Toribío, un municipio que volvió a ser silenciado por la guerra

Toribío, un municipio que volvió a ser silenciado por la guerra

Julio 11, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Elpaís.com.co I Alexander Price Rodríguez
Toribío, un municipio que volvió a ser silenciado por la guerra

Hostigamientos de las Farc en cuatro poblaciones del Cauca dejó dos personas muertas y múltiples daños materiales.

El ataque con una ‘chiva’ llena de explosivos causó destrozos en la localidad de Toribío, Cauca. Relato de un pueblo que llora en silencio.

A pesar de las decenas de casas destruidas, las miradas de terror de los niños y las lágrimas de hombres y mujeres que lo perdieron todo, lo más perturbador del ataque de la guerrilla de las Farc al municipio de Toribío era el silencio que se vivía en su interior, un silencio que producía temor, que reventaba los oídos y que se expandió a lo largo de este pueblo de 26.000 habitantes.Una imagen difícil de pensar si se tiene en cuenta que Toribío en estos momentos se parece más a la capital de Haití después del terremoto del 12 de enero del 2010 o a la costa oriental de Japón que padeció el tsunami.Pero las Farc lograron imitar el poder destructivo y demencial de la naturaleza por medio de una 'chiva' llena de explosivos. Esos buses antiguos que ayudan a cientos de personas en Colombia a llegar a los lugares más recónditos y que en muchas ocasiones hemos visto en versión miniatura en almacenes de artesanías como símbolo del país, la guerrilla logró convertirlos en símbolo de terror y destrucción.Testigos relataron que alcanzaron a ver la 'chiva' a unos 80 metros en una calle con pendiente que lleva directamente a la estación de Policía. Nadie sospechó del automotor si se tiene en cuenta que en ese momento, alrededor de las 9:40 a.m., había jornada de mercado y este autobús tenía racimos de plátano, jaulas con gallinas y costales que ocultaban las pipas con explosivos que había en su interior.Pero lo que parecía ser una jornada de mercado normal, cambió a las 10:00 a.m.. Primero, guerrilleros atacaron con ráfagas de fusil, granadas y ‘tatucos’ las garitas y el costado opuesto a donde se encontraba la 'chiva' de la estación de Policía, para minutos después, como quien deja caer una bola de billar por una pendiente, poner a rodar el enorme bus con dirección al comando. No era Al Qaeda, eran las Farc. Después de la explosión que se sintió en todo el nororiente del Cauca, todo fue terror, confusión, todo fue silencio.La historia de MargaritaMientras acomodaba en costales algunas pertenencias que le quedaban, Margarita, quien vivía a dos casas de la estación, relató su historia:“En el pueblo se escuchaba el rumor desde hace días. Todo el mundo sabía que algo iba a pasar, lo que pasa es que cuando pasan los días y no pasa nada la gente no le para bolas, y vea, cuando menos pensamos, en pleno mercado, nos hacen esto.Yo acababa de llegar a mi casa de la plaza, empecé a cocinar un dulce cuando sentí los disparos. De inmediato fui por mi hijo, tiene 2 años, y lo abracé y nos escondimos en un rincón.A los minuticos sentí una explosión que me dejó aturdida, la tierra tembló, todo la casa se llenó de polvo y como pude salté un muro de ladrillo, porque en medio del susto y las explosiones sentí que la casa se estaba cayendo.Me quedé sin trabajo, yo les lavaba la ropa y los uniformes a los policías, de eso vivía. La lavadora me quedó destruida. Ahora me toca ver qué me pongo a hacer. Gracias a Dios estoy con vida”.El teniente SantanaEs de Cartagena, tiene 25 años. Ha hecho cursos en combate urbano y enfermería, por esa razón, y a pesar de su corta edad, ha estado en lugares de difícil orden público como Nariño, Putumayo y desde hace seis meses está en Toribío.Con el uniforme lleno de polvo, sin su armamento de dotación y con una calma que asombra narró los hechos. “Al momento del ataque me encontraba en mi cuarto, sentí los disparos y cuando intenté reaccionar la explosión me tiró contra la pared.Nunca había perdido un hombre, es la primera vez. Son ataques cobardes, porque no son de frente, lo hacen a escondidas, camuflados de civil.Pero lo más cobarde es que destruyeron medio pueblo, perjudican a las personas que viven aquí. A nosotros nos hacen daño, estamos dando la pelea, si nos matan algo le dejamos a nuestras familias, nosotros nos vamos de aquí algún día, pero todo el daño se lo hacen a ellos -señala las casas y a las personas que recogen escombros-, a los que viven, trabajan y tienen sus hijos aquí”.En CorintoDos horas y media después del ataque en Toribío, en Corinto, a 70 kilómetros de Santana y Margarita, otro teniente de la Policía que pidió la reserva de su nombre narró lo que vivió.“Acababa de terminar de almorzar, eran las 12:22 p.m., me iba a recostar cuando escuché los gritos de mis compañeros y sentí la explosión.De inmediato reaccionamos y alcanzamos a herir al guerrillero. Ellos quieren liberar la presión contra ‘Cano’, pero de aquí no nos movemos, no nos van a ganar”.Mientras se calla el silencio, los habitantes de Toribío buscarán levantarse una vez más.

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