Así viven los colombianos la crisis económica en Italia

Noviembre 28, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Por Ángela María Collazos | Reportera de El País
Así viven los colombianos la crisis económica en Italia

Stevents Rojas, caleño radicado en Parma dice que el euro es un problema. No se compra ni la mitad de lo que compraban con la lira.

El País cuenta las historias de varios colombianos que se las ingenian para sobrevivir en medio de la crisis económica de Italia

Mientras Giovani Roveri cena con varios amigos en su casa de Milán, el tema del que hablan no son los resultados del ‘Calcio’ (fútbol) o el último grito de la moda en esta capital europea. “Ahora sólo hablamos de la crisis económica, los sacrificios que tendremos que asumir y las cosas que ya no podemos pagar”, como la deuda de la casa que compró hace tres años.Este administrador de 30 años llevaba seis trabajando en una agencia de publicidad donde ganaba 1.950 euros (unos $5.070.000). Gracias a esos ingresos tomó un crédito para comprar la casa por la que paga una cuota mensual de 600 euros (alrededor de $1.560.000). El año pasado el panorama le cambió. La empresa lo despidió debido a la difícil situación económica que vive Italia.La Nación debe más del 120% de su Producto Interno Bruto, lo que llevó a la dimisión del Primer Ministro, Silvio Berlusconi. Mario Monti, quien lo reemplazó, anunció que los recortes que debe aplicar el Gobierno para salir avante son duros: “Vendrán grandes sacrificios”, dijo.A Roveri la situación ya le costó el empleo, aunque no baja la guardia y por eso completa su cuarta pasantía en compañías de publicidad y mercadeo en las que gana 600 euros pero sin derecho a prestaciones sociales, “vivir con esto en una ciudad tan cara como Milán es casi imposible”, contó. Por fortuna su padre, quien le sirvió de codeudor para el crédito hipotecario, se hizo cargo de la deuda para evitar perder la casa.Al igual que a Roveri, a la familia de la caleña Andrea Moreno también la ha afectado la crisis, pues se tiene que restringir de algunas cosas para vivir con los 2.000 euros que gana su esposo. Por ejemplo, procuran consumir carne sólo cuatro veces a la semana, por su alto costo (3 euros la libra). Él, que siempre fue un amante del arte ha tenido que abstenerse de ese placer, ya que hay que pensar primero en comprar la comida. Moreno, quien estudia Historia, ha dejado de comprar ropa, porque las cosas de sus dos pequeños hijos son una prioridad.Fabio Favaretto, esposo de la colombiana, relata que la gente antes vivía tranquilamente en ciudades como Venecia, pero a raíz de la crisis empezaron a mudarse a pueblos aledaños porque la vida se ha vuelto costosa.Así mismo, algunos beneficios como los subsidios que proporcionaba el Comune, lo que equivaldría a la Alcaldía de la ciudad, los han recortado. Antes el Comune le otorgaba dinero a los desempleados para ayudar a pagar la luz, el agua, o por si alguna madre quería matricular en un curso de piano o de fútbol a sus hijos. Ahora esas ayudas se han limitado porque según ellos, no tienen dinero y mucho menos para cosas que no son una prioridad. “Italia parece un país del tercer mundo, no es como en Francia que si estás desempleado el Gobierno te mantiene y te ayuda a conseguirlo”, se lamenta Moreno.El flagelo de la crisis también ha cambiado ciertas costumbres, como la compra de la primera propiedad tan pronto los italianos se gradúan de la universidad. Ahora los contratos de trabajo son inestables por lo que es difícil adquirir crédito en el sector financiero, ya que uno de los requisitos es que quien lo solicita lleve cinco años laborando en la misma empresa. No obstante, cuando el préstamo se logra, las personas temen llegar a ser parte del 10% de desempleados que alberga el país.Para el colombiano Stevents Rojas, radicado en Parma desde hace tres años, perder el trabajo se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de quienes viven en Italia. “Ahora se está hablando mucho de una ley de despidos fáciles. Pueden despedirte por razones mínimas”, afirma.Por eso el sueño de tener casa propia ahora es una utopía y un riesgo. Esto se refleja en que el 40% de los italianos entre 30 y 34 años han decidido vivir en casa de sus padres. Según Rojas, quien estudia periodismo, “la otra opción es el alquiler, que en una zona de clase media vale en promedio 900 euros en Milán. Así que para una sola persona vivir bien en una ciudad grande sin ahorrar habría que ganarse unos 1.500 euros, ingreso que muchos no tienen, ya que el sueldo mínimo no pasa de los 1.200 euros”.A pagar impuestosA esto se le suma que los italianos que sean dueños de bienes raíces ahora deberán pagar impuestos por los inmuebles que posean, algo que antes de la crisis no existía, medida que consideran inconstitucional.Por otro lado, el severo plan de austeridad ha afectado notablemente al sistema de salud, pasando de ser gratuito a tener costo. Según cuenta Daniele Fachinetti, empleado de una empresa de moda, “actualmente pagamos unos ‘tickets’ por medicamentos y tratamientos, cuyo valor es proporcional a los ingresos de la familia, pero estos son cada vez más caros”.Sólo están exentos de pagar los menores de 6 años y los mayores de 65 años con ingresos anuales menores de 36.152 euros, discapacitados, embarazadas y desempleados. Para los demás el costo de los medicamentos y de los tratamientos oscila entre 2 y 4 euros. El valor fijo de una cita médica es de 23 euros, una resonancia magnética 70 euros y una cirugía ambulatoria 46 euros.La reforma pensional también es otro de los sacrificios a los que se han tenido que someter si es que no quieren que Italia se lleve consigo la estabilidad de la Unión Europea. La edad de jubilación pasó de 60 años a los 65 para hombres y mujeres, según anunció el ministro Monti, quien espera congelar las pensiones para el 2012, aunque se especula que sólo será para los más adinerados. Según Alessandro Vernarelli, administrador de empresas radicado en Londres, su padre que vive en Italia, cotizó para recibir una pensión de 5.000 euros, y tal parece le sería disminuida el próximo año, aunque no sabe en cuánto. Vernarelli advierte que “Italia tiene una población de adultos mayores muy alta, por lo que al sistema a la larga se le vuelve insostenible. Los jóvenes no soñamos con llegar a tener una”.Los italianos han comenzado a sentir que su nivel de vida que solía ser muy alto ha disminuido. Los ciudadanos se sumen en la desolación de un futuro incierto. Para ellos el bienestar al que estaban acostumbrados ahora es un simple recuerdo. Según el economista Gabriele Valentini, la sensación general es que “ahora somos parte del tercer mundo, nos hemos ‘latinoamericanizado’ y la sociedad no está acostumbrada a esto”.Pese a todo esto, Italia aún respira y aunque para muchos la designación de Mario Monti como Primer Ministro significa una esperanza de cambio, para otros es un economista que por su trayectoria en grandes grupos financieros está más alineado con los intereses del sistema bancario universal que con los intereses del bienestar común, como dice Valentini “es probable que los más humildes sean los que paguen con lágrimas y sangre”. La cultura del placerEl italiano es un fiel amante de los placeres. Pero a raíz de la crisis se ha visto obligado a hacer cambios en su estilo de vida.La ‘dolce vita’ se acaba. Esa que va acorde con la buena mesa, los viajes y la moda. Ahora, antes de satisfacer un ‘antojo’ deben pensarlo dos veces y abstenerse de hacer gastos innecesarios. En cuanto a la comida y la ropa son precavidos y buscan las ofertas, aún así se resisten a inhibirse de tener en su casa buenas botellas de vino y pasta, y la ropa, por su alta calidad, no se privan de adquirirla, a pesar de que el IVA subió un punto. Pasó del 20% al 21%. No obstante, los largos viajes que antes eran programados, ahora continúan haciéndose con la única precaución de hacerlos más breves; ya no suelen ser de un mes, sino de ocho días. En cuanto al ambiente que se vive en Italia, aunque siempre se ha visto gente pidiendo limosna en la calle, en especial los zingari (gitanos), la crisis no ha alterado la tranquilidad y la seguridad de la que siempre se ha disfrutado. Las ciudades siguen siendo organizadas, limpias y en los pueblos pequeños, por lo general, no se registra un sólo robo. Igualmente, el nivel de turismo se ha incrementado e Italia sigue siendo uno de los destinos más codiciados por su historia, su cultura, la arquitectura y el arte.

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