Chernobyl, la historia de un desastre que no tiene fin

Abril 25, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee | Corresponsal de El País
Chernobyl, la historia de un desastre que no tiene fin

Veinticinco años después, dos sobrevivientes de la explosión nuclear narran la tragedia vivida. En Argentina hay 15.000 ucranianos que no reciben ninguna asistencia del gobierno de su país, ni del argentino, y que no tienen ningún control médico.

Hace 25 años juraron que nunca volvería a suceder. Que la culpa era de los burócratas soviéticos, de la ineptitud y del atraso en las instalaciones de la planta nuclear de Chernobyl, en Ucrania. Pero ahora, cuando la tragedia de Fukushima ha sido equiparada a lo ocurrido en Europa, elevando su gravedad a nivel siete, cuando la catástrofe se ha vuelto a repetir en uno de los países más avanzados del planeta, la pregunta que ronda el mundo es: ¿cuándo será la próxima?Larisa Kovalchuk vivía en Pripyat, el pueblo cercano a la central atómica. En mayo de 1986 se separó de su marido, quedó con la obligación de buscar el sustento de sus dos hijas, y después de tres años de haberse retirado de la planta nuclear, pidió el reintegro como electricista.Pero en la madrugada del 26 de abril, cuando estaba en su apartamento, sintió una enorme explosión, los edificios temblaron y todo se iluminó. Se acercó al balcón y vio un hongo con fuego; pensó que había explotado un vagón con combustible. En realidad, acababa de explotar el reactor 4, enviando una onda de radiactividad al aire que rápidamente se esparció por Europa. Pero Larisa no lo sabía, y volvió a la cama. Se levantó a las 11:00 a.m. cuando timbraron en su casa para entregarle unas pastillas de yodo. Era sábado. Larisa fue a la estación de buses pero estaba cerrada y la de trenes también. Nadie entraba ni salía. La gente estaba en la calle con los niños porque el gobierno no había dado ninguna instrucción. Se enteró de la gravedad de la situación cuando el hermano de su mejor amiga les contó lo sucedido y les advirtió que se encerraran en la casa y pusieran trapos en las puertas y ventanas. Larisa recuerda que ese día por la noche, “dijeron que teníamos que escuchar la radio el domingo a las 2:00 p.m. Anunciaron que nos preparáramos para un viaje de tres días, que lleváramos un bolsito con la ropa necesaria, algo de comida y los documentos. Todos dejaron sus perros y gatos, porque creían que iban a volver, pero nunca más lo hicieron. Yo regresé a los cinco meses, en septiembre de ese año, y en 1999, antes de volver a la Argentina”.Esto cuenta Larisa, 25 años después, en Buenos Aires, donde llegó en el año 2000 con una maleta, tres hijos, un nuevo marido y su madre, porque éste fue el único país que les dio la visa para radicarse. Larisa hizo el bachillerato nocturno, trabajó limpiando casas, y poco a poco logró ahorrar para comprar una casita, sin ayuda de nadie. En total, hay 15.000 ucranianos en Argentina que no reciben ninguna asistencia del gobierno de su país, ni del argentino, y que no tienen ningún control médico. “Recuerdo que tenía las tiroides agrandadas, tomaba pastillas, pero las dejé de tomar por mi propia cuenta. Después tuve un tumor de útero muy grande y me tuve que operar. Tengo problemas con la piel, con el corazón, que no anda bien, siempre estoy cansada, y ahora que tengo 50 años, me siento peor que mi mamá de 86”.La historia de TamaraTamara vivía en Kiev, la capital de Ucrania, ubicada a 70 kilómetros de Chernobyl. Ingeniera electrónica, tenía una confortable situación económica, un marido con un buen trabajo, dos apartamentos, una finca y dos carros. Sus padres vivían en una pequeña finca a ocho kilómetros de la estación nuclear, cuando sucedió el accidente. En ese momento, Tamara estaba con una amiga que trabajaba en un hotel cinco estrellas de Kiev. Por ella, se enteró de que algo había pasado, porque empezaron a llamar a los hoteles para que los extranjeros no se bañaran ni tomaran agua, y volvieran a sus países. “Como mi mamá estaba en la finca, y no había transporte, busqué la forma de llegar hasta allá. La gente seguía afuera, arreglando las huertas, porque nadie les avisó nada. Cuando llegué, mi mamá tenía los ojos muy hinchados, le dolía la cabeza y la garganta. No se veía ni se olía nada, pero todo estaba contaminado. Era primavera, el viento soplaba fuerte; luego llovió, precipitando la radiación. Las vacas que comían pasto se infectaron, también la leche, el queso, las verduras, no había nada que comer. El Primero de Mayo se realizó la manifestación tradicional, y no le dijeron nada a nadie”, relata Tamara a El País, en su apartamento del Abasto, en Buenos Aires.“Yo tenía una buena situación financiera y podía comer buenos productos, pero había que gastar mucho dinero. Dos años después, quedé embarazada y cuando llegué a la sala de partos, al lado mío había una señora y vi la cara de ella cuando dio a luz un pedazo de carne deformado, azulado, violeta. Ella miraba mi niña, imagínese el dolor de esa mujer; todo eso al lado mío. Después mi mamá murió de cáncer. Yo la cuide hasta el final; hice lo posible para que no sufriera, fue muy doloroso”. “La gente tenía miedo de que los niños jugaran con la arena en los parques, no podían ir a los ríos, ni comprar flores, porque estaban contaminadas, en los salones de belleza no querían tocar el pelo de otras personas porque si había llovido, tenían radiación. Mi hija se empezó a enfermar, tenía fiebre permanente y yo decidí venirme para Argentina y dejar todo para salvarla”.Tamara llora recordando su historia. Su conclusión debería ser escuchada: “Todos los que hacen estas centrales tienen que entender que cargan en sus espaldas con la responsabilidad de miles y miles de vidas. La tragedia de Chernobyl cortó a las personas en pedazos. Mi hija no recuerda a su abuela y, como ella, miles de personas perdieron todo. Los países que tienen reactores tienen que responder por las consecuencias. Tiene que haber castigo para los culpables. ¿Por qué si se estrellan dos carros siempre hay un responsable y cuando hay un accidente tan grande nadie responde?”.De Chernobyl a FukushimaAunque las autoridades de Japón igualaron el nivel de gravedad del accidente nuclear de Fukushima al de Chernobyl, éste último sigue siendo el desastre nuclear que más daños ha causado en la historia. La diferencia entre los dos accidentes, fue que en Chernobyl no existía ninguna estructura de contención y la explosión del reactor 4 liberó directamente a la atmósfera enormes cantidades de radiación que contaminaron amplias áreas de Europa. En Fuskushima, afectada por el terremoto y el tsunami, los reactores tienen casi intactas las vasijas de contención que rodean el núcleo atómico. En Chernobyl el reactor estalló mientras estaba en actividad. En Fukushima, se paralizaron los sistemas de enfriamiento llevando a un derretimiento parcial del núcleo del reactor, viéndose obligados a arrojar enormes cantidades de agua de mar para enfriarlos. La comisión de seguridad nuclear de Japón estimó que los reactores de Fukushima emitieron por hora 10.000 terabecquereles de iodina radiactiva 131, y que luego las emisiones cayeron a un terabecquerel por hora. En Chernobyl, el accidente liberó diez veces la radiación de Fukushima.El desastre contaminó amplias partes de Europa, en particular Belarus, la Federación Rusa y Ucrania, y afectó el ganado y los bosques hasta Escandinavia y Gran Bretaña.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad