Breivik: un asesino criado en una sociedad pacífica y libre

Agosto 04, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Diego Muñoz, corresponsal de El País en España
Breivik: un asesino criado en una sociedad pacífica y libre

Fotografía facilitada por Scanpix Norway que muestra a Anders Behring Breivik, el presunto autor del doble atentado perpetrado en Noruega el 22 de julio del 2011, que dejó 93 muertos en Oslo y una isla cercana, tal como aparece en el manifiesto y el video que él mismo publicó el día del ataque descubierto un día después.

Expertos señalan que la derecha noruega estaría detrás de las ideas del hombre que mató a 77 personas.

Si el autor del atentado a la sede del Parlamento y de la posterior matanza de jóvenes ocurrida en Noruega hubiera sido, como al principio se divulgó, de origen árabe o de tendencia religiosa musulmana, quizá la tragedia ya tendría una respuesta común y concreta. Pero como no ha sido así, sino que Anders Behring Breivik es el producto de la misma sociedad -además de ser blanco, de ojos azules, rubio, cristiano, de familia acomodada y educada-, entonces, más que una respuesta, casos como éste producen muchas preguntas. Y es que tanto Noruega como el resto del mundo no acaban de preguntarse lo que ha sucedido en este remanso de paz, en una de las sociedades más avanzadas, liberales y abiertas del planeta. Lo cierto es que no hay una sola respuesta, sólo aproximaciones. “Creo que al igual que en otros casos semejantes, -dice la psicóloga española Eire Ibarguen Manchejo- las respuestas hay que buscarlas en la sociedad noruega, en el entorno de estos jóvenes, en sus expectativas. Lo único que tranquiliza a todos es escuchar que estaba loco. Con eso nos contentamos y evitamos preguntarnos cómo se ha gestado tanto odio, cómo han pasado de raparse la cabeza, pintarse la esvástica a matar a gente”.La isla, en la que murieron al menos 68 jóvenes a manos de Breivik, fue un regalo de una poderosa confederación de sindicatos a las juventudes del Partido Laborista tras la Segunda Guerra Mundial. Y este año, por 60ª vez, los jóvenes socialistas de la Liga Juvenil de Trabajadores estaban celebrando allí su campamento político de verano.El ala juvenil del Partido Laborista ha estado siempre enfrentada a la dirección del partido. Los jóvenes militantes son más verdes y más rojos, además de que defienden el multiculturalismo y una política de inmigración más abierta. Ésa fue la razón por la que Anders Behring Breivik los considerara sus principales enemigos. Pero, ¿perdió la noción de lo que estaba haciendo? Los noruegos han dicho que no, que siempre estuvo consciente, calmado y frío.El argumento de la defensa será plantear su locura, a pesar de que el acusado insiste en que sabe muy bien lo que hizo y que no se arrepiente. Pero es lo que haría cualquier defensor en casos donde la atrocidad es tan evidente y el autor no es ni árabe ni musulmán ni pobre.“¿A los autores del 11S, de haber sido juzgados, les habría valido que la defensa alegara que estaban locos?”, se pregunta una chica española en un chat de los tantos que han dejado las noticias sobre lo ocurrido en Noruega. Y agrega: “Por qué cuando se trata de un musulmán o un árabe, son terroristas, pero cuando se trata de un blanco occidental, está loco?”.Para Johan Galtun, mediador de paz en casi un centenar de conflictos internacionales, y cuya nieta salió ilesa de la isla donde murieron cerca de 80 jóvenes del Partido Laborista, lo que ha pasado en su país es la obra de “un sicópata con ideas patológicas”.“Esas ideas-agrega- están allí y buscan su portador, ahora se difunden con más facilidad que nunca gracias a Internet. Breivik es inteligente y ha podido hacerlo sin ayuda, pero hay también grupos que pueden hacerlo no sólo en Noruega, sino también en otros países de Europa. En su escrito Breivik es como un apóstol, no menciona al nazismo, pero sus ideas son similares. Dice cosas como que el Islam es una amenaza porque quiere controlar a Europa”.Pero también hay otras respuestas. Una de ellas es que el joven noruego se dejó seducir por los partidos de derecha que ahora pululan por toda Europa y que llevan sus discursos hasta el odio racial, contra las minorías y los inmigrantes. Breivik, el autor del doble atentado, es un declarado islamófono, es decir que odia a los seguidores del Islam. Militó en el populista Partido del Progreso, el segundo más votado en las pasadas elecciones. Su líder Siv Jensen es de los que en la campaña ha avivado el miedo hacia los inmigrantes, el 10% de la población, entre ellos 80.000 musulmanes.La historia de ese país ha cambiado. La nación que se enorgullecía de dejar las puertas de sus casas abiertas, de que sus políticos anduvieran sin preocupaciones y que era uno de los remansos de paz, ha sido tocado por el terrorismo y la locura.“Estoy sorprendido por el éxito de mi plan”, dijo Breivik a su abogado Geir Lipperstad, quien ha agregado que el hombre de los atentados “se siente orgulloso de haber empezado una guerra, una nueva cruzada, que será continuada por nuevas células que actuarán en Noruega y en otros países”.Para el politólogo Antonio Mojedo García estamos ante una sociedad que está buscando siempre enemigos, “para echarle la culpa a sus fracasos políticos.“Lo que ha ocurrido en Noruega puede volver a pasar, puede repetirse en cualquier parte del mundo donde haya partidos y medios de comunicación que de manera constante están satanizando a sectores de la población, por ser diferentes, por pensar de manera distinta”.Lo único que podría parecer extraño en el perfil cotidiano de Breivik, de 32 años, es su afición por una serie televisiva llamada Dexter, en la que un técnico forense, que trabaja con la Policía de Miami, mata a delincuentes con los que la justicia no puede, una especie de vengador, un despiadado asesino en serie, que muchos apoyan, “porque creen en su misión”.Así las cosas, para muchos expertos en psicología otra de las preguntas que habría que hacerse es cómo ha sido posible que con la misma educación, el mismo trascurrir de los días, la misma cultura, la misma cotidianidad, existan personas tan opuestas en una sociedad tan liberal. “El autor del doble atentado, -agrega la psicóloga Eire Ibarguen Manchejo,- calculó con lujo de detalles la matanza de la isla de Utoya, con una frialdad gélida, que de alguna manera evoca la actitud del adolescente cuando juega desde su casa a la guerra en el televisor. En esos juegos el protagonista suele actuar solo, elige las armas más mortíferas, porque de eso se trata, de avanzar, matar y sobrevivir”. Pero no es lo único. “Esta masacre debe hacernos reflexionar sobre todas estas ideologías políticas extremas y cuáles deben ser los límites de la tolerancia sin depender donde se ubiquen, si a la derecha o a la izquierda, porque su resultado es siempre nefasto. Aquí en España se está jugando mucho con la inmigración, en Cataluña hay partidos que han ganado seguidores en las elecciones con posturas contra la inmigración y el Islam”.Noruega es uno de los principales exportadores de petróleo y el único que ha traducido sus beneficios en un gran sistema de bienestar social. Sin embargo, muchos no quieren compartirlo. Y si a ellos se suman un partido y unos medios de comunicación, el resultado podría ser, alguien como Anders Behring Breivik: el hombre que fue capaz de partir en dos la historia de una de las sociedades más felices de la tierra.“El asesino llamó a la Policía”Ayer se conoció que el autor de los atentados de Noruega, el fundamentalista y ultraderechista Anders Behring Breivik, telefoneó a la policía tras asesinar a decenas de jóvenes en la isla, con el fin de comunicar su disposición de entregarse. “Breivik, comandante integrado en el movimiento de resistencia anticomunista contra la islamización. La operación ha sido completada, quiero entregarme a Delta”, dijo en una llamada a la comisarÍa del distrito de Buskerud Sur. El agente que recibió el mensaje telefónico intentó devolver la llamada a Breivik en el acto, pero éste ya no contestó.

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