"Uno se tiene que tragar el orgullo y hacer la paz": empresario salvadoreño

Agosto 12, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Laura Marcela Hincapié S. | Reportera de El País

Jaime Hill también tiene un centro de prevención y rehabilitación para drogadictos. En este lugar fueron atendidos muchos guerrilleros que tenían problemas de adicción.

Jaime Hill, empresario salvadoreño y quien lideró reuniones entre sus colegas y los guerrilleros de ERP, visitó Cali y habló sobre el proceso de paz.

Contrató un sicario. Un matón internacional. Ofreció pagarle sesenta mil dólares -113 millones de pesos- para que matara a Joaquín Villalobos y Ana Guadalupe Martínez, comandantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) de El Salvador. Sí, quería matarlos, desaparecerlos. Quería que pagaran por tenerlo secuestrado cuatro meses y medio en ese cuarto diminuto. Quería cobrarles con su vida los cuatro millones de dólares que le robaron. Jaime Hill quería venganza. Es que a pesar de haber recuperado su libertad, el empresario salvadoreño vivía otro cautiverio: la adicción. Desayunaba alcohol, almorzaba cocaína, cenaba marihuana. Estaba enfermo de odio. El sicario, entonces, buscó a los guerrilleros durante días, semanas, años... En 1990, once años después de su secuestro, Jaime recibió esa llamada que ya no esperaba. Al otro lado de la línea, el sicario repetía: “Los encontré. Están en México”. Jaime se quedó mudo. El sicario seguía: “Ya conseguí un rifle con silenciador. Mañana llego por el 30 % del pago”.Jaime seguía sin poder hablar. Hacía tres años había dejado las drogas y el alcohol. Intentaba recuperar su vida. Solo atinó decirle al sicario que lo llamaba en dos días porque no tenía todo ese dinero en efectivo. Luego, buscó un consejo. “Le conté a un amigo todo y él me dice: Jaime, tú has cometido locura y media pero esta es la peor, vas a perder tu paz espiritual. Le dije que no sabía qué hacer y él me responde: tienes que perdonarlos. Yo le pregunto cómo voy a poder hacer eso, pero él me dio la receta: Pídele a Dios que te dé fuerzas”. Y así fue. Jaime olvidó todo aquello del sicario, del rifle, de la venganza, y en 1992, cuando se acababa de firmar la paz entre el Gobierno y la guerrilla en El Salvador, decidió invitar a Joaquín Villalobos y Ana Guadalupe Martínez a una cena en su casa. Esa fue la primera de muchas. Su hogar se convirtió en el sitio de encuentro de exguerrilleros y empresarios. Jaime Hill, ese hombre que sufría de odio, se convirtió en un líder del proceso de reconciliación en su país. 22 años después, Jaime le cuenta esta historia a El País en el Centro de Eventos Valle del Pacífico de Cali, donde participó en el Foro Nacional de Víctimas. Y lo hace tan tranquilo. Así, con esa simpleza de los abuelos al hablar. En dos meses cumplirá 75 años, pero parece de 60. Y él lo sabe. Dice conocer el secreto de la eterna juventud: “Vivir en paz”. ¿Cuál fue su medicina contra el odio?El perdón. Luego de estar cuatro meses y medio secuestrado, yo quedé muy mal, con mucho miedo, mucha angustia. Y como soy un hombre tan “inteligente”, en vez de ir a ver un psicólogo, fui a ver a un cantinero y él me dijo: tómese uno doble. Y ahí me quedé. Como tanto alcohol me daba sueño, consumía cocaína. Y cuando me ponía nervioso fumaba marihuana, y luego tomaba pastillas para dormir. Así era mi vida, hasta que me quise suicidar. Pero un amigo muy querido me convenció de que ya no tenía más opción que perdonar. Al principio yo pensaba que si lo hacía, iban a decir que era un tipo que no tenía los calzones bien puestos, pero luego comprendí que los verdaderos hombres son los que perdonan, los que tienen honor. Mi receta para perdonar fue ir doce veces a doce iglesias diferentes e inclinarme hacia el Santísimo para que me diera fuerzas. A la sexta visita ya sentía que sí podía. Pero usted no solo perdonó, también se convirtió en un intermediario para la reconciliación entre empresarios y exguerrilleros de su país...Sí, en 1992, cuando se acababa de firmar la paz en El Salvador, Teresita, una amiga de la televisión, me llama y me dice: tengo enfrente a Joaquín Villalobos (jefe del ERP) y creo que debes hablar con él y perdonarlo. Yo le dije: bueno, dile que este sábado lo invito a cenar a mi casa. Pero resulta que a la cena no solo llegó él, sino también Ana Guadalupe y los otros cuatro comandantes de esa guerrilla. Ese día nos la pasamos muy bien y entonces me dicen que quieren volver, pero a una cena entre 20 guerrilleros y 20 empresarios.Yo acepté, aunque mi familia tenía miedo y me decía que me había vuelto loco. Finalmente, la cena resultó un éxito y luego seguimos haciendo esas reuniones. Así empezó la paz en El Salvador. En su país, sin embargo, la violencia no terminó y hoy las maras (pandillas) son una gran amenaza... Pero ahorita no hay guerra, no tenemos esos enfrentamientos de aviones bombardeando campamentos guerrilleros, no hay secuestros grandes como el mío...Pero sí tienen un promedio diario de nueve homicidios y unas pandillas que cometen actos atroces, ¿esa violencia de hoy no ha resultado peor que la de años atrás?No, hoy hay una guerra distinta que yo considero menos dañina que la de antes, porque hoy yo veo que hay perdón y paz mental. Vea, por ejemplo, nuestro presidente (un exguerrillero). Hay delincuentes, claro, pero esos se pueden combatir. ¿En qué falló el proceso de paz en El Salvador para que se desatara esa violencia entre las pandillas?Falló en que se firmaron los acuerdos de paz, pero luego vino el estrés postraumático de la guerra. Entonces, uno veía gente que decía ahí está ese del ERP que me destruyó mi casa o ahí está ese que violó a mi esposa y se sentía esa sed de venganza. Los militares y guerrilleros que participaron en la guerra de los 80 y 90 hoy están retirados, pero sus hijos y nietos son los que hoy conforman las maras, los que roban y extorsionan. Y, ¿por qué lo hacen?, pues porque el odio se fue heredando y no les transmitieron esa idea del perdón. Yo tengo 74 años, si yo le hubiera dicho a mis hijos que esos guerrilleros son unos hijos de p... que me quitaron muchos millones, que me encerraron cuatro meses y casi me matan, les hubiera pasado mi rencor. En Colombia eso, el perdón, es un gran desafío porque el país está dividido entre quienes apoyan el proceso de paz y quienes no; sumado a eso, las Farc siguen cometiendo hechos atroces que aumentan el rechazo en la población. Usted, ¿qué consejo nos daría?Que la manera de evitar que les pase lo mismo que a nosotros es el perdón. Es muy importante recordar a los veteranos de Vietnam porque cuando el gringo se montó al avión dejó a los enemigos atrás, pero ustedes los tendrán aquí adentro y habrá muchas desconfianza. Sé que un guerrillero ha matado, sé que Joaquín Villalobos me secuestró, pero a él le quemaron también su imprenta y estaba triste y es humano. ¿Qué era secuestrador? Sí claro, no digo que quiero que se case con una de mis hijas, pero hay que comprenderlos y la manera de hacerlo es a través de la comunicación porque la polarización que hay en el país la veo muy mal. Mucha gente está pensando con el hígado y no con la cabeza. Entonces, ¿usted nos ve muy lejos del perdón?No sé verdaderamente qué contestarle, pero yo le digo algo, las Farc van a seguir creciendo, entonces para qué esperar a que Colombia esté desecha para hacer las paces, no lo entiendo. Yo digo que uno se tiene que tragar el orgullo y el ego, y entender que se debe hacer la paz para que el país no se destruya. Las Farc siguen cometiendo ataques para presionar, pero ellos sí quieren hacer la paz porque, de lo contrario, no estarían en Cuba. Usted participó en el proceso de paz de su país, ¿cree que la negociación entre el Gobierno y las Farc va por buen camino?Yo le digo que va muy bien, especialmente por estos eventos (foros de víctimas) porque la gente se ve sedienta de ese acuerdo de paz. Hace siete años que yo vine a Cali la ciudad estaba secuestrada, nadie salía en la noche y hoy los veo mejor. Lo de La Habana se va firmar muy pronto, pero viene después lo difícil, que es el estrés postraumático del que le hablé. Usted, como empresario, tuvo un papel decisivo en el proceso de paz de su país, ¿no cree que en Colombia hace falta más participación de este sector en el diálogo? Lo que yo creo es que antes de empezar a hablar de los acuerdos de paz, es necesario que los empresarios se conozcan con los guerrilleros, porque eso no puede pasar solo cuando el empresario se sienta contra la pared, sino desde el principio. Y esto es importante porque decimos, les vamos a dar empleo, pero cuál será. Esos guerrilleros, así como son expertos en sembrar coca o marihuana, también pueden sembrar guayabas, pero primero tienen que conocer el mercado y es ahí cuando entran los empresarios, quienes son los que tienen que dirigirlos a ellos. No estoy pidiendo que sean amigos y que los inviten al bautizo de sus hijos, pero sí que haya una comunicación. En Colombia muchos no están de acuerdo con las rebajas de penas para los guerrilleros que cometieron delitos graves, ¿en El Salvador, qué sacrificios hizo la justicia? En nuestro país no tuvimos penas ni para guerrilleros, ni para militares. Eso fue borrón y cuenta nueva, la guerra ya fue y ya pasó. Yo ya no tenía ningún derecho a pedir que mi secuestrador fuera castigado o que me devolviera mi dinero. Pero, ¿eso no sería impunidad?No, porque la guerra ya pasó y fue causada por nosotros mismos, tanto por las Farc como por el Gobierno y la empresa privada. Entonces ya no pensamos con resentimiento por el pasado ni con incertidumbre por el futuro, sino que nos concentrarnos en el presente. En Colombia hay un debate de si militares, policías y guerrilleros deberían ser considerados víctimas del conflicto, ¿usted qué piensa? Para mí ellos también han sido víctimas, pero yo creo que lo más importante es dejar de ponerse ese apodo tan feo, ese de víctima, porque nos crea un complejo de inferioridad.En el país también hay muchas dudas frente a la voluntad de las Farc de entregar las armas, en El Salvador se dice que muchas quedaron en manos de civiles... Pues más que eso, lo que pasó fue que la guerrilla entregó la chatarra y escondió lo otro, por si volvía la guerra. Pero, después de más de 20 años de seguir en paz, han sacado esas armas y ya no las utilizan para atacar a la gente, sino, tal vez, para su defensa personal.

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