A ritmo de cacerolas siguen críticas contra Cristina Fernández en Argentina

Noviembre 10, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Patricia Lee | Corresponsal de El País, Buenos Aires

Los argentinos rechazan la reelección de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Líos económicos y corrupción tienen en jaque al país.

Desde la hora de salida de las oficinas, el centro porteño empezó a llenarse de gente. Por las grandes avenidas como Santa Fe, Rivadavia, Corrientes, y por la amplia 9 de julio, grupos de personas empezaron a caminar hacia Plaza de Mayo. Lo mismo sucedió en las esquinas emblemáticas de Buenos Aires, como Acoyte y Rivadavia, o Cabildo y Juramento, en el barrio de Belgrano. A las nueve de la noche, la policía calculó 250.000 personas en el Obelisco.“Libertad”, “No a la muerte”, “Yo no voté a la kretina”, “Cristina, escuchá, yo te voté”, “el voto no a la impunidad, la estafa moral y el vaciamiento económico”, “esto es corrupción”, “sí a la democracia, no a la reelección”, “Stop corrupción”, eran algunas de las miles de consignas, escritas en papel, en cartulina, en telas, improvisadas a mano, que se mezclaban con otros carteles cuidadosamente elaborados y preparados, con globos gigantes y banderas de cien metros.La del jueves ha sido la mayor manifestación de descontento popular contra Cristina Fernández de Kirchner, superando a la del 13 de septiembre, que tuvo réplicas en todo el país, y que dice, juntó, más de un millón de personas.CansancioLa marcha, la tercera en este gobierno, fue una categórica muestra del cansancio con la Presidenta de Argentina, que acaba de cumplir un año de su reelección con el 54% de los votos. La convocatoria, a través de las redes sociales, fue fundamental.Algunos dicen que se trató de una manifestación “rara”, como la definió el escritor Martín Caparrós, porque no tuvo dueño. Los partidos de oposición respaldaron, pero no fueron los protagonistas de ese resultado espontáneo y masivo.Allí estaban los que afirman haber votado por Cristina, los que votaron en contra, los que quieren que se vaya y los que fueron a exigirle que arregle las cosas. “No quiero que se vaya, quiero que nos escuche”, decía una señora. “No la queremos más, basta de corrupción”, replicaba un señor.Los voceros del gobierno descalifican la marcha como una expresión de la derecha golpista, parecida a la de 1955 que permitió el golpe militar contra Juan Domingo Perón. “El 8-N es un invento de una facción de ultraderecha, la mayoría financiada por la Fundación Pensar, por gente de la Sociedad Rural y por viejos remanentes de lo que fuera el golpe militar, ligado a lo más rancio de la extrema derecha de la Argentina”, dijo el senador Aníbal Fernández, uno de los más controvertidos defensores de Cristina. “Los tilingos (que presumen de finos) del 8N van a juntar gente, para decir que hay 20 veces más y comenzará la diatriba golpista”, escribió en twitter el dirigente kirchnerista Luis d’Elía. Rosario de quejasEl mal humor colectivo se vio aumentado por los 35 grados de calor, un pico histórico para esta fecha, que hizo colapsar los servicios de luz y de agua en enormes zonas de la ciudad en medio de un caos del tránsito por el apagón de los semáforos y de la falta de recolección de basura por un conflicto gremial.Una señora resumió lo que puede ser la esencia de esta protesta: “No me alcanza para vivir, trabajo catorce horas y quiero saber dónde se puede comprar por $19,90 al día, como dice el gobierno”. La inflación, estimada en un 25 % anual por fuentes independientes y negada por el gobierno, es el fondo de todos los problemas. El EMI, que mide la actividad industrial, dio una caída del 4 % en septiembre, con dos trimestres de retracción, y la construcción cayó 8,1 % en agosto. Los conflictos sociales se agudizaron en las provincias, con huelgas policiales, de maestros y de empleados estatales, con la huelga masiva de gendarmes y personal de prefectura y la adhesión de las Fuerzas Armadas.A esto se suma la falta de inversiones en infraestructura, la crisis energética que llevó a la nacionalización de la empresa de petróleo YPF, el desastroso estado del transporte público que provocó la tragedia del 22 de febrero en la estación de Once, cuando un tren se estrelló contra el andén dejando 51 muertos y más de 700 heridos.Se agregan los escándalos de corrupción como el del vicepresidente Amado Boudou, quien como ministro de Economía, autorizó salvar de la quiebra a la ex imprenta Ciccone, que luego fue comprada por personas de su entorno, y que recibió jugosos contratos del Estado para fabricar billetes de cien pesos.El “cepo al dólar”, y la restricción de las importaciones para pagar los compromisos de la deuda externa provocó una devaluación de hecho, ya que es casi imposible comprar dólares y se creó un mercado paralelo donde vale 40 % más que el oficial.Esta medida afecta a un reducido sector de la población, pero generó el retiro de los depósitos en dólares de los bancos (cayeron a la mitad en un año) y aumentó el mal humor de la clase media, que no puede comprar dólares para ahorrar.

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