200 camándulas reposan en los cementerios de la guerra Malvina

Marzo 28, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Argemiro Piñeros Moreno I Enviado especial de Colprensa a Malvinas
200 camándulas reposan en los cementerios de la guerra Malvina

Las 230 tumbas de los argentinos lucen como si fueran el batallón de los rosarios que penden sobre cada cruz.

Los restos de cerca de 650 militares ingleses y argentinos reposan en dos cementerios de las Islas Falkland en las Malvinas.

Unas 200 camándulas (rosarios), cinco figuras de la Virgen de Luján, cientos de adornos de flores, gorros militares y algunas medallas acompañan a diario los restos de por lo menos 650 hombres que dieron su vida por la soberanía de un territorio que aún sigue en disputa.Son los cementerios de San Carlos y el Militar Argentino que tienen bajo su tierra los restos de los jóvenes soldados que cayeron en la guerra de Las Malvinas, que inició el 2 de abril de 1982 y finalizó el 14 de junio del mismo año.El inglés, ubicado en la bahía de San Carlos y que lleva ese mismo nombre, se encuentra allí porque fue en ese lugar donde empezaron a desembarcar las tropas militares inglesas para enfrentarse a las argentinas. En la zona fue ubicado, además, el hospital militar donde atendían a los heridos en combate.De eso hoy solo queda un derruido puerto, un pequeño caserío, incluida la casa de la diputada (legisladora de la isla) Sharon Halford y un museo militar que tiene prendas, municiones y objetos varios con los cuales combatieron los marines ingleses. También están los vestigios de lo que fueron las armas letales que usaron los argentinos, entre las que están minas antipersona.El cementerio da sobre la bahía, donde ‘desembarcan’ frecuentemente algunos pingüinos que de lejos miran el campo santo que guarda los restos de soldados como K. Phillips, caído bajo el fuego enemigo el 11 de junio, tres días antes de finalizar la guerra. Para entonces este marine tenía solo 19 años.Tumbas y camándulaPor la misma vía que se llega al puerto de San Carlos está Darwin, sitio desde el cual los argentinos dominaban una montaña de 500 metros de altura aproximadamente. Desde allí tenían la visión perfecta para saber cuándo los marines ingleses llegaban. En esa zona -en medio de trincheras sembradas en las rocas- vivían, combatían, dormían y seguían luchando los uniformados de las dos naciones.Unos pocos kilómetros más allá, en medio de un terreno rocoso, árido y escenario de la guerra de los vientos que se entrelazan en la isla, está el campo santo con los restos de por lo menos 640 soldados argentinos que ofrendaron su vida.Ese lugar es el único donde lo argentino es natural y dominante en los más de 12.000 kilómetros de territorio de estas islas. El cementerio Militar Argentino es una porción de tierra de no más de 300 metros cuadrados y su mantenimiento depende de la Comisión Argentina de Familiares Caídos.Una gran cruz blanca es lo primero que se divisa a su llegada. Junto a ella, a la izquierda, está una imagen de la patrona de los argentinos: la Virgen de Luján, blindada por un vidrio, destinado, no para contener el ataque de balas o bombas, sino para que el viento no se la lleve. Bajo su tutoría están las 230 tumbas postradas a sus pies. Llama la atención que muchos de los epitafios no llevan el nombre del difunto que allí yace, sino un epitafio desconsolador: “Soldado argentino, solo conocido por Dios”.El viento incesante parece conspirar contra los particulares objetos que adorna las tumbas. Se trata de cientos de camándulas que se baten de un lado a otro sobre las cruces blancas de cemento que a cada instante, debido a las gotas de agua que se forman en ellas, parece hacerlas llorar.En algunos sepulcros reposan los cuerpos de combatientes como Héctor Aguirre, Mario Ramón, Julio Sánchez y Luis Sevilla. Las razones para que no aparezcan varios de los nombres de los militares muertos en combate son varias: los uniformados anónimos son aquellos que el gobierno argentino no reconoció en un comienzo que habían caído, que nunca se les pudo identificar o que simplemente fueron sepultados por los ingleses.El viento corre y por momentos parece que llevara las voces de los difuntos; da la sensación de que los 649 soldados argentinos que cayeron en combate estuvieran respondiendo al llamado que les hacen los 20 mausoleos donde están inscritos uno a uno sus nombres. Esas voces las recogen las otras cuatro pequeñas vírgenes que parecen un ejército formado entre flores y piedras que acompañan al gran panteón.

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