Andreína: La hija de colombianos que murió en el ataque a la 'Resistencia' en Venezuela

Andreína, la hija de colombianos que murió en el ataque a la 'Resistencia' en Venezuela

Enero 22, 2018 - 12:07 a.m. Por:
Rosalinda Hernández - Especial para El País
Andreína Ramírez Mantilla

Andreína Ramírez Mantilla cursaba cuarto año de odontología en la Universidad del Zulia y era técnica superior en enfermería, según sus parientes.

Foto: Especial para El País

"Quiero salir corriendo por la calle para pedir que me la entreguen, la quiero aquí conmigo, enterrarla aquí en San Cristóbal", repetía empapada en llanto Faride Mantilla, madre de Andreína Ramírez, muerta en el operativo desarrollado en contra de Óscar Pérez, exfuncionario del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas y líder de 'Resistencia'.

Cinco días después de los trágicos hechos, los familiares de la joven, nacida en San Cristóbal, aún no salían del asombró al enterarse que ella se hallaba en el chalet atacado por las fuerzas de seguridad venezolanas presuntamente por tratarse de “terroristas”.

“Me la quitaron, se la llevaron. No sé por qué le hicieron eso, mi Dios es justo y ellos tienen que pagar. No confío en la justicia de aquí, la justicia es ellos, mire lo que hacen. Mi confianza está en Dios y más nada”, señala la madre de la joven que cursaba cuarto año de odontología en la Universidad del Zulia y era técnica superior en enfermería.

De 63 años y llena de dolor también repetía: “No creemos que Maduro los hubiera querido vivos. ¿Cómo es posible que pasaran por encima de las órdenes del Presidente?, eso es mentira, Maduro los mandó a matar”.

Ella y su esposo, Ángel Mantilla, llegaron a Venezuela hace 40 años, provenientes de Ocaña, Norte de Santander, buscando un mejor futuro para la familia y para los hijos.

“Todos nos veníamos a Venezuela a trabajar porque cualquier cosa que uno ganara era mucha plata y aquí había oportunidades. No nos hemos ido porque creemos que las cosas van a cambiar, este país lo adoptamos como nuestro. Ya nos sentimos venezolanos y nos duele lo que pasa”, dijo Faride apretando la mano de Yamile, la mayor de sus hijas, también de nacionalidad colombiana.

De tener la oportunidad de estar frente a los verdugos de Andreína, a pesar de la indignación, afirma que “no les diría nada. Se los dejo a Dios, que es el único que puede hacer justicia. Tengo mucha rabia, ella no merecía morir así. Si ellos pidieron clemencia (el grupo de resistencia), si se querían entregar, ¿por qué los mataron? Si alguien pide clemencia, ¿usted lo mataría?: No, eso no se hace”.

El padre de la joven, a su vez, muestra orgulloso un álbum fotográfico que ella elaboró con sus manos. Allí se muestra un recuento de los mejores momentos de la vida de Andreína, familia, amigos y esposo, plasmados en fotografías que ella resaltó con dibujos de corazones, estrellas y flores coloreados en tonos alegres y pasteles.

“Tengo que estar sereno, soy la fuerza de la familia. Estoy recuperándome de un infarto que me dio hace unos meses atrás, ya es el segundo, debo controlar mis emociones”, dijo con los ojos enjugados en llanto.

Nunca pensó en morir

Andreína envió mensajes a su familia antes de morir: “Pidió perdón, nos dijo que nos amaba mucho y a las amiguitas les envió mensajes de texto en los que les pedía que la ayudaran, que la habían hecho presa. Ella se sintió atrapada, pero nunca imaginó que la iban a asesinar”, narró Shirley Ramírez Mantilla, hermana de la joven asesinada.

Andreína es recordada como una muchacha emprendedora, alegre y siempre con deseos de superarse. Nació el 25 de septiembre de 1988, tenía 30 años y fue criada en la religión católica, por lo que sus parientes aseguran que era incapaz de atentar contra alguien.

Conoció a su esposo, Jairo Lugo, quien también cayó abatido en el operativo, cuando alquilaba teléfonos celulares en las inmediaciones del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc).

“Con Jairo se conocieron en la sede del CICPC, en San Cristobal, él vino a hacer un curso, era sargento de la Guardia Nacional y pertenecía al Grupo de Acciones Especiales, GAES, de ahí se fue de baja. Ellos se enamoraron y se fueron a vivir a Maracaibo”, narró la hermana colombiana.

Sin poder contener el llanto, Shirley recordó que Andreína pasó las fiestas navideñas con la familia. “Fue una navidad muy especial porque, curiosamente, teníamos muchos años sin pasar el 24 y 31 con ella. Siempre compartía solo una de las dos fechas. Retornó a su casa en Maracaibo el lunes 8 de enero porque tenía que estudiar”.

Sus allegados desconocían que ella iría a Caracas, hasta el pasado lunes que envió una nota de voz a su hermano pidiendo que la perdonaran.

“Ahí empezó nuestra angustia, luego vimos los videos que difundió el muchacho Óscar Pérez y reconocimos a Jairo (esposo de Andreína)… y hasta que nuestra hermana, que está en Caracas, no pasó a reconocerla en la morgue, no nos convencimos de que estaba muerta. No creíamos nada. Ella no era terrorista, era un ángel, tenía una fundación y ayudaba a los niños de escasos recursos con ropa y lo que podía. Todavía no me cabe en la cabeza la manera en que muere”, precisó Shirley.

El cuerpo no está

Es viernes. El grupo familiar, sentado alrededor de la estrecha vivienda, trata de completar las diligencias del traslado del cuerpo de la joven al fronterizo estado Táchira.

Hablan con servicios fúnebres, los diputados de la Asamblea Nacional los ayudan con contactos para el traslado, el movimiento estudiantil planifica el sepelio y el Alcalde de la ciudad ofrece cubrir los gastos del cementerio. Solo falta un detalle: el cuerpo no está.

“Por qué no nos entregan el cuerpo de Andreína y el del choro colectivo Heicker Velázquez -miembro de las fuerzas de seguridad de Venezuela que atacaron al grupo Resistencia- de una vez sí lo entregaron y le rindieron honores, condecoraciones, como si fuera Simón Bolívar. Ahí ve uno las injusticias, aquí todo es al revés. Los buenos son los malos y los malos quedan como los buenos. En Venezuela parece que es mejor ser malandro y cometer injusticias que ser una persona de bien”, rumora, con rabia, Enrique Ramírez, hermano de la joven asesinada.

El diputado Franklin Duarte, delegado para acompañar a las familias de los caídos en la morgue, aseguró que todas las actas de defunción señalan que los siete abatidos mueren por disparos en la cabeza. A las 9:30 de esa noche, al finalizar una reunión del alto mando militar venezolano, la decisión fue no entregar los cadáveres a sus respectivas familias, orden que cambió el sábado cuando los restos de Andreína finalmente pudieron ser trasladados al Táchira, donde fueron sepultados por su familia.

*Este artículo se hizo en asocio con El Tiempo y El Colombiano.

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