‘Sodoma’, un año de la caída de ‘el Mono Jojoy’

Septiembre 18, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Alejandra Bonilla, Colprensa.
‘Sodoma’, un año de la caída de ‘el Mono Jojoy’

Meta. Siete toneladas de explosivos cayeron en el búnker bajo tierra en donde se escondían ‘Jojoy’ y sus hombres. Sus cuerpos quedaron enterrados.

Así se planeó el operativo en el que murió el jefe militar de las Farc. Siete toneladas de bombas inteligentes y convencionales cayeron sobre el objetivo principal sin necesidad de GPS.

Eran dos objetivos. Uno principal de 300 metros cuadrados y otro de 200 metros cuadrados, ubicados a corta distancia entre sí. En el primero se sabía con certeza que estaba el campamento principal y el búnker bajo tierra, del símbolo de terror de las Farc: Víctor Julio Suárez Rojas, alias El Mono Jojoy o Jorge Briceño. En el otro se estimaba que podría estar Henry Castellanos, ‘Romaña’.En las selvas del sector conocido como La Escalera, de la Serranía de La Macarena (Meta), 150 integrantes del primer anillo de seguridad estaban con el ‘Mono’. “A corta distancia, en donde estaba la otra parte del primer anillo, ahí se supone que estaba 'Romaña'”, reveló a Colprensa un oficial que participó en la planeación y ejecución de la histórica operación ‘Sodoma’.Inteligencia de todas las Fuerzas Armadas e información de un infiltrado de la Dipol de la Policía, que duró dos años haciéndose pasar por guerrillero, consolidaron la información que el 17 de septiembre del año pasado el presidente Juan Manuel Santos analizó en una visita a la base Militar de Larandia en Caquetá. Tres días después, autorizó la operación, para la que se ubicaron dos puestos de mando: en Bogotá y en La Macarena.En pocas horas se movilizaron cerca de 900 efectivos de las Fuerzas Militares y de Policía, junto con 38 aeronaves de la Fuerza Aérea, 34 del Ejército y 3 helicópteros de la Policía, que fueron utilizados en la operación.Aparte de La Macarena y de Larandia, se fijó una base en San José del Guaviare, para movilizar a la tropa a bordo de las aeronaves. El primer plan se presentó al entonces comandante de las Fuerzas Militares, almirante Édgar Cely, hacia la 1:00 p.m.; unas horas después ya se tenían las correcciones pedidas por todos los altos mandos. La operación era conocida por pocas personas.Nadie hizo preguntas y de múltiples puntos del país, como Apiay, Sogamoso, Bogotá y Tolemaida, se movieron de noche las tropas de fuerzas especiales, de contraguerrilla, de infantería de marina.Los mejores pilotos de la Fuerza Aérea, de la división de asalto aéreo del Ejército y de la Policía cruzaron cordilleras a pesar de las dificultades meteorológicas. No se conocía la misión, ni el objetivo, ni las coordenadas.“El primero, el segundo y casi el tercer anillo sumaban 925 terroristas. El bombardeo tenía que ser efectivo y duró más o menos 30 minutos”. Empezó a las 2:00 a.m. del miércoles 22 de septiembre.Siete toneladas de bombas inteligentes y convencionales cayeron sobre el objetivo principal sin necesidad de GPS. Los efectos de las segundas derrumbaron las paredes y techos del búnker y la onda explosiva destruyó la guarida, hecha de palos y tierra, que se le vino encima, literalmente, al hasta ese día jefe militar de las Farc, quemándole el rostro.En la madrugada de ese miércoles, ‘Sodoma’ entraba en la fase que iba a permitir conocer el éxito de la operación. Lo explica un oficial de la división de asalto aéreo: “Para que Colombia lograra saber cómo murió ‘El Mono Jojoy’, el soldado colombiano, de infantería de marina, de contraguerrilla o de Fuerzas Especiales debía colocar el pie en el piso. Si nosotros no hubiéramos hecho lo que hicimos, pues no se consolida el objetivo”.Fue la parte más riesgosa para las tropas, que en ese punto ya sabían que había 925 guerrilleros con armas antiaéreas listos para responder el fuego en medio de la visibilidad que daba una luna llena.A pesar de la cercanía entre los campamentos, se trataba de dos objetivos distintos, por lo que se planearon rutas de ingreso y salida de quince helicópteros en cada uno de los blancos, divididos en pelotones. Entraban cinco, en fila dada la geografía, y mientras descendían los comandos en rapel (descendiendo por cuerdas), otros cinco esperaban y así en tres tandas. Cualquier falla era un accidente.Ya en tierra la situación cambiaba. El fuego era nutrido y el primero de los nueve combates que se libraron durante todo el día 22, lo dio el batallón de Fuerzas Especiales Número 3, minutos después de que un suboficial descendiera por el árbol en que se enredó su cuerda.Cerca de 900 hombres libraron en tierra otra batalla encarnizada, entre los recovecos de la selva y los campamentos de menor capacidad esparcidos por toda la región, acompañados por el fuego de los helicópteros arpías de la Fuerza Aérea y el ‘Cazador’. Luego se realizó una segunda fase de bombardeo sobre las partes altas aledañas.En Bogotá los altos mandos recibieron la confirmación de que las tropas habían encontrado, luego de cavar con pica y pala, un cadáver con las características del encargado de las acciones más violentas de las Farc, del hombre que creció y murió en La Macarena.Desde las enfermedades que tenía, la ropa que usaba, las rutinas que tenía, sus gustos, su temor a un bombardeo, todo lo sabían los integrantes de la Fuerza Pública gracias a inteligencia e información suministrada por desmovilizados del Bloque Oriental. Ese Bloque constituido por miles de hombres que siempre iban con él y que tras su muerte pasó a llamarse Bloque ‘Jorge Briceño’ al mando de ‘Mauricio El Médico’.“La coordinación entre las Fuerzas fue fácil porque no era la primera operación de ese nivel que hacíamos. Todo se coordinó, las reuniones de planeación de tierra y las de aire. El orden de salida, la frecuencia, el combustible, todo. Fue la caída del terror que significaban las Farc y particularmente ese terrorista. Dado de baja como ocurrió, cayó el poderío, mal llamado militar, sembrado por el terror de este personaje”, repite con orgullo el oficial, doce meses después del operativo en el que participó y que marcó un nuevo capítulo en la historia colombiana.

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