"Somos reporteros, no somos espías ni mandaderos de nadie": Salud Hernández

Mayo 29, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alfonso Ospina | Colprensa.

La periodista Salud Hernández cree que la guerrilla del ELN sí tiene voluntad de dialogar hacia un acuerdo de paz. Hace fuertes críticas al Ministro de Defensa.

A menos de 24 horas de haber regresado de un secuestro de una semana, Salud Hernández-Mora ya recuperó la fortaleza a la que tiene acostumbrado al país, para llamar las cosas por su nombre y decir sus convicciones sin dejar el mínimo espacio para las dobles interpretaciones.

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Está convencida de que su secuestro fue un error y de que terminó por orden directa de los máximos comandantes del ELN, lo que interpreta como una señal de que esa guerrilla sí tiene voluntad de dialogar hacia un acuerdo de paz. Pero también cree que el Gobierno se equivocó al hablar sobre su situación, particularmente el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, a quien le dijo: “Si quería fastidiar, lo consiguió”.

Así mismo, asegura que el caso que vivieron ella y el equipo de reporteros de RCN tiene que servir para que los periodistas nos unamos para exigir respeto por nuestro trabajo. Así lo dejó en claro en diálogo de este mediodía con COLPRENSA.

¿Qué puede aprender el periodismo del episodio que acaba de terminar, su secuestro y el de los reporteros de RCN?

Lo que tenemos que hacer todos es unirnos, para exigirles a los grupos armados que nos respeten. Si no nos dejan trabajar en esas zonas apartadas de Colombia, lo que van a impedir es que podamos reportar ese abandono ancestral que existe, porque no solo vamos allá a hablar de guerra y de grupos armados, vamos a reportar de muchas otras problemáticas. Tenemos que exigir que nos dejen trabajar; somos reporteros, no somos espías, ni mandaderos de nadie.

También nos podría enseñar a no comprometer el trabajo con determinadas facciones, lo que nos pone en más peligro…

No. No sé a qué facciones te refieres. En periodismo uno puede tener las ideas que sea, pero se es reportero y lo que se hace es informar lo que está ocurriendo en una zona, hablar con las comunidades y ponerlas de manifiesto. Si hay periodistas que le meten ideología a sus informes, pues no creo que haya mucho que aprender allí; una cosa es la opinión y otra cosa es la reportería.

Eso me ha gustado de sus primeros mensajes tras el secuestro, sobre la necesidad de volver a las fuentes básicas…

Pues claro. ¿Qué es lo que quieren los grupos armados?, ¿que reportemos desde un escritorio de Bogotá todo lo que pasa en el país?, pues a lo mejor ese periodismo hay que enterrarlo. Es que en las regiones hay muchas problemáticas; los grupos armados son un factor, pero no el único; hay que informar de todo y en todas partes, no solo en el Catatumbo. Así se lo dije a la guerrilla: que nos tienen que garantizar el trabajo, que un secuestro como el mío era absurdo, que no tenía ningún sentido, que las que pierden son las comunidades.

¿Los que la escuchaban eran guerrilleros rasos?, ¿qué le respondían?

No. No se lo dije a los guerrilleros rasos, se lo dije a un comandante medio que había ahí, el que dirigía el grupo. Me contestaba que sí, que estaba de acuerdo, pero que lo que pasaba era que había que pedir permiso, comprender que hay zonas de guerra y ciertos riesgos, pero que yo siempre podría volver a esa zona.

A propósito del Catatumbo, ¿qué le falta, para salir de la situación que vive?¿Qué le falta?

¡Todo! ¿Tienes papel para hacer una lista?, nos tomará todo el día. Esa lista es interminable.

Entonces, con tantas carencias, ¿qué es lo primero que debe recibir la zona?, ahora que estamos en espíritu de posconflicto…

Es que yo no tengo ese espíritu; porque para estar en posconflicto, primero hay que terminar el conflicto. Es que estamos vendiendo la burra antes de comprarla, vendiendo la piel antes de cazar el tigre. Ese es un problema nuestro, estamos hablando de las autopistas 4G y no hemos hecho las 3G; luego hablaremos de las 8G y seguiremos sin una carretera de ninguna G que una a dos pueblos. Es que acá nos inventamos unas películas…

Luego de los días que pasó con ellos secuestrada, ¿cree que sí tiene voluntad el ELN de iniciar una negociación de paz?

La prueba de que sí tiene voluntad es que creo que el que mandó liberarnos fue el COCE (Comando Central del ELN, máxima instancia de dirección de esa guerrilla).

Así que usted cree que el camino correcto es el del diálogo de paz…

Estoy en contra de muchas formas en que se llevan los procesos, estoy en contra de negociar con esos grupos la agenda del país, o parte de la agenda del país, pero creo que el camino para salir de la guerra es el diálogo y que hay voluntad en los comandantes para ello.

Justamente por su secuestro, hay gente que pide arreciar los ataques militares contra los comandantes del ELN…

Creo que a los comandantes del ELN tendría que buscarlos y apresarlos la Fiscalía, porque ya tienen muchos procesos en marcha, pero no creo que en este momento la solución sea esa vía militar. Además, los comandantes están en Venezuela.

Luego de su regreso, ¿ha hablado con el presidente, o con alguno de sus ministros?

No. No me han llamado, pero tampoco creo que tengan que hacerlo. Ellos ya han expresado públicamente lo que sienten y eso se los agradezco mucho, no tienen por qué buscarme personalmente. Además ayer, cuando estaba en Ocaña, el presidente Santos sí me envió un ofrecimiento para que yo fuera a Tibú y me devolviera en su avión a Bogotá. Decliné esa oferta.

¿Qué opina de las declaraciones encontradas que dio el Gobierno esta semana, por ejemplo la decisión del ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, de no definir su caso como secuestro?

Eso sí me lo tendrá que explicar alguna vez el ministro, ¿si lo que pretendía era aterrar a los familiares de los colegas reporteros (de RCN)? Porque en España no distinguen, no alcanzan a diferenciar entre secuestro, desaparición y desaparición forzada, esos no son términos de uso común. Pero si en Colombia hablas de desaparición forzada, lo que la gente piensa es que los han matado. Lo que hizo el ministro me pareció una irresponsabilidad que él me tendrá que explicar algún día. Si quería fastidiar, lo consiguió.

¿Cómo debería repararla el ministro?

Pues conmigo nada, me da igual, ya es agua pasada, ya me importa un pimiento. Pero él sabrá por qué lo habrá dicho, para que en el futuro no lo repita. Lo que pudiera hacer es no volver a decirlo.

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