Un año después, heridas por muerte de Rosa Elvira Cely siguen abiertas

Mayo 24, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpaís.com.co | Colprensa

Este viernes se cumplió un año del atroz ataque a Rosa Elvira Cely, cometido por el hoy condenado Javier Velasco. La hermana de Rosa, Adriana Cely, contó detalles de cómo ha sido su duelo, el acompañamiento que ha recibido y qué pasó la madrugada de ese 24 de mayo.

Ya pasó un año. Con voz entrecortada Adriana Cely, hermana de Rosa Elvira, recuerda todos los proyectos que se quedaron inconclusos para ésta por culpa de una mente criminal. Muchas de las promesas, generadas por las voces de apoyo tras conocerse el caso de Rosa, hoy están en el aire. Adriana cuenta con decepción que alguna persona representando una fundación ficticia, le ofreció una beca de bachillerato y educación superior para la hija de Rosa Elvira en el momento del hecho pero luego desapareció. La niña, apenas pudo volver a estudiar el pasado mes de abril en un colegio privado, siendo los costos casi insostenibles en su familia.Hoy, la indignación quedó únicamente para el ciudadano de a pie que recuerda con dolor de familia el macabro hecho que llenó páginas enteras de periódicos y acaparó la atención de múltiples autoridades por casi tres meses. Además, según afirma Adriana, el propio alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, le ofreció en una ocasión una ambulancia que le haría acompañamiento psicológico a su familia, pero nunca se supo nada del tema. Relata con tristeza que en una ocasión tuvo la oportunidad de conversar con la Primera Dama, María Clemencia Rodríguez de Santos, con el objetivo de pedirle una beca educativa para su sobrina. Sin embargo, su decepción fue mayor cuando la Primera Dama respondió a esa solicitud que en el país la educación era gratuita, que no se preocupara. “Como quien dice vaya a un distrital, sabiendo la condición de la menor”, agregó. Pero las intenciones de Adriana no murieron ahí. Según dice, en la misma conversación le comentó sobre la idea de crear la Fundación Rosa Elvira, para impulsar el rechazo a la violencia de género, a lo que la Primera Dama dijo que lo mejor era que se uniera a alguna ya existente. También reveló que solicitó apoyo al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), para que atendieran a la niña cuando quedó afectada por el atroz crimen y tampoco le dieron la atención requerida. Un año de ausenciaEste viernes se cumplirá un año de que tanto madre como hija se vieran por última vez. Ese mismo día del ataque ellas estuvieron juntas, porque Rosa Elvira todos los días salía de trabajar, recogía en la tarde a su hija y luego la llevaba a donde la abuela. Ese día se encontraron las tres, fueron a comer algo y ella salió para el colegio. Precisamente en estos días, anteriores a la conmemoración, Adriana ha estado recordando cuál fue la última ocasión en la que vio con vida a su hermana. Con mucho dolor asegura que ellas dos se vieron el viernes anterior al hecho (18 de mayo), porque Adriana le había ido a pagar una prueba del Icfes. “Ella me llamó y me dijo que por favor pasara por su colegio y le dejara el recibo porque que tenía plazo hasta ese día; yo pasé en un momentico, le entregué el recibo… esa fue la última vez que la vi”.Toda vestida de negro, como queriendo hacer un homenaje a la memoria de Rosa, su hermana dice que la vida les cambió totalmente porque nunca se imaginaron que algo tan macabro les pudiera suceder. Nunca pensaron que las ganas de Rosa Elvira por terminar su bachillerato y de seguir progresando la llevaran a encontrarse de frente con la muerte. Y es que Rosa Elvira ya tenía definidos sus próximos pasos. En su vida profesional su plan era terminar su colegio y luego, según sus familiares, empezar a estudiar psicología en el Sena; nadie le quitaba eso de la cabeza. Con algo de desazón, la familiar revela que el mismo núcleo familiar fue quien motivó a que Rosa terminara la secundaria para conseguir un trabajo que le garantizara mejores ingresos. En su vida familiar y con profundo amor de madre Rosa Elvira tenía ya planeado con su hija el siguiente paso; la primera comunión de la niña quien para entonces tenía 13 años de edad. “Quería graduarse y que su niña hiciera la primera comunión, era su meta más próxima. Cuando hablamos con la pequeña y le contamos lo que había pasado, ella solo preguntaba con quién iba a hacer su primera comunión, si entre las dos planearon eso”, aseguró. La hija de Rosa ElviraEste es el tema que más preocupa a la familia: la niña. Al principio pudieron con ayuda de externos conseguir un psicólogo que se hiciera cargo del acompañamiento, luego las versiones sobre la muerte de su madre cada vez eran más escandalosas, llenas de sevicia, muy detalladas. Todos los familiares de la menor siempre se esmeraron para tratar de suavizar los detalles de cómo había muerto Rosa. La versión que manejaron siempre para ella, es que había sido robada, golpeada y posteriormente muerta por ese hecho, sin embargo, la menor no pudo escapar a su entorno y terminó enterándose de todo. “Queríamos que los detalles no los supiera por otros medios, infortunadamente encontró un periódico con información demasiado detallada sobre el caso de su madre, donde salió la foto del hospital. Nos dimos cuenta que en la maleta del colegio siempre cargaba el periódico. Después de eso todo fue llanto, pero le hicimos ver que no le habíamos mentido sino que tratamos de manejar las cosas de una manera diferente por su bien”, dice. Para Adriana, el reto después de eso ha sido muy grande y ha sido trabajado desde lo social: que pueda confiar en el otro, que no le tenga miedo a salir con sus compañeros de colegio por pensar que le puedan hacer algo. Según dice, todos los días hay que hacerle ver la vida diferente, que crezca sin rencores, sin odio, cada día es algo diferente pero no deja de ser doloroso. Y agregó: “Pretendemos que sepa que puede confiar en la gente, tanto en su familia, como en cualquier compañero del colegió. Precisamente, en su colegio se ha manejado el tema muy discretamente, solamente dos o tres amigas específicas saben del tema, así como los profesores, pero hemos hecho esfuerzos para que no sea traumático para ella”. "Esto se pudo evitar"Rosa Elvira no tomaba nunca, ni una cerveza para el calor. Según Adriana, hasta el mismo novio le rogaba cuando salían que se tomara, aunque fuera una. Eso sí, era una amante de la música y el baile; no podía hacer nada sin estar acompañada por una pieza musical: hacía sus trabajos y el oficio de la casa siempre con una canción de fondo. Javier Velasco (condenado a 48 años de cárcel por este crimen) durante los meses que estudió junto a Rosa nunca se hizo notar mucho. Ella alguna vez sí comentó que había alguien que de vez en cuando la acercaba en la moto a su casa; sin embargo, para los familiares eso no fue motivo de preocupación. Se suponía que era un acto de generosidad y que las personas que asistían al bachillerato nocturno tenían otros ideales en la cabeza, y no cometer un asesinato. Para todos fue una sorpresa. Rosa Elvira llevaba una vida normal, lejos de desórdenes de la noche. El ejercicio de tratar de reconstruir la escena se ha hecho minuciosamente y no se sabe con certeza qué pasó y quiénes participaron directa e indirectamente del crimen. La versión que aún ronda la cabeza de Adriana es que Velasco no fue la única persona que supo del hecho. Las investigaciones no han podido demostrarlo hasta ahora. “Pienso que salieron del colegio y de pronto Velasco se ofreció a llevarla, pero en el camino se la llevó a otro lugar obligada. A través de golpes y torturas pudo hacerle todo lo que se conoce. Estoy segura que eso no lo hizo solo; mi hermana tenía mucha fuerza, hay algo que no cuadra”.Todo esto -dice- se pudo evitar: primero, señala: Velasco tenía una orden de captura vigente por la violación de sus hijas. Segundo, se demoró mucho en llegar la ambulancia. “Desde la primera llamada que logró hacer Rosa Elvira, hacia las cinco de la mañana”, recuerda Adriana. Tercero; se pregunta, porqué si el hecho ocurrió en Parque Nacional, ubicado en la carrera Séptima entre las calles 36 y 40, su hermana fue trasladada hasta la carrera 15 # 1 – 59 sur, al hospital Santa Clara. Por las condiciones en las que fue encontrada, dice Adriana, debió ser llevada a uno de los tantos centros de atención que hay por esa zona de Bogotá. “En algún momento escuché que alguien de la Policía dijo que habían llegado tarde al sitio porque ella no los ubicó. Una persona en esas condiciones, a duras penas puede hablar. A ella la tuvieron un tiempo junto a un camión de bomberos para que el motor de ese carro le diera calor, porque ya tenía hipotermia (…) Al paramédico sólo se le ocurrió decir que ella estaba consciente, que perfectamente la podían llevar hasta allá (al hospital Santa Clara)”. Hoy Adriana y toda su familia tiene más las incógnitas que las respuestas, son más los reclamos de lo que pudo ser y lo que se pudo hacer para evitar el crimen. Por lo que pregunta; si su hermana fue herida con arma blanca, encontrada violada, solo con una blusa puesta y con heridas del casco con el que fue golpeada; ¿esos no son motivos para ser llevada al hospital más cercano? ¿Hay perdón?No es fácil perdonar; y más, sabiendo que en esa semana que Rosa Elvira se debatió entre la vida y la muerte “nos cuentan que él (Javier Velasco) hablaba con los compañeros del colegio de algo que había hecho muy malo, y que hoy estaba aquí, mañana en la cárcel. Decía que él junto con otro compañero eran malos, hacían cosas malas”. Además, dice que siempre actuó con odio, ya que hay más de 150 pruebas que lo inculpan de manera directa con el crimen. Sin embargo, para vivir tiene que perdonar, “no a él, no por él”, dice y de inmediato añade “por mi tranquilidad”. “No puedo perdonar el hecho, pero hago el intento de seguir viviendo”, concluye.

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