Con regulación, Uruguay busca quitarle 75% del mercado al narcotráfico

Diciembre 06, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Oriana Garcés Morales | Reportera de Elpaís.com.co
Con regulación, Uruguay busca quitarle 75% del mercado al narcotráfico

Óscar Gómez, viceministro de Educación y Cultura de Uruguay.

El viceministro de Educación y Cultura de Uruguay, Óscar Gómez, habló con El País sobre el proyecto de ley que busca despenalizar el consumo de marihuana en este país suramericano.

En el marco de la IV Conferencia Latinoamericana sobre Políticas de Drogas, realizada en Bogotá, el viceministro de Educación y Cultura de Uruguay, Óscar Gómez, le explicó a El País de qué se trata el proyecto de ley con el que se despenalizará el consumo de marihuana en ese país.De esta forma, 2013 podría pasar a la historia como el año en el que el Estado uruguayo se encargará de la producción y el consumo de marihuana, mediante una iniciativa que ya está en curso en el Parlamento y que plantea la regulación del mercado de esa sustancia.Sin embargo, el proyecto de ley ha generado dudas en un país que, al igual que el resto del continente, lleva varias décadas luchando contra el narcotráfico.¿Es legal consumir marihuana en Uruguay actualmente?En Uruguay no está criminalizado el consumo de marihuana. Hay una normativa que regula el consumo de drogas en general, el alcohol, el tabaco, los psicofármacos y es una legislación que tiene más de cinco décadas de vigencia, pero se ha ido adecuando y modificando. Lo que estamos trabajando ahora es una ley de regulación del mercado de la marihuana.El mayor problema que tenemos en este momento en Uruguay es que las redes criminales son las que manejan el conjunto de las drogas ilegales. Existe una clara diferenciación en los efectos de la cocaína, el LSD y el éxtasis con respecto a drogas que tienen un margen mucho más tolerable desde el punto de vista de la salud, como es el caso de los derivados del cannabis. Por ese motivo, el eje central de la política de drogas en este periodo tiende a una regulación y separación de los mercados de las drogas.Pero entonces ¿cuál es la diferencia entre regulación y legalización de la marihuana?La regulación implica un control estatal muy férreo sobre todo el proceso. Uruguay hasta el momento no es un país productor de marihuana, por lo que también debería estar en manos del control estatal la hipotética producción de cannabis. Para eso se va a crear un Instituto Nacional del Cannabis, que va a tener como objeto central todo lo pertinente al cultivo, comercialización, fraccionamiento, menudeo y expendedores de la marihuana.En ese sentido, tenemos como objetivo central proteger y promover y mejorar la salud pública. También queremos reducir el crimen y proteger a los grupos vulnerables. Tenemos que tener en cuenta que los efectos del mercado ilegal del cannabis hacen que –producto del paradigma vigente de guerra contra las drogas– esté penalizado a quien tiene en su poder 20 gramos.Entonces, ese jovencito de 19 años que prueba por primera vez el cannabis y tiene en su poder 20 gramos, va al mismo tipo de establecimiento penitenciario que el jefe del cartel de un barrio entero. Ahí también hay una falta de proporcionalidad entre la falta cometida y el castigo.Igualmente, con esto queremos maximizar el aprovechamiento del gasto. La política de guerra a las drogas ha dejado de manifiesto su ineficacia; a pesar de que hay incautaciones importantísimas, la evidencia demuestra que el consumo lejos de disminuir aumenta. Por lo tanto el acceso de jóvenes, fundamentalmente menores de edad, al consumo de cannabis es preocupante. No tenemos pruebas fácticas, pero creemos que la regulación y separación de mercados va a permitir un control para que el consumo de la marihuana sea lo más tardío posible.¿De dónde sale la iniciativa de presentar este proyecto?Para la sociedad uruguaya es preocupante que los índices de violencia tienen como epicentro la droga. No queremos un proceso que en Uruguay llamamos de ‘fabelización’, como las favelas de Río de Janeiro. Por lo tanto, el presidente de la República, José Mujica, hizo un llamado a la población para crear una estrategia para la convivencia y la vida, que tiene quince medidas. Una de esas es la regulación del mercado del cannabis y casualmente es la que tuvo más marketing, aunque no es la que tiene más proyección de fondo. No obstante, los medios de derecha han atacado con mucha fuerza este proyecto, haciendo una caricatura del mismo y señalando como que se está promoviendo el consumo de cannabis. Lejos de eso, lo que queremos es hacer lo mismo que hicimos con las leyes antitabaco, que han tenido como consecuencia juicios multimillonarios por empresas multinacionales como Philip Morris, pero que han mostrado indicadores de reducción del consumo, y menor incidencia en enfermedades cardiorrespiratorias.¿Qué camino falta para la aprobación del proyecto?Hay un elemento central: la fuerza política del gobierno en Uruguay, el Frente Amplio, tiene mayoría absoluta en ambas cámaras. Ese no es el problema. Lo que pensamos es que el debate tiene que ser democrático y convencer a aquellos que a priori pueden estar con visiones encontradas. El objetivo no es poner la aplanadora parlamentaria, sino poner el debate también en la sociedad civil.¿Cuándo será un hecho esa ley?El proceso parlamentario implica que se trabaje primero por la cámara que ingresó, que fue la de diputados. Ya fue aprobado en comisión y tiene que ir a plenaria. Debido al receso parlamentario, yo dudo que pueda ser aprobado este año. Seguramente va a ser una de las primeras leyes que seaprueben en febrero o marzo, cuando se levante el receso. Inmediatamente pasará al Senado y, si no tiene modificaciones, quedará aprobado. Si las tuviere tiene que reunirse la Asamblea General –senadores y diputados– y ahí se resuelve el proyecto. Entonces diríamos que entre mayo y junio sería aprobado.¿Cómo ha recibido la sociedad civil esta iniciativa?Con enormes temores porque el paradigma de guerra a las drogas ha calado muy hondo en sus 50 años de aplicación. Por lo tanto queda muy difícil a una sociedad moverle las estructuras de pensamiento. Sin embargo, estoy hay que decirlo con énfasis, hay legisladores de los partidos de derecha que han hecho sus propuestas sobre la legalización del autocultivo u otros mecanismos, que de alguna manera tiendan a evitar la criminalización del pequeño consumidor.¿Esta iniciativa se podría replicar en otros países de la región?Es muy difícil. Hay varias cosas que caracterizan a Uruguay. El tamaño, 180 mil kilómetros cuadrados sin selva, sin montañas, hacen fácil controlar el país. La población de menos de 3,5 millones de habitantes también hace que sea controlable identificando con tarjetas a los ciudadanos. No somos productores, simplemente tenemos una parte de ingresos clandestinos y algunas veces tránsito de la droga. Cuando uno habla de la separación de mercados hay que pensar en la gente que está en el narcomenudeo, por lo tanto hay que buscar una economía sustitutiva para no lanzarlos al delito de otra forma. Este momento de pleno empleo –Uruguay tiene la tasa de desempleo más baja de la región- también es un momento de abordar como una estrategia social la separación de mercados. En un barrio de Montevideo puede haber cien familias que están viviendo del narcomenudeo.¿Esas familias se incorporarán a la cadena productiva legal de la marihuana?Ya estamos pensando en programas de inclusión social. El Ministerio de Desarrollo Social, que forma parte de la Junta Nacional de Drogas, está abordando programas de empleo transitorio y rutas de salida. Esto significa que habrá empleos de seis, ocho meses, en los que la persona recupera los hábitos de trabajo. Hay un esfuerzo muy importante para que estas personas se unan en cooperativas de servicios y tengan un empleo sustentable. Todo esto, junto con programas de educación, porque de lo contrario es una venda chiquita ante una herida muy grande. Es un conjunto de políticas que estamos haciendo en asociación con todos los organismos del Estado.¿Cómo sería la puesta en práctica de este mercado? Uruguay no es un país productor de marihuana…Para evitar ese tema –porque pensamos que todas las soluciones tienen que pensarse en clave regional y continental–, estamos creando un nuevo organismo, Instituto Nacional del Cannabis, que tendría como tarea la producción bajo el control del Ministerio de Agricultura. Esto tendría que iniciarse en el segundo semestre del próximo año. Es un camino inédito, que no ha sido recorrido y seguramente va a tener modificaciones, ajustes, pero estamos convencidos de que el paradigma de las drogas ha fracasado.Si yo quiero vender marihuana, ¿pido un permiso al Gobierno y ya?Uno de los temas que tiene que tenerse en cuenta es que la regulación va a estar sobre la producción por los elementos de seguridad y para prevenir las fugas; sobre el producto: control de calidad, potencia del mismo, precio; y sobre los expendedores, las licencias y las capacitaciones.Hoy, por ejemplo, no todos expenden medicamentos psicoactivos, hay lugares específicos como farmacias y el sistema de salud. Esto sería bajo esas mismas premisas de ese aprendizaje que se ha tenido: lugares específicos y personas capacitadas para expender. Hay que regular los puntos de venta: dónde van a estar ubicados, cuáles serán los horarios de atención, la apariencia (no puede ser tan llamativo que convoque al consumo); lo mismo con la mercadotecnia, pensamos que debe ser una sola marca y que no haya competencia o publicidad; que en el momento de acceder se controle la edad y se tenga una historia clínica del consumidor, para que no se le convierta en un problema de salud.¿Qué edad mínima contempla el proyecto para que una persona pueda acceder a la marihuana?El proyecto habla de mayores de 18 años.Ustedes dicen que al regular el mercado de la marihuana se podrá reducir la violencia, pero la droga que más genera problemas por su tráfico ilegal es la cocaína, ¿qué pasará ahora con las demás drogas?Pensamos que al arrebatar al mundo del narcotráfico un 75% del mercado, en uno chico como el de Uruguay, implica que las otras drogas van a tener incluso menos usuarios. Ahí sí las políticas de defensa de la sociedad, a través de mecanismos represivos, van a tener una precisión más quirúrgica de operar justamente donde aparecen estos fenómenos negativos.¿Qué tendrá que hacer un consumidor para identificarse y comprar marihuana?Va a existir una tarjeta con código de barras donde la información va a estar a disposición, exclusivamente, de autoridades específicas del Estado, más no del que expende, quien sólo podrá saber si la persona ya consumió sus 40 gramos mensuales. De esta forma se quiere evitar que sea una tarjeta de uso libre o múltiple.¿Un extranjero podría comprar marihuana en Uruguay?Solamente es para residentes, porque tampoco queremos que nos pase como a Holanda y que Uruguay se convierta en turismo de drogas. Eso no es lo que queremos para nuestro país.¿Cómo le explicaría a un colombiano este cambio en Uruguay?No le explicaría, reflexionaría junto con el colombiano si la actual política que han desarrollado en el país ha dado resultados y si están conformes con los mismos. Si dice que la guerra de las drogas, el paradigma clásico, es útil para su país, pues ese es el consenso que tendrá la República deColombia. No queremos exportar políticas de drogas, queremos conversar, posicionarnos en los foros internacionales y entender que la soberanía de Uruguay implica que es un camino a recorrer por nuestras peculiaridades actuales.Por lo tanto, yo le sugeriría al colombiano que piense si es posible en su país, con sus historias, con su realidad económica y su pasado reciente, explorar estos caminos. Así como creemos que los colombianos deberán resolverlo de la manera que consideren más pertinente, esperamos que al menos miren con expectativa la experiencia piloto de un país que, en condiciones diferentes, hasta de accesibilidad geográfica, está avanzando en este sentido.Ante este nuevo panorama, ¿dejaría que sus hijos consuman marihuana?Uno de mis hijos consumió a muy temprana edad pasta base de cocaína y tuvimos un esfuerzo muy fuerte por parte de la familia, en clínicas especializadas, para recuperarlo. Pero este no es un caso como para decir que todos pueden salir de las drogas, pues él tuvo cuidado de la familia y posibilidades económicas para tratamientos incluso en el exterior. Sabemos que el tema de la drogadicción familiar es difícil y que el acceso a la pasta base de cocaína fue producto de que los mercados coinciden: el mismo lugar en el que venden marihuana también venden drogas más duras y, cuando uno tiene 13 años, no tiene la capacidad de saber cuál es la más adecuada.

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