Breivik, el asesino que se creía el salvador de Europa

Abril 22, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Breivik, el asesino que se creía  el salvador de Europa

Anders Behring Breivik quien se ufanó en el juicio de haber cometido “la operación más espectacular hecha por un militante nacionalista en este siglo”, fue condenado a 21 años.

Avanza el juicio contra Anders B. Breivik, el autor de los atentados en la Isla Ut - Ya, donde murieron 77 personas. “Pensé que tenía que ejecutar a tantos como fuera posible”, dijo en audiencia.

El ultraderechista Anders Behring Breivik es el asesino confeso de los atentados cometidos hace nueve meses en la isla Ut - Ya, Noruega, en los que mató a 77 personas.El acto terrorista fue, ha dicho Breivik en el juicio que se le adelanta desde el pasado lunes, resultado de lo que considera su cruzada contra la amenaza islámica y el multiculturalismo que están “destruyendo” a Europa y Noruega.El autor de la mayor matanza en la historia reciente de ese país escandinavo se ve a sí mismo como un salvador, un profeta, que debería ser condecorado por un acto “patriótico”, como aseguró durante una comparecencia ante el juez.Desde que fue detenido el pasado 22 de julio, día de los atentados, Brevik apenas ha tenido oportunidades de expresarse en público, debido a las fuertes restricciones a que ha estado sometido en la cárcel de Ila, al oeste de Oslo. Pero ni en sus apariciones durante el juicio, ni en declaraciones a través de su abogado, este fundamentalista cristiano de 33 años ha mostrado señal de arrepentimiento.Lo que ha hecho es insistir en las ideas incluidas en ‘2083: una declaración de independencia europea’, el manifiesto de 1.500 páginas en inglés, que según él le llevó nueve años escribir y que difundió por Internet horas antes de cometer los atentados.Breivik vierte ahí su plan de “reconquista” de Europa y analiza con detalle casi enfermizo la actualidad política. El atentado contra el complejo gubernamental de Oslo y la masacre posterior en el campamento de las Juventudes Laboristas en la isla de Ut- ya, dijo, deben entenderse como “castigo” a la socialdemocracia, que ha “traicionado” a Noruega “importando” musulmanes.De ahí que se haya declarado responsable, no culpable, pues considera que aunque atroces , sus crímenes son necesarios .El fundamentalista ha intentado durante el juicio lograr un privilegio que los tribunales le han negado hasta el momento: una plataforma donde exponer de nuevo sus ideas. Breivik ya intentó dirigirse a los agraviados por los atentados en su primera comparecencia abierta en noviembre, pero el juez se lo impidió.En el papel que no pudo leer, Breivik quería decirle a las víctimas que debían darle las gracias, que los muertos son mártires, por una buena causa, y que deben entender que matando a unos, él ha salvado miles de vidas en el futuro.Que se le pueda considerar un enfermo mental y no penalmente responsable de sus actos, como hace el primero de los dos informes psiquiátricos que se le han hecho, le preocupa sobremanera.Ser declarado incapacitado sería “la humillación definitiva”, escribió en una carta abierta. Para él, ingresar a un psiquiátrico resultaría “un destino peor que la muerte”, ya que implicaría considerar sus ideas fruto de la enajenación mental.Aunque en desacuerdo sobre el diagnóstico final, ambos informes coinciden en señalar su personalidad narcisista y asocial, patente en su manifiesto, al hablar de sí mismo como eminencia intelectual.En su manifiesto revela también otros detalles que definen su personalidad egocéntrica, como sus operaciones de cirugía estética, su opción por la abstinencia sexual para no “desviar la atención” o el consumo de anabolizantes antes de los ataques para ganar músculo y agresividad.Una mirada a la biografía de este hombre, hijo de un diplomático y una enfermera y nacido en Oslo, muestra una infancia problemática.Sus padres se separaron cuando tenía un año, y se mudó con su madre y una hermanastra a un hogar del que las autoridades sociales estudiaron sacarlo, aunque finalmente acabó quedándose, cuando no prosperó una demanda por la custodia del padre.Con su progenitor, que se trasladó a vivir a París, mantuvo contacto hasta la adolescencia, para luego no verlo más.Según dicen sus conocidos de entonces, Breivik se mostraba en la escuela como alguien introvertido y reacio a hablar de su familia.Su compromiso político lo despertaron las agresiones que varios de sus amigos sufrieron supuestamente a manos de jóvenes musulmanes, y se concretó al unirse a las Juventudes del populista Partido del Progreso, que abandonaría tiempo después por moderado.Breivik, que nunca hizo el servicio militar y era miembro de una logia masónica, empezó a pensar entonces en actuar por su cuenta, y se preparó durante nueve años para su acción definitiva.Mientras escribía su manifiesto, creó una empresa tapadera para poder importar abono químico y alquiló una granja fuera de Oslo para preparar los explosivos, a la vez que se hacía socio de un club de tiro y usaba además como entrenamiento juegos bélicos en Internet.Los preparativos culminaron el pasado 22 de julio, cuando el joven, con una infancia difícil, se convertía, según sus propias palabras, en “un héroe europeo, un salvador... destruyo la maldad y traigo la luz”.El asesino relató la masacreAnders Behring Breivik relató en el juicio que se le adelanta cómo fue la masacre que cometió en la isla de Ut, donde asesinó a 77 personas, casi todos menores de 20 años. “Era un caos total, así que pensé que tenía que entrar en ese edificio y ejecutar a tantos como fuera posible” , dijo Breivik al referirse a la cafetería de la isla tras haber matado a varias personas que habían viajado con él el transbordador.Breivik dijo no recordar demasiado porque se hallaba en estado de shock y atento a posibles ataques, ya que había unas 600 personas en Ut, pero aun así pudo hacer un relato cronológico.El extremista noruego, entonces disfrazado de policía, contó cómo consiguió que le llevaran a la isla para informar sobre un atentado que había ocurrido en Oslo -en realidad provocado por él mismo con una furgoneta bomba- y su temor a ser descubierto.“Estaba casi seguro que encontraría resistencia contra la que tendría que luchar y probablemente morir", explicó.A bordo del transbordador se enteró de que había un policía de paisano y desarmado, por lo que enseguida se mostró desconfiado. El policía fue su primera víctima.“Estaba casi paralizado, tenía miedo, pensé que tenía muy pocas ganas de hacer esto (...) Todo mi cuerpo luchaba para no agarrar el arma. Cientos de voces en mi cabeza me decían: no lo hagas, no lo hagas”, declaró Breivik.Pero Breivik, que caminaba con el policía y otras personas, sacó la pistola, pensó que era “ahora o nunca” y disparó.“No corrí, no caminé rápido, sino tranquilo. Tenía mucho equipamiento, así que tampoco podía correr" , explicó.Pese a asegurar que no recordaba mucho de lo ocurrido, en su declaración se extendió en algunos detalles macabros, según la televisión pública que al igual que el resto de medios noruegos censuró partes de la narración por respeto a las víctimas.Relató que al entrar en la sala principal de la cafetería, vio a unas 15 personas y disparó a discreción, y le pareció que todo lo que veía era muy distinto a las series de televisión, afirmó.Mientras algunos intentaron defenderse, muchos jóvenes estaban paralizados por el miedo, pero el siguió disparando, volviendo a cargar el arma y rematando a las víctimas con tiros en la cabeza.Su táctica inicial era conseguir un efecto psicológico al llegar a Ut con los disparos y gritos como “vain a morir hoy, marxistas” , provocando que la mayoría se tirara al agua y se ahogase presa del pánico, algo que no salió como esperaba, por lo que siguió recorriendo la isla y disparando.Durante el relato Breivik se mostró imperturbable, mientras varios de los familiares de las víctimas lloraban.

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