¿Afecta el racismo a los latinos en EE. UU? Cuatro vallecaucanos cuentan su experiencia en ese país

Agosto 19, 2017 - 10:02 a.m. Por:
Jamir Mina Quiñónez / reportero de El País 
Protesta por racismo

Las protestas por los actos racistas se han extendido a todos los rincones del país.

EFE

Miradas poco acogedoras, mensajes discriminatorios, limitaciones para ingresar a sitios públicos, son solo algunas de las muestras de racismo, que han sufrido cuatro vallecaucanos en Estados Unidos. Como ellos, miles de latinos.

"Estábamos en una fiesta en Texas cuando se apagó la música e informaron que todos los negros y latinos debíamos abandonar el lugar. Nos sacaron. Llegó la Policía e hizo una línea imaginaría para que no nos arrimáramos a los blancos", cuenta Carolina Ramírez, de 27 años, quien había viajado desde Cali hasta el norte del continente por motivos de trabajo. 

Ella, caleña de grandes caderas y figura imponente, se vio disminuida ante semejante realidad. "Acá la cosa es así", la consoló otro de los latinos segregados del espectáculo.

En ese momento el cúmulo de factores no la ayudaban mucho, en ella se exteriorizaban muchas de las cosas que algunas personas acostumbran a discriminar en la tierra del 'Tío Sam': es mujer, latina y negra.

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El fenómeno del racismo al parecer ha encontrado un nuevo envión en los Estados Unidos.

Los últimos hechos así lo evidencian: la reaparición de grupos extremistas como el Ku Klux Klan, marchas de abierto rechazo a todo aquel que no tenga la piel blanca, y, como si fuera poco, ataques violentos.

"Desde que Trump asumió como presidente la gente racista se cree con más fuerza para salir y expresar sus mensajes de odio, no solo con las personas afrodescendientes sino con nosotros los latinos. En New York el fenómeno se siente cada día más fuerte", dice Mario Alejandro Olaya, caleño, de 24 años, y radicado en New Yersey desde el 2003.

Quizá muchos no sepan qué consecuencias trae el racismo, otros no sabrán ni por qué lo hacen, solo siguen el mensaje que ha circulado de generación en generación, y unos más encuentran en este fenómeno la oportunidad para canalizar sus miedos y exteriorizarlo en un odio capaz de sobrepasar todos los límites, reflexiona Mario, quien trabaja como técnico en mantenimiento de piscinas.

Aunque no es afrodescendiente, su raza mestiza también es una barrera para llevar una vida normal en ese país. "A veces vamos a la ciudad (Nueva York) y nos niegan la entrada a restaurantes o a otros sitios por no tener la piel blanca y ojos claros. Igualmente, hay personas que se pasean con banderas que dicen: Fuera de aquí latinos, son lo peor".

Colombiano en Estados Unidos

Mario Olaya.

Especial para El País

Y precisamente ese extremismo produjo el último incidente en Charlottesville, Virginia, donde un hombre perteneciente a la 'Supremacía Blanca' - una rama del Ku Klux Klan- atropelló con un carro a decenas de personas que rechazaban las últimas movilizaciones racistas desarrolladas en ese condado. Una persona muerta y 23 heridas, entre ellas una latina de madre caleña, fue el saldo de la acción discriminatoria.

El hecho generó una división que hizo recordar los episodios vividos durante la guerra de la secesión, la cual, paradójicamente tuvo la primera punzada contra la esclavitud y racismo en Virginia en 1859.
Por aquella época, los estados del sur defendían la esclavitud y los del norte, comandados por Abraham Lincoln, querían abolir esa degradante práctica humana.

Ahora, el racismo y discriminación no solo arremeten contra los afrodescendientes, sino que también involucra a los latinos.

"La situación acá para nosotros no es fácil y más si uno no habla inglés. Siempre hay que estar preparado porque en cualquier momento aparece alguien vociferando un mensaje de racismo o de discriminación", complementa Mario.

La alerta por la exposición sin prejuicios de estos mensajes racistas ya ha tenido repercusión hasta en la ONU, organismos que advirtió un crecimiento de esta práctica discriminatoria en Estados Unidos.

"Estamos alarmados por la proliferación y prominencia que han ganado los grupos que promueven el racismo y el odio. Actos y discursos de este tipo deben ser condenados sin medias tintas, y los crímenes de odio investigados y sus autores sancionados", reclamó la organización en un comunicado.

"Vete a tu país, negro de m..."

"La acogida para los latinos no es hostil, pero sí algunas veces hay diferencia en el trato; por ejemplo, en el 2015 me tocó apreciar un acto de racismo contra un ciudadano de Ghana, que golpeó sin intención el carro de un americano blanco. Inmediatamente el señor se bajó y al ver que era negro le dijo: "vete a tu país, negro de m...", relata Camila Peña*, una bonaverense, de 28 años, residente en Connecticut.

Agrega que muchas personas pasaban por el sitio y escuchaban los insultos racistas del hombre y se mostraban indiferentes ante la situación. Era parte del paisaje.

Precisa que hay una gran cantidad de estadounidenses amables, que están alejados de las prácticas discriminatorias, "pero hay otros a quienes les molesta tener que cruzarse con un negro o un latino".

"Muchos americanos ignoran la presencia de negros en Latinoamérica. Muchas veces me preguntan: de dónde eres, y cuando respondo que soy de Colombia, responden: ¿acaso hay negros en Colombia?"

Se sienten empoderados 

Supremacía Blanca y el Ku Klux Kan, son algunos de los grupos abiertamente racistas que han recobrado su fuerza y protagonismo con la llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos.

De acuerdo con medios de comunicación estadounidenses, la relación del crecimiento de estos grupos y la llegada de Trump al poder se basa en que dichas organizaciones promovieron la candidatura y campaña del político republicano.

"Yo trabajo en un supermercado en la Florida desde hace nueve años y aunque la gente es muy amable sí se nota el crecimiento de la discriminación. La gente ya se siente más empoderada para tratar mal a los negros y latinos", señala 'Martín', un palmirano, de 51 años, radicado en Estados Unidos.

Complementa que ante tal situación no hay mayor remedio que la resignación. "Yo no vine hasta aquí para pelear con nadie, los malos tratos son diarios, pero yo trato de que eso no repercuta en mi vida", concluye.

Estos relatos son tan solo la punta del iceberg de un problema vigente en el país de las libertades, donde en algunos casos la diferencia es rechazada y el color de piel es determinante en muchos escenarios. 

*Nombre cambiado a pedido de la fuente

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