Trata de personas: Patricia cayó en la ‘red’ social

Trata de personas: Patricia cayó en la ‘red’ social

Septiembre 03, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Laura Marcela Hincapié Serna | Redacción de El País

La trata de personas ya no es un delito transnacional. En este país, por algunas rutas del narcotráfico, también se negocian jóvenes. ¿Cuánto vale la inocencia de una mujer?

El captador también está detrás de la pantalla de un computador, usa un nick (apodo) tierno o llamativo, parece un simple aficionado a conocer amigos por internet: las redes sociales son la estrategia más utilizada por las mafias de trata de personas para captar víctimas con fines de explotación sexual. La Unidad de Delitos Informáticos del CIT de Cali lo confirma. Aunque este año sólo un adolescente denunció que en una página de internet le ofrecieron un trabajo en un país de América Latina, las autoridades reconocen que hay muchas víctimas anónimas. La mayoría corresponde a mujeres solteras que utilizan las páginas de internet para establecer relaciones. A Patricia le pasó. Tenía 23 años y, como todas, un sueño: actuar. “A Sergio Daniel Moreno lo conocí en un chat. Sí, no me importa decir su nombre. Hace mucho decidí dar la cara y denunciar. En la red parecía un hombre amigable y exitoso. Me dijo que vivía en Buenos Aires y trabajaba con la productora más importante de Argentina. Yo vivía en Bogotá y estudiaba actuación, había participado en algunas producciones de televisión, pero todavía no me llagaba una buena oportunidad. Me comuniqué con él durante dos años y medio. Siempre me decía que me fuera para allá, que él me daba trabajo y que me recibía con mi hija, que en esa época (2008) tenía 7 años. Nunca quise aceptar porque no me llamaba la atención irme a otro país, pero la situación se puso muy difícil. Ya nadie me contrataba y no tenía de qué vivir. Entonces decidí viajar con mi hija. Al llegar a Buenos Aires, Sergio cambió de inmediato. Me quito el pasaporte, me pegó, confesó que ya me tenía negociada con una red de trata de blancas. Sin embargo, me dijo que antes de entregarme me iba a tener un buen tiempo en su casa. Me violaba todos los días, me maltrataba y obligaba a hacer todos los oficios de la casa. Mi hija lloraba todo el tiempo y él ni siquiera me dejaba abrazarla. A los dos meses, logré que me dejara mandar a mi pequeña a Colombia. Tres meses después pude escapar de su casa, busqué el consulado colombiano en Buenos Aires pero no me ayudaron, dizque porque no había recursos. Finalmente una fundación me acogió, pero esa experiencia me marcó para siempre".

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