“Tuve mucho miedo, pensé que me iban a matar”: niña liberada en Toribío

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La niña de 11 años que había sido secuestrada en Guachené fue liberada en Toribío, tras la presión de la Guardia Indígena en la zona.

“Tuve mucho miedo, pensé que me iban a matar”: niña liberada en Toribío

Mayo 30, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

La niña de 11 años que había sido secuestrada en Guachené fue liberada en Toribío, tras la presión de la Guardia Indígena en la zona.

“Tuve mucho miedo. Pensé que me iban a matar. Esos señores nunca me hablaron ni me dijeron por qué me tenían. Ahora estoy muy feliz de estar con mi mamá”. Alejandra Cantoñí, de 11 años, habla sentada en una camilla del hospital de Guachené. Su mamá la abraza, la besa una y otra vez.Sandra Cantoñí dice que no puede creer que su hija esté con ella de nuevo. Ella también tuvo miedo de que los secuestradores no le regresaran a su pequeña. Fueron más de doce horas que duró el secuestro de Alejandra, hija del intendente jefe Víctor Cantoñí, comandante de la estación de Policía de Padilla, Cauca. La niña recuerda que iba para el colegio Jorge Eliércer Gaitán de Guachené, con dos amigas, cuando unos hombres en un carro la subieron a la fuerza. Ahora, en el hospital de Guachené le realizan exámenes médicos de control para verificar su estado de salud. Se toma una sopa. Alejandra fue liberada hacia las 7:30 p.m. en Toribío. “Me dejaron en una esquina y me pidieron que caminara. Llegué a un restaurante y vi que yo estaba en televisión, dije esa soy yo”, agrega.El secretario de Gobierno de esa población, José Miguel Correa, explica que él estaba allí cuando llegó la niña y la reconoció. “Estaba muy asustada y me contó que le habían hecho un recorrido muy largo. Tengo entendido que la movieron entre Caloto y Toribío. Aún no sabemos si fueron las milicias de las Farc”, agrega Correa.Al enterarse de que Alejandra regresaba, los habitantes de este municipio se lanzaron a las calles. Lo habían hecho horas antes, con carteles y fotos que exigían su liberación. Pero, ahora, era para celebrar el retorno de la niña. Guachené era en la noche del jueves una fiesta. Decenas de personas rodeaban el hospital local. Llevaron una chirimía y sacaron pañuelos blancos para bailar. Los hechosAlejandra había sido secuestrada a las 7:00 a.m. del jueves, a varias cuadras de su casa. Iba para el colegio Jorge Eliércer Gaitán con dos amigas. Una de las compañeras relató que iban a recoger a otra amiga cuando pasaron junto a un carro oscuro, de un momento a otro el vehículo las siguió y les bloqueó el paso. “Se bajaron dos hombres y agarraron a Alejandra, ella gritó”.Las comunidades afrodescendientes y la Guardia Indígena desplegaron la búsqueda de la menor. La movilización permitió que, horas después, la guardia indígena interceptara el vehículo en el que presuntamente se llevaron a la niña, cuando pasaba por el corregimiento de El Boquerón, parte alta de Caloto.“Desplegamos nuestros puestos de control de la guardia indígena y empezó la persecución del vehículo, pero en un punto abandonaron el carro y escaparon”, agregó Feliciano Valencia.El gobernador de Toribío, Esneider Gómez, relata que la menor fue cambiada a otro carro y luego a una motocicleta. Aproximadamente 300 indígenas y afrodescendientes realizaron una búsqueda por la zona entre Toribío y Caloto. Agrega que hacia las 7:30 p.m. aproximadamente (más de doce horas de su secuestro) la niña fue dejada en el casco urbano de Toribío, a pocas cuadras de un restaurante en el que estaba reunida la Guardia Indígena con el Secretario de Gobierno. “Justo estábamos planeando las estrategias a seguir porque ya sabíamos dónde la tenían. Íbamos a ir por ella y como que se filtró la información, entonces los captores llegaron al pueblo y la dejaron en un sitio”, dice el gobernador, quien horas atrás había manifestado que los indígenas no iban a permitir que en sus territorios fuera secuestrada una niña.Es que el secuestro de Alejandra generó un clamor nacional de rechazo en todo el país. Desde el Defensor del Pueblo hasta el presidente Juan Manuel Santos habían exigido su liberación.El defensor Jorge Armando Otálora había expresado que “los niños son intocables, tienen una protección especial”.

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