Un viaje al 'corazón de la coca' en el Cauca

Un viaje al 'corazón de la coca' en el Cauca

Julio 24, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Un viaje al 'corazón de la coca' en el Cauca

Finca cocalera en zona rural de El Tambo Cauca, En esa zona la economía se mueve principalmente por la coca, así como en varios municipios del centro y occidente del Cauca.

El Tambo es el quinto municipio con más cultivos ilícitos en el país. ¿Cómo se convirtió en epicentro cocalero del Cauca?

Tumaco, en el extremo sur de Nariño, tiene 16960 hectáreas sembradas de coca y es el municipio de Colombia con mayor área de cultivos ilícitos, dice la ONU. El Tambo, en el centro del Cauca, tiene 3468 hectáreas de coca, y es el pueblo de ese departamento más afectado. Sumados esos números, se tendría una extensión sembrada de coca que sería equivalente a la mitad de Cali, no solo de la ciudad construida, sino de todo el territorio que el mapa dice que es Cali. Lea también:¿Por qué han aumentado los cultivos ilícitos en Colombia? 

¿Cómo fue que ambos municipios llegaron a convertirse en dos de los principales productores de coca, en el país que más cocaína produce en todo el mundo?

***

 “No saque mi nombre real ni me vaya a tomar fotos, porque eso para los lados de El Tambo está muy caliente”. Ramón, cuyo nombre no es Ramón, siempre ha vivido en Playa Rica, un corregimiento de El Tambo al que se llega desde Cali luego de cinco horas en carro  y otras tres sobre una mula. Que Ramón recuerde, entre 2010 y 2013 la cosa estaba más o menos controlada. 

“La organización campesina había empezado a disminuir la siembra de coca y estábamos bajando bastante”. Pero luego algo se rompió. Justamente desde 2010  se había empezado a notar el aumento de un éxodo de personas provenientes de Nariño, Caquetá y Putumayo hacia el sur y el centro del Cauca. Esa pequeña y silenciosa migración coincidió con un aumento paulatino de las tierras sembradas de coca. “Claro, era lo que se conoce como el efecto globo. Presionas en un lado y se hincha el otro”, dice César Díaz, coordinador de la Mesa de Desarrollo Alternativo del Cauca que busca soluciones al problema del crecimiento de los cultivos ilícitos en el departamento. 

El fenómeno es más o menos simple: las políticas contra la coca en Putumayo, Caquetá y Nariño terminan  en el desplazamiento de personas hacia otras zonas para seguir sembrado.

“Si usted va a Playa Rica se da cuenta de que los grandes cultivadores son  del sur del país. Y nosotros, los campesinos que cultivamos, lo hacemos porque nos presionan y porque no hay más alternativas”, dice Ramón. El Cauca tuvo en 2011, 6 mil hectáreas de coca; en 2012, 4325; en 2013, 3326, y en 2014, 6389. El año pasado la cifra ascendió a 8660, la más alta desde 2008. 

[[nid:559088;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/07/cultivos-coc-tambo-grafico.jpg;full;{}]]

Ella también pide que se omita su nombre. Bertha, que no se llama Bertha, vive en Huisitó, otro corregimiento de El Tambo a tres horas del casco urbano, en plena cordillera Occidental. Desde el 2013, dice, la presencia de las Farc empezó a ser cada vez más débil y el ELN apenas cruzaba esporádicamente por algunas fincas de la zona. Ellos, sin embargo, fueron reemplazados. Con los nuevos cultivadores de coca del sur del país que arribaron, llegaron también grupos de hombres no identificados y armados; empezaron a aparecer inscripciones en paredes, puentes, casas, en las que se lee: “AUC”. “Muerte a sapos guerrilleros”. Llegaron las amenazas. 

“Ellos presionan a la gente para que siembren coca o para que les alquilen las tierras para ellos sembrarlas. ¿Y usted cómo se le opone a un grupo de hombres armados? Nosotros hemos tratado de resistir contra eso, y nos han llegado amenazas de muerte, intimidaciones, de todo, usted no se imagina”, dice Bertha. En mayo de este año fue asesinado Manuel Dolores Pino, secretario de la Junta de Acción Comunal de Fondas, otro corregimiento de El Tambo. Dos meses antes, la víctima fue Maricela Tombé, quien había sido presidenta de la Asociación Campesina Ambiental de Playa Rica.

Para los días del homicidio de Tombé, la organización Red Por la Vida había denunciado que la situación de Derechos Humanos en ese municipio “era compleja debido a la aparición de panfletos en donde se anuncia la mal llamada 'limpieza social', firmados por grupos paramilitares”. 

“Paramilitares o narcotraficantes o como se llamen. Lo cierto es que no son ni las Farc ni el ELN, son otros grupos armados que están controlando la siembra de coca en El Tambo”. 

Los cálculos que hacen las organizaciones campesinas de El Tambo sostienen que las cinco mil familias que habitan en la zona afectada por los cultivos serían responsables de alrededor de 2 mil hectáreas. El resto, 1468 hectáreas, serían de los narcotraficantes. “Cada familia tiene menos de media hectárea sembrada. El asunto es que el área sembrada sigue aumentando, y eso es responsabilidad de los narcotraficantes, que están acaparando terrenos baldíos”, dice César Díaz, coordinador de la Mesa de Desarrollo Alternativo del Cauca. Lea también: Colombia, el principal productor de coca del mundo: ONU

 Los narcos, como es obvio, controlan todo el mercado de hoja y pasta de coca en la zona. En promedio, un campesino puede llegar a producir 100 arrobas de hoja de coca cada tres meses. Cada arroba es pagada por los narcotraficantes a 40 mil pesos, lo que significa que el campesino cobra $4 millones. Sin embargo, para obtener esa cantidad de hoja de coca, se requiere de al menos 3 trabajadores a los que se les paga $600 mil pesos al final de la cosecha. La ganancia final es de $2.200.000, que divididos en los tres meses, son un poco más de $700 mil por mes.

“Uno aquí vive al mes vencido. O sea que uno fía en la tienda todos los tres meses y cuando vende la cosecha va y paga y le quedan por ahí cien mil pesitos, si mucho, para los gastos del mes”, dice un campesino de Playa Rica. 

8660 hectáreas de coca tiene el departamento del Cauca

Ramón, el otro campesino, sostiene además que allí, en Playa Rica, lo mismo que en Huisitó, La Gallera, San Juan de Micay, y otras zonas cocaleras de El Tambo, ya no se cosecha nada que no sea coca. Nada. Todo se compra. “Aquí hemos llegado a comprar un plátano en mil pesos. Un plátano, cuando antes uno sembraba cositas para comer. Ya no se siembra nada, la coca lo invadió todo”. 

Ramón explica que la desaparición de los cultivos para la alimentación de los propios campesinos se dio no solo por las presiones de los narcos para sembrar coca, sino también por la contaminación de la tierra con las aspersiones de glifosato. Desde 2011, el gobierno ordenó la aspersión  de más de 200 mil hectáreas en todo el país. El Cauca fue uno de los departamentos con mayor volumen de fumigaciones. “Y ese glifosato no solo dañó las matas de coca, sino también todos los cultivos lícitos y, además, dañó la tierra. El Gobierno no sabe todo el mal que se le hace a la tierra y a los ríos con ese veneno. Nosotros seguimos sembrando plátanos, chontaduro, lulo, pero se podría, se dañaba, porque la tierra está contaminada. En cambio, la coca como no necesita tanto para cosechar, esa sí se sigue dando. Ahora comemos comida importada desde Ecuador. Sí, desde Ecuador”.  

Las zonas rurales de El Tambo han sido históricamente productoras de café, plátano, frutas como el lulo y el chontaduro, y arroz. Hoy, en las zonas cocaleras no se produce nada de eso. Solo coca. La tierra está contaminada tanto por el glifosato, como por los químicos usados para el procesamiento de hoja de coca.  Hasta 2013 los cultivos de plátano, café y otros productos venían en aumento. Hoy, a pesar de que no hay estadísticas consolidadas, el alcalde Celio Urresty admite que hay un decrecimiento de la producción. 

***

“La coca lo empieza a dañar todo. La frontera agrícola se ha expandido, y eso significa que los ríos se están dañando más, que las cuencas se están afectando. Hay coca sembrada en las cuencas del río Micay y Huisitó y en todo el piedemonte costero de El Tambo, sin contar con todos los químicos que caen al río por el procesamiento de la hoja. Mire, los narcotraficantes mismos usan el propio glifosato, pero lo riegan alrededor de la mata  para que no crezca maleza. Todo eso va a dar a los ríos. ¿Qué está haciendo el Gobierno? Nada. Porque llegan a erradicar con el Ejército, y nosotros estamos en la disyuntiva de que en últimas debemos cultivar para poder vivir, porque no hay nada más para hacer. Nosotros sí queremos que se erradique, pero si a la par de eso hay un proyecto de producción, no nos pueden pedir que erradiquemos y luego nos sentemos a esperar a que el Gobierno se aparezca”, dice Bertha, la líder campesina de Huisitó.

“La coca lo empieza a dañar todo”, insiste. Sí, allí en Huisitó, tanto como en Playa Rica y en los otros corregimientos y veredas de la zona cocalera, el consumo de licor y drogas entre los jóvenes está disparado. Hay adolescentes que desde los 10 años se van a trabajar como ‘raspachines’ con los narcos. 

Les pagan 600 mil por cosecha. El dinero, dicen los campesinos, se lo gastan en licor y drogas. “Usted sabe, el basuco es el sobrante de todo el proceso. Bueno, pues lo están vendiendo aquí mismo”, dice  Bertha, y hace un gesto como de tristeza, como acosada por una soledad puntillosa y feroz.

La mujer, y también Ramón y otros líderes campesinos lo dicen viendo hacia cualquier parte, hacia ninguna parte. “Esa coca se sigue expandiendo en el Cauca. Hace un tiempo que estuvo medio controlada, pero ahora con la llegada de esa otra gente armada, se está creciendo”.

 Lo dicen también las estadísticas de la ONU. Los cultivos de coca vienen creciendo en otros municipios caucanos como Argelia, Buenos Aires, Timbiquí, Guapi, Mercaderes. Todos los que se ubican  hacia la costa Pacífica tienen presencia de cultivos de coca.

Amenazas y extorsiones En  marzo de 2014, siete concejales del partido Liberal del municipio de El Tambo  abandonaron sus viviendas y propiedades rurales,  por amenazas del grupo armado ilegal de 'los Urabeños', también conocido como ‘Clan del Golfo’.  Según denunció la presidente de los ediles a su tiempo, Sandra Muñoz,  luego del asesinato hace dos semanas del dirigente campesino Evelio Obando Ocampo, los responsables dejaron junto al cadáver panfletos donde se amenazó de muerte a los siete concejales.  Desde ese año, las amenazas, extorsiones y homicidios selectivos se han disparado en El Tambo,  y organismos de Derechos Humanos han denunciado en varias ocasiones la situación.
VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad