamantes. Los adora…”.Le pregunto entonces dónde ha visto los diamantes más finos y la expresión le cambia. ¿Llegó a considerarse una mujer muy elegante?Elegante, no. De estilo muy propio, Con mis facciones de muñeca isabellina, mi fama y mi personalidad logré convertir la extravagancia en algo lleno de refinamiento muy ‘moody’, incluso a pesar de mi corta estatura y mi tendencia a subir de peso vertiginosamente. Richard Brooke, el director de ‘The cat on the hot tin roof’ al elegirla a usted, por encima de Grace Kelly, comentó: “Primero, es una belleza. Segundo, es una mezcla de niña y prostituta. Tercero, quiere amar apasionadamente. Cuarto, oculta algo”…Yo no ocultaba nada. Solamente quería demostrar mi talento. Esa actuación alcanzó un éxito en taquilla tan sólo superada por mi rol en ‘Suddenly last summer’, partiendo de otra obra de Tenesse Williams. ¿Esos son los momentos en que usted se ve envuelta en el escándalo de arrebatarle el cantante Eddie Fischer a su mejor amiga, Debbie Reynolds?Me uní a Eddie Fischer porque lo quería ciegamente. A él ya no le interesaba Debbie. En una de las escenas de ‘Cleopatra’, Richard Burton muestra un interés especial por Tolomea, que cobra visos de atracción fatal. ¿Fue en ese momento que se inició la aventura romántica más escandalosa de los años sesenta?Fue un romance que cobró dimensiones insospechadas en 1961, a partir de la publicación de una foto de nosotros dos abrazados en la cubierta de un yate. El publicitado romance encrespó los ánimos a niveles increíbles. En la Cámara de Representantes de Estados Unidos la congresista Iris Blitch instó una propuesta prohibiéndonos la entrada juntos al país. Fischer y Sibil, la esposa de Burton, que se negaban a concedernos el divorcio, bajaron la guardia. Entonces nos convertimos en el ‘love story’ más difundido del Siglo XX. Richard Burton me obsequia el diamante Krupp, una suntuosidad de 21 kilates, para muchos el “piu bello del mondo”. Para otros, “tan grueso como vulgar”… Pero también me regaló la Perla Peregrina y un centenar de piezas de incalculable valor, que siempre lucí a mi manera. Richard Burton y usted constituían la pareja ideal…Nos casamos el 15 de marzo de 1964 en Montreal, Canadá. La industria cinematográfica encontró en nosotros dos el filón más rentable de toda su historia: ‘Quién le tema a Virginia Wolf’, ‘La fierecilla domada’, ‘Resplandor en los ojos dorados’, ‘Los comediantes’, ‘Hotel Internacional’, ‘Doctor Fausto’…¿Cuál fue el motivo que los llevó a separarse?Los efectos del alcohol. Nos divorciamos el 30 de octubre de 1973 en República Dominicana. Burton proclama a los cuatro vientos su debilidad por una princesa yugoslava. Yo me voy con Henry Wynberg… Pero un 15 de octubre, en una rueda de prensa hacemos pública la noticia de que hemos vuelto a casarnos en África del Sur. Y el 29 de julio de 1976, cansados de destrozar apartamentos y habitaciones de hoteles, y de agredirnos verbal y físicamente, viajamos a Haití para separarnos definitivamente.¿Qué sucede luego?Un mes más tarde, Burton se casa con la modelo Susan Hut. Luego yo hago lo mismo con John William Warner, un senador de Middleburg, Virginia. En ese momento me uno a un divertido e irresponsable grupo pastoreado por Truman Capote y Andy Warhol, y conformado por Liza Minelli, Bianca Jagger, Giorgio Di Sant’Angelo, Halston e Isabella Rosellini, entre otros. En ese entonces, a finales de los setenta, Nueva York siempre estaba de fiesta. Studio 54 era el templo en el cual exorcizábamos nuestros demonios. En mi afán de retener a John Warner, visitaba a mi cirujano estético con mayor asiduidad que al odontólogo. Pero una noche descubrí que Warner me era infiel con Jaquie Kennedy y lo abandoné…Por esos días el galán George Hamilton insiste en asediarme. Pero no olvido que él es el compañero predilecto de Imelda Marcos y con esa oriental no iba a compartir nada.¿Mrs. Taylor, el abogado mexicano Víctor Luna?Con Víctor Luna tan sólo me tomé un par de tequilas en Puerto Vallarta. Usted estuvo internada en clínicas de desintoxicación…En uno de los institutos médicos conocí a Larry Fortensky, un excamionero y obrero de construcción de 37 años, fuerte y fornido. Con él reincido nupcialmente. ¿Cómo han trascurrido para usted estos último años?Sentimentalmente sola. He continuado mi peregrinar por hospitales y quirófanos… No me queda ninguna nostalgia del ayer. Ni quisiera de mi propio pasado. Ni por un solo minuto deseo recordar mi juventud. No me interesan los sucesos anteriores. Lo que no me interesa, lo olvido. ¿Y el cine?Al cine le debo casi todo. Al cine le entregué mucho. Pero el cine es, fundamentalmente, un entretenimiento. Encierra lo maravilloso, pero también lo superficial. ¿Qué queda entonces para usted?He buscado refugio en la música de Bach, Mozart y Béla Bartók. En la literatura. En presidir con mística la fundación que lleva mi nombre, comprometida a favor de las víctimas del Sida.

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