Valle del Lili, un centro de formación hecho para fugas

Valle del Lili, un centro de formación hecho para fugas

Agosto 22, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Daniel Suárez Pérez I Redacción El País
Valle del Lili, un centro de formación hecho para fugas

En el centro de formación juvenil Valle del Lili hay 330 jóvenes internos por delitos que van desde hurtos simples hasta homicidios.

El pasado fin de semana 150 jóvenes intentaron fugarse del centro de formación. Funcionarios relatan que el mayor problema que hay es el de la seguridad.

El 13 y el 14 de agosto pasados 158 internos del centro de formación Valle del Lili protagonizaron la fuga más grande que se ha presentado en ese establecimiento en los últimos años.Funcionarios del centro relatan que el mayor problema que hay es el de la seguridad. Argumentan que los jóvenes tienen suficientes elementos al alcance para agredirlos y que no existe el control suficiente para evitar las fugas. El pasado 13 de agosto, el primer día de las evasiones, los jóvenes se enfrentaron a 40 policías desarmados. Desde un tejado siete menores de edad les gritaban que se fueran, los insultaban y los amenazaban con pedazos de tejas. Los agentes esperaban persuadirlos con el diálogo.Media hora antes, a las 7:30 p.m., los menores habían retenido a un educador. Con objetos contundentes lo habían intimidado para quitarle las llaves de varias puertas del centro. Dos horas más tarde cerca de 200 jóvenes derrumbaron las puertas y ventanas de sus celdas o cuartos. Armados con ladrillos, barretones, palas, escobas, trapeadores, varillas de acero hasta de dos metros, tejas de barro, materas y herramientas para manualidades, persiguieron a los uniformados hasta la salida. Dejaron cinco agentes lesionados e iniciaron el escape. Armados “hasta la coronilla”Jairo, un educador que trabaja desde hace cinco años en el centro de reclusión, advierte que prefiere cambiar su nombre para proteger su empleo y su vida. “Los muchachos mantienen amenazas constantes contra uno. Empiezan con las palabras. Quieren matarse entre ellos, a uno, a todo el mundo”.El funcionario comenta que su trabajo es riesgoso. Por cada educador hay 20 jóvenes. El hombre manifiesta que todos los días siente temor. “Los jóvenes allá no tienen ningún problema: tienen la mejor educación, alimentación, no les falta nada. Lo que falla es la seguridad: las puertas parecen las de una casa, pero más débiles. Desde hace año y medio una constructora remodela el centro, no sé si es que no saben donde están trabajando, porque hay escombros y herramientas abandonadas por varias partes”.Otro funcionario indica que “allá parece que los alimentaran con pastas de engorde”. Señala que aunque son menores de edad, algunos son más altos y “gruesos” que los educadores y los policías, y deben ser inmovilizados por varias personas. “Ellos se pueden armar hasta la coronilla. Parten un palo de una escoba y pueden hacer bellezas. En cambio los policías no tienen nada. Los pelados tienen las de ganar”.Un funcionario manifestó que otro problema es como están distribuidos los jóvenes. “El sábado los menores ingresaron a la sección de las mujeres y al parecer hubo intentos de violación. Ese error se debe a que las niñas debieron estar recluidas en el ala derecha del centro. Lo que pasó es que por cumplir una tutela se llevaron a los que cumplieron la mayoría de edad a donde estaban las niñas y las pusieron con los hombres”.Durante la visita del pasado martes se reunieron delegados del Instituto Colombiano del Bienestar Familiar, Icbf, la Policía y los Religiosos Terciarios Capuchinos. Estos últimos son los encargados de la operación del centro.Algunos asistentes manifestaron que las puertas están aseguradas con candados que pueden ser destruidos con los escombros que están en el centro.“En la visita vimos a un joven que tenía un martillo al lado del colchón, cuando se sabe que uno de los internos mató con esa herramienta a la mamá”, comentó una de las personas que visitó el centro.En las puertas de las celdas aún quedaba la evidencia de la forma en que los jóvenes se fugaron. Al parecer los portones fueron destruidos con puntapiés y las camas. Los pasadores se doblaron y se salieron de las argollas.El País conoció que algunas luminarias no se encuentran funcionando y algunos postes están al borde de los muros, lo que hace posible que los menores los escalen y salten las barreras.Fugas en ascensoEn todo el 2010, 50 jóvenes habían escapado del Valle del Lili. Para las autoridades la cifra demostraba que la construcción del segundo muro ese mismo año, era una medida efectiva. Entre los años 2007 y 2009 había un promedio de 282 evasiones anuales. Este año van 106. Élmer Montaña, ex fiscal del Distrito de Aguablanca, manifiesta que ahora los menores “no necesitan preocuparse por saltar los muros, pueden salir por la puerta grande y no pasa nada”.Henry Díaz, juez de menores, señala que “hace falta más seguridad integral. En la parte interna debe haber disciplina y normas. Y en la parte externa más policías. Si ellos salen, deben haber agentes que los detengan”.Hasta el pasado viernes continuaban evadidos 83 jóvenes. Uno fue asesinado el jueves en el oriente de Cali. El Valle del Lili, que tiene capacidad para albergar 323 jóvenes, hoy cuenta con 271 internos.Jairo señala que uno de los problemas que se avecina para los educadores “es cuando en un mes se llene el cupo. Empiezan a llegar los nuevos, que vienen intoxicados por las drogas. Son más difíciles de controlar. A uno lo respetan más que la policía, pero el encierro, los hace cambiar de parecer”.

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