Voces de víctimas: "Hasta el sonido de un trueno me asusta"

Voces de víctimas: "Hasta el sonido de un trueno me asusta"

Julio 30, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Oriana Garcés Morales | Reportera de El País

De cara al Foro Nacional de Víctimas en Cali habla María Ospina, sobrina del hombre que murió en enero pasado por una moto-bomba en Pradera, Valle.

María ya no puede escuchar un trueno. Salta y entra en crisis nerviosa. Le recuerda el sonido que hace poco más de seis meses significó la muerte de su tío, Jorge Mora Ospina, por la explosión de una moto-bomba en el centro de Pradera. Ella es una de las cientos de víctimas de las Farc que están hoy a la expectativa de lo que ocurre en La Habana. Y aunque María no será una de las 1500 personas que asistirá al Foro Nacional de Víctimas en Cali la próxima semana, espera que la posible firma de un acuerdo de paz traiga justicia para su familia. Eran pasadas las 8:00 a.m. del jueves 16 de enero. Jorge, conocido por hacer mandados en el pueblo, estaba desde las 7:30 a.m. en la esquina de la Alcaldía Municipal, en plena plaza principal. Allí esperaba todos los días a la dueña de un granero, a quien ayudaba a abrir la reja de su negocio. A veces también le prendía el asador de las arepas a otra señora y le llevaba el desayuno a un vigilante. Ese día, justamente, el vigilante lo llamó varias veces para que fuera hasta su lado. Pero Jorge no lo escuchó. "Es como si lo hubiera presentido", dice María. Jorge se quedó en esa esquina, al lado de una moto que pocos minutos después explotó porque milicianos de las Farc la habían cargado con 50 kilos de pentolita. Quienes estaban cerca, juran que él entregó su vida por ellos. "Recibió casi todo el impacto de la bomba, la gente dice que si se hubiera movido de ahí los muertos habrían sido más", cuenta otra de sus sobrinas. Para María, esa última acción de Jorge es un reflejo de su vida, dedicada al pueblo. Y recuerda que eso se demostró luego, en el hospital, pues decenas de personas se acercaron a preguntar por él. Lo mismo ocurrió durante su entierro.

Jorge es otra de las miles de víctimas de la guerra que ha desangrado a Colombia en los últimos 50 años y que parecen irse quedando en una estadística más entre atentados, secuestros y asesinatos. La explosión en la que murió no solo causó destrozos en pleno corazón de Pradera, sino que también volvió víctima a toda su familia. "Son momentos que uno no quisiera recordar porque el dolor es muy grande. A veces uno espera la llegada de él o va a su casa y cree que lo va a encontrar ahí", dice María. Cuenta que ya no camina por el parque principal del pueblo. Que ha tenido que ir al psicólogo e incluso al psiquiatra, pues el recuerdo de ese día no la deja tranquila. Cualquier ruido la altera y la hace temer lo peor por el resto de su familia. Recuerda ese día, cuando escuchó el estallido, pues al darse cuenta que había sido en la plaza de inmediato pensó en la suerte de su tío, quien seguramente estaba haciendo un mandado en el lugar. Por eso no entiende por qué Jorge fue víctima de una acción de personas que para ella no tienen corazón y a las cuales siente que es muy difícil perdonar. "Es olvidar y esto es muy difícil. No hay perdón completo", afirma. Ahora, María y su familia esperan que se haga justicia. Ella explica que sí quiere que haya paz en Colombia, pero que a la vez se castigue a los culpables de casos como el de su tío. Dice que si asistiera al Foro Nacional de Víctimas, les mandaría a decir a quienes están negociando la terminación del conflicto en La Habana que si van a firmar la paz, no lo hagan con impunidad. Sin embargo, se resigna porque sabe que nada le devolverá a su tío. Tampoco volverá la tranquilidad que antes le permitía caminar por el parque principal de Pradera sin temor a sonidos como el estallido de un transformador, el escape de una motocicleta o la visión de una multitud en la calle.

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