Todo lo que tiene que saber sobre las drogas sintéticas, un ‘viaje’ hacia lo desconocido

Todo lo que tiene que saber sobre las drogas sintéticas, un ‘viaje’ hacia lo desconocido

Febrero 03, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Todo lo que tiene que saber sobre las drogas sintéticas, un ‘viaje’ hacia lo desconocido

A primera vista, las pastas de estimulantes sintéticos parecen inofensivas, pero encierran altos riesgos.

Las drogas sintetizadas en laboratorios clandestinos combinan muchos químicos con efectos severos en el sistema nervioso. Actúan como desinhibidores sexuales e inducen al contacto íntimo. Sobredosis y mezclas con licor o cocaína, coctel mortal.

Las “violafácil”. Así las llaman en el oscuro mundo de las drogas sintéticas. Unas pastillas de colorcitos y tiernas figuritas. Un líquido incoloro e insaboro. Un polvillo rosadito que se camufla fácil en una bebida. Pero esas pastillitas de apariencia inofensiva y hasta tierna son estimulantes del sistema nervioso central que afectan la forma de pensar, sentir y actuar de quien las consume. Incluso, alteran su comportamiento sexual llevándolo al desenfreno total.Esas son las sustancias con las que se animan las fiestas electrónicas o ‘after party’ de los chicos y las chicas ‘bien’. Los promotores de estas rumbas alquilan enormes fincas en el Lago Calima o casas desocupadas en Ciudad Jardín. Allí una fiesta puede empezar un viernes y terminar un lunes festivo. En el lago pueden asistir hasta 3.000 personas que fácilmente pueden ‘despertar’ un martes luego de un eufórico fin de semana. Y allí pasa de todo. Ese desmadre obedece a uno de los principales problemas de las drogas sintéticas: que no se sabe exactamente qué sustancias químicas contienen. Los productores hacen combinaciones y mezclas extrañas para producir sensaciones nuevas que seduzcan a los jóvenes. Es realmente un viaje a lo desconocido. No hay una fórmula para prepararlas. Cada ‘chef las adoba’ a su manera. Por eso, así tengan el mismo nombre, producen efectos distintos.Delia Hernández, directora del Centro de Rehabilitación Fundar del Valle, donde ha atendido pacientes europeos, dice que en ese continente, cada vez más jóvenes van a los laboratorios y piden su droga a la carta: “quiero que tenga fenilefrina, anfetamina, menfetamina” y se las diseñan a su gusto. Son las ‘drogas de diseño’.En Colombia las más conocidas son las derivadas de las anfetaminas, como metanfetaminas, fenilefrina, metilenedioxianfetamina, o éxtasis o Mdma. Esta altera la producción de noradrenalina, dopamina, serotonina, entre otros neurotrasmisores generadores de las sensaciones de placer. Especialmente los de la serotonina, que afectan el estado anímico, el control de los impulsos, la alimentación y el sueño.Este estimulante produce aumento del tono anímico o sea de la alegría. “Es una droga entactógena, es decir, que causa deseo de tener contacto físico con otras personas. Por eso actúan como desinhibidores sexuales”, dice la psiquiatra Delia Hernández.Pero en el mercado ilegal circula mucha droga sintética de composición desconocida. Lo único claro es que son estimulantes del sistema nervioso central que dan una sensación de felicidad. El consumidor entra en un estado de excitación a la enemésima potencia, en el cual tiene alucinaciones visuales y auditivas. Unos dicen que ven a Dios, otros que los árboles caminan. En fin.Y no les da sueño nunca. Se tornan hiperactivos e incansables. Se recargan de energía inagotable. Por eso resisten la rumba electrónica, donde la música empieza suave, normal. Pero a medida que avanza la noche, el DJ le va aumentando el volumen y el ritmo al ‘pum pum’, que se asimila al latir del corazón, más y más hasta llegar a una especie de “orgasmo” sensorial.La música, sintetizada en un estudio como la droga en un laboratorio ilegal, aporta al éxtasis total. O mortal si la mezcla con licor, bebidas energizantes o hay sobredosis, porque aumenta el ritmo cardiaco hasta colapsar. En ese ámbito todos entran en euforia total, la realidad no existe, el resto del mundo no importa y el vendedor ofrece el estimulante como pandebono. En Cali se venden desde a $40.000 hasta $100.000.Porque son alucinógenos que dan estatus, que marcan la diferencia con aquel al que solo le alcanza para un varillo (marihuana) o un pase (cocaína o bazuco). Los nombres lo indican: las pastillitas llevan marcas sugestivas mundialmente reconocidas del universo ‘fashion’: Louis Vuitton, Love Story, Ferrari, Cupido, M&M, Apolo. “Si el consumidor está en un ‘after party’ donde hay calor excesivo y está saltando, puede presentar una pérdida de control del centro regulador de la temperatura corporal y sufrir una hipertermia severa o aumento exagerado de la temperatura corporal y quedar en cuidado intensivo”, explica la psiquiatra Hernández. Es como si fallara el sistema de refrigeración de un carro y el motor se recalentara hasta fundirse. Esta es la mayor causa de muerte en el mundo por drogas sintéticas.Las pastas producen mucha sed, demasiada sed. El consumidor va al baño y ‘coincidencialmente’ no hay agua. Es parte del negocio: venderla carísima porque es un asunto de vida o muerte: una botella puede costar $8.000 o $10.000. Otro efecto es una contracción mandibular que los pone a masticar. Por ello si están en una rumba electrónica siempre llevan un bombón para disimular o controlar este movimiento involuntario. Son las llamadas “fiestas del bombón”.Pasado el efecto produce una resaca y una depresión profunda. A largo plazo el éxtasis conlleva alteraciones en el control de impulsos y depresión de difícil manejo. Experimentos con primates han demostrado que daña el sistema serotoninérgico, los terminales nerviosos de neuronas productoras de serotonina, que son las de la felicidad. Efecto contrario al buscado al consumirlas. Qué son y cómo actúanDrogas sintéticas: son drogas fabricadas o sintetizadas en laboratorios clandestinos con mezcla de sustancias químicas con la intención de producir cambios neuroquímicos en el sistema nervioso central. Por ejemplo, el éxtasis o MD-MA, es una de las más populares.Semisintéticas: son aquellas que partiendo de una sustancia natural, han sufrido una transformación química. Por ejemplo, la heroína, que es derivada de la morfina.Inhalables: son sustancias químicas hasta más riesgosas por la forma como la consumen los jóvenes.Historia: La metilenedioxianfetamina, más conocida como éxtasis o Mdma, ya había sido sintetizada antes de 1912 con propósitos médicos para manejo de cuadros de angustia y estrés postraumático. Sin embargo, por sus efectos secundarios nocivos, nunca se comercializó. En los años 80 surgió en Estados Unidos como “droga recreativa” y en los años 90 llegó a Colombia. Riesgos: Así el consumidor de estimulantes sintéticos tome mucha agua o bebidas energizantes, si se bajan los niveles de sodio en el organismo (hiponatremia), la persona convulsiona y puede entrar en coma y llegar hasta la muerte.Si se mezclan con alcohol o cocaína hay un riesgo de toxicidad cardíaca que puede conducir a arritmias y problemas del corazón y morir. Un peligro inminente considerando que el consumidor de drogas sintéticas es consumidor de otras drogas. A las drogas artificiales llegan por policonsumoLos especialistas en farmacodependencia afirman que casi nunca hay un caso de consumo exclusivo de drogas sintéticas. La mayoría de pacientes son de policonsumo, es decir, son adictos a marihuana, cocaína, bazuco o heroína y el fin de semana pasan a las pastas.A estas llegan por experimentar, como empezaron con las otras sustancias. Quisieron probar algo diferente y desarrollaron la adicción. Además, no implica gasto, pues el primer contacto siempre es porque se la ofrece un grupo de amigos.Luego vienen los consumos esporádicos, pero cada día hay más adolescentes y jóvenes que caen en el abuso y la dependencia de las pastas. “Ya el consumo no es solo ‘recreativo’, sino que las toman solos en el ambiente académico, en la casa, en el trabajo y empiezan a descuidar sus responsabilidades”, dice María Fernanda Ortiz, trabajadora social de la Corporación Caminos, entidad rehabilitadora en farmacodependencia. Los terapistas insisten en que es muy raro hallar un paciente en el que las pastillas sean la droga de alto impacto. En el policonsumo, las sintéticas aparecen al final, es decir, después de otros alucinógenos. De 1.700 pacientes que atiende al año la Corporación Caminos por distintas adicciones, entre un 30 y un 40 % han probado alguna vez una droga sintética.Los pacientes con abuso o dependencia de drogas, incluidas las sintéticas, siempre revelan una carencia afectiva familiar, ya sea por defecto o por exceso. Hay casos de ausencia y abandono, pero los hay de los que lo tienen todo, que no alcanzan a desear nada porque sus padres ya se lo tienen o les resuelven todo. Así no desarrollan tolerancia a la frustración y al menor obstáculo, caen en la tentación y muchos desarrollan la adicción.Además, son jóvenes que salen los fines de semana pero los padres no verifican a dónde van ni con quién; les dan permisos de ir a fiestas pero sin control de hora de llegada ni saben en qué condiciones regresan y generalmente les validan el consumo de alcohol y/o cigarrillo, amparados en que son legales, dicen las sicólogas de las entidades. Pero esos padres desconocen que el alcohol y/o cigarrillo son la puerta de entrada a otras sustancias ilegales. Son los que dicen: “No entiendo porqué me hizo esto si lo ha tenido todo” o “él es muy irresponsable, me quiere matar (con su comportamiento)”.“Pero cuando la sicóloga les pregunta qué diferencia hay entre que él (papá) se tome cinco copas para poder salir a bailar y su hijo consuma una pepa para salir a saltar a la pista de la fiesta electrónica, si el efecto es el mismo, no aceptan ese cuestionamiento”, dice Ortiz.Es cuando estos padres le buscan peros al tratamiento, inventan excusas para no seguir asistiendo al proceso y hacen alianzas con el hijo para ello. La expresión característica de estos padres de familia es “aquí le traigo este muchacho para que me lo arregle y me lo devuelva bien juiciosito, como era antes”, pero sin asumir ellos ningún compromiso.Los indetectablesLa mayoría de los consumidores de las drogas sintéticas están entre los 18 y 25 años, seguidos de los jóvenes entre los 14 y 17 años. Generalmente son de estrato 3 en adelante. Los remiten de los colegios, pero hay mucho alumno de universidades privadas, muy involucrados en la rumba del fin de semana. “Es muy raro encontrar un consumidor de pastas de estrato 2 hacia abajo y jamás se ve un caso de un alumno de Univalle”, dice una de las fuentes.Otra fuente disiente y dice que sí es un lujo de los estratos medios y altos, pero que los bajos también lo hacen porque la oferta es cada vez mayor y los costos bajan para competir.Los consumidores de drogas sintéticas son difíciles de detectar porque su apariencia es “muy normalita”. No llevan cortes de pelo exóticos, ni el tatuaje, ni el piercing o la ropa llamativa. No, viven bien camufladitos. Otra característica de las drogas sintéticas es que no producen efectos físicos visibles por lo cual es cada vez más difícil detectar a los consumidores. Escasamente se puede apreciar una pupila dilatada y si llega de una fiesta y sigue despierto, es una señal. “Solo unos padres que conozcan bien a su hijo adolescente, podrán detectar los cambios en sus comportamientos”, dice María Fernanda Ortiz, trabajadora social de la Corporación Caminos y con quince años de experiencia clínica en adicciones.Un consumidor experimental puede probar una pasta en una noche, pero uno que ya haya adquirido el hábito puede tomar hasta 6 y 7 pastas en ese lapso. “Es cuando viene la sobredosis y el joven pierde el sentido, presenta dificultad respiratoria y vómitos y puede convulsionar hasta ocasionarle la muerte”, dice Ortiz.En Cali no se conocen casos de muerte por esta causa. Pero los expertos consideran que hay un subregistro porque en las EPS no les hacen prueba de orina que es el método más confiable para detectar qué sustancia consumió el paciente. Por esa razón el diagnóstico es que murió de un infarto a “temprana edad”, que tenía una falla cardíaca congénita o que murió de un accidente de tránsito por exceso de velocidad a la madrugada, pero no se investiga bajo qué efectos manejaba.A las terapias van más hombres que mujeres. No significa que haya menos consumidoras. Lo que sucede es que en el género masculino es más detectable porque tienen comportamientos adictivos abiertamente más irresponsables, mientras que las chicas tienen más control del consumo y pueden mantener una imagen frente al ámbito familiar, social, laboral o académico.Sin embargo, hay casos atípicos, como el de un niño de 13 años que convulsionó y fue remitido a Caminos. Era un niño que cumplía las normas, tenía un rendimiento académico normal y jamás había tenido contacto con consumidores ni con expendedores.Solo que a él le daba mucho sueño en clase. Entonces un amiguito le hizo el favor de llevarle unas pastas que el siquiatra le había medicado a su abuelita. Un día el niño convulsionó en el colegio y fue cuando sus padres y profesores se enteraron del diagnóstico: llevaba 9 meses consumiéndolas.

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