"Si no fuera optimista, ya me habría ido de Cali": general Fabio Castañeda

"Si no fuera optimista, ya me habría ido de Cali": general Fabio Castañeda

Diciembre 17, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

El general Fabio Alejandro Castañeda, comandante de la Policía Metropolitana de Cali.

Días violentos: han aumentado los homicidios. Urabeños y Rastrojos se enfrentan en la calle. El comandante de la Policía, Fabio Castañeda, acepta hablar. ¿Qué tan tranquilo duerme el General?

El General dice estar tranquilo. En las noches no duerme más de cuatro horas, pero jura que son horas de sueño profundo. El General por las tardes se toma una aromática, pero lo hace apenas por costumbre. Sus hijas le han pedido que deje esta ciudad. Que vuelva a su lado. Que se vaya de Cali. Pero él se niega. Les ha hablado de un compromiso. Una misión. Jura estar tranquilo.Ahora está detrás de su escritorio: una poderosa pieza de madera con una incrustación de cuero sobre la que tiene extendida una encuesta de percepción ciudadana y una nota de prensa del día. También hay un hablador de madera con su nombre tallado: Fabio Alejandro Castañeda Mateus.El General está al teléfono con una periodista. Le dice que también es necesario resaltar lo positivo del trabajo de sus hombres, que eso es un asunto importante para destacar. Mientras habla lee cosas que ha escrito en el borde de unas hojas: números, nombres, datos. Diez minutos y 45 segundos después cuelga. Se disculpa: “Donde no hable me enfermo”.Pese a que diga lo contrario, estos no deben ser días tranquilos. No al menos fuera de esa oficina. En los diez primeros días de diciembre, 53 muertos en las calles de Cali. Sólo el último fin de semana, 20 homicidios. Una chica a la que le roban el pelo mientras camina, una modelo tiroteada a plena luz del día, el asesinato de una mujer embarazada. Todo esto en la última semana. El General empieza tomando agua. Serán tres vasos durante la próxima hora y media. Al final pedirá una aromática.¿Qué es lo que está pasando General? A principios de año la reducción de homicidios fue una constante, pero desde el segundo semestre pasó todo lo contrario...Diciembre es un mes sensible. El año pasado fueron como 188 muertos. Eso obedece a diferentes circunstancias, una de ellas las venganzas. El viernes anterior hubo un ajuste de cuentas entre delincuentes y en dos casos perdieron la vida seis personas. En uno de los dos casos se capturaron en flagrancia los delincuentes con pistolas nueve milímetros. Y esas pistolas, que vienen con capacidad de doce tiros, tenían proveedores de 30 proyectiles; eso es un indicador de que hay venganzas entre grupos. Esta es una dinámica que se ha presentado en los últimos años. Y nadie, ni el Alcalde ni yo, tenemos la varita mágica para decir señores, a partir de hoy no se maten. Hemos hecho el mejor esfuerzo, llevamos dos semanas sensibles que han sido atípicas.Pero es que esta situación no solo tiene que ver con estas dos semanas que usted dice son atípicas...Lo que pasa es que son los problemas disímiles. Esta es una ciudad que tiene desmovilizados, desplazados, bandas criminales utilizando bandas delincuenciales para hacer sicariato. No en vano se han logrado incautar 300 fusiles en lo que va del año. Eso ni en Bogotá. ¿Y eso qué quiere decir? Que Cali es una ciudad tránsito para bandas y guerrilla. Los delincuentes aprovechan el problema social que hay para tercerizar el conflicto, para contratar jóvenes. En los hechos delincuenciales un 60% de delincuentes adultos instrumentalizan niños de 16, 17 años y los entrenan para ello. ¿Eso qué refleja? Gústele a quien le guste: venganzas. Si a alguien lo van a matar, a alguien le pagan para eso y eso no se soluciona con un operativo más o uno menos. Hemos hecho los operativos y se hacen con regularidad. No es que se haya bajado la guardia. Usted habla de causas disímiles y eso es algo que ya estaba diagnosticado hace mucho. ¿Usted no cree que la estrategia se ha quedado corta?Pienso que aquí hay que hacer varios ajustes. Ya tenemos por primera vez, en muchos años, un Alcalde que entiende la problemática de la ciudad. Él entiende que el problema aquí no es de policías; usted puede tener mil policías más, pero si los problemas de convivencia y sociales se mantienen, más policías no son la solución. La solución en este caso debe ser fortalecer los temas de justicia, trabajar temas de convivencia, temas sociales, generación de empleo. Y, lógico, hay un componente de responsabilidad de nuestra parte.Eso también se ha contemplado desde hace mucho General, ¿De verdad no cree que la estrategia para Cali debe ser totalmente diferente a lo que se implementa en el resto del país?Sí, yo por eso repito que esta no es una tarea fácil. Lo importante es continuar con esa articulación de esfuerzos con el Gobierno Nacional. Es más, el Plan Integral de Convivencia ciudadana apunta a que desde el Gobierno Nacional se apoyen diferentes temas, como la prevención. La tarea de corresponsabilidad con la Alcaldía, la Gobernación, el Pacto por la Vallecaucanidad es un buen avance. En cuanto a corresponsabilidad, estamos recibiendo ya un poco más de recursos para afinar la estrategia. ¿Usted qué cree que piensa hoy un caleño sobre su Policía?Que es una Policía cada vez más comprometida, más humana, más social. La gente entiende la problemática, que para nada es fácil, pero que hemos venido haciendo un buen esfuerzo. Yo no creo que queden dudas del esfuerzo, pero tampoco creo que la percepción generalizada sea la de una ciudad segura. Esta semana le robaron el pelo a una chica mientras caminaba, mataron a una mujer embarazada, sicarios le dispararon a una modelo en El Troncal. Uno habla con gente y mucha gente habla de miedo... Este año no se cuántas empresas nuevas han llegado a la ciudad. Eso es prueba de que la confianza esta mejorando. ¿Que hay que derrotar el miedo? Claro. Pero yo lo invito a usted y a las personas que dicen sentirse preocupadas a que se metan al Plan cuadrantes, que se vinculen al Pacto de la Vallecaucanidad, que todos apuntemos para el mismo lado para sacar esto adelante. Aquí la ley del todo vale está a pedir de boca. Necesitamos cultura de la legalidad.Ese fue uno de los conceptos que usted repitió desde que llegó al Comando. ¿Usted cree que la cultura de la legalidad un día podrá dejar de hacer parte de un discurso?Sí. Yo soy optimista. Si no fuera optimista ya me habría ido. Hoy están alineados los astros, falta el ciudadano del común que se vincule. Si alguien tiene una estrategia mejor que la nuestra, que nos la ayude a armar. Usted se declara optimista. Dice que de lo contrario se habría ido. ¿En este tiempo no ha pensado en irse?No, por ningún tema de ciudad. Sí, por un tema familiar.General, hace un tiempo ustedes tenían identificadas doce oficinas de cobro. Pero en la calle esa cifra la multiplican por cinco. ¿Cuál es la realidad?Estamos haciendo un inventario para continuar la lucha. Quedan esas doce, pero pueden ser más. Estamos trabajando con todas las unidades de inteligencia para lograr ampliar el espectro. Hay que tener en cuenta que acá hay también 66 pandillas que, en cualquier momento, pueden pasar a nutrir cualquiera de esas otras estructuras.Teniendo en cuenta todas estas particularidades, ¿no es más que evidente que en Cali necesitamos una acción diferente? Aquí están Los Urabeños, Los Rastrojos. Lo de las Bacrim es tan complicado, que el Defensor Nacional ha pedido se les otorgue estatus de beligerancia para que puedan ser combatidas en las ciudades también por el Ejército... En las ciudades la responsabilidad es exclusiva de la Policía y tenemos que seguirla afilando. Lo que vamos a pedir es ubicar fiscales que trabajen directamente contra esas bandas. En una ciudad como esta, necesitamos por lo menos seis fiscales trabajando con nosotros. Y además de fortalecer el aparto de justicia, necesitamos más unidades de inteligencia y tecnología de punta. En estos días llegarán los primeros vehículos multifuncionales, que permitirán el desdoblamiento de los cuadrantes. Hace poco mataron a ‘Ariza’. El hombre era uno de los cabecillas de Los Rastrojos en la ciudad. Lo mataron con tiros de fusil. Siguió la muerte de ‘Corbata’. Las muertes están asociadas con la guerra entre Urabeños y Rastrojos, peleándose el territorio. Usted habla de tecnología para hacer desdoblamiento de cuadrantes en medio de una guerra sin límites...Nuestro compromiso es atacar cualquiera de los fenómenos delincuenciales. Por eso vamos a continuar ofreciendo recompensas por estos cabecillas. Cada que un delincuente asome la cabeza tenemos que fortalecer el plan de recompensas y el proceso de judicialización. Yo creo que vamos por buen camino.Sí, ese es parte del camino. Pero no es un camino nuevo. Las carencias que en inteligencia ha tenido la Policía ha sido una de sus limitaciones para contrarrestar el problema...La inteligencia policial es una de las mejores del mundo. Tenemos que seguir ajustando y fortaleciendo. Vamos a tener más equipos de tecnología, de interceptación, más herramientas de trabajo para que esas unidades de inteligencia puedan atacar más estos fenómenos.Hace unos meses, con la posible libertad de varios miembros de la familia Henao, se temió que hubiera un reacomodo en las estructuras criminales en el Valle y Cali. Viejas retaliaciones pendientes, ajustes de cuentas relacionados con la mafia de los años 80 y 90. ¿Algunos de los homicidios de este segundo semestre tienen que ver con eso?Muchas de las muertes que se han dado en contra de abogados, contadores y personas con antecedentes han ocurrido por ese reacomodamiento. También por el reacomodamiento de Rastrojos y Urabeños.General, usted tiene tres niñas. Dos viven en Bogotá. ¿Qué dicen ellas al ver a su papá afrontando los problemas de una ciudad como Cali?El día del atentado en la Avenida de los Cerros (31 de agosto) yo caí junto con mis escoltas. Y esa es una muestra del compromiso que hay aquí: si hay que dar la vida por la ciudad, la damos. Después del atentado las niñas me pedían que me fuera y yo les dije que no, que me quedaba porque era un compromiso, una misión para la que Dios me colocó en la Policía.¿Hoy cómo son sus días?Muy cortos. Duermo en promedio cuatro horas. Llego a mi casa entre las doce y una de la mañana. El fin de semana me acuesto más tarde. Y a las cinco de la mañana ya me está timbrando el teléfono. Antes de acostarme siempre hago una oración, me entrego a Dios y salgo al balcón y desde ahí abro mis brazos y le pido a Dios que proteja a la ciudad.¿Y esas cuatro horas, son horas de sueño profundo?Sí, duermo bien porque tengo satisfacción del deber cumplido. ¿Qué le dice el Director de la Policía de su gestión en Cali? El ocupó su cargo hace unos años...Mi general León es un hombre muy exigente que no acepta disculpas, que piensa que se puede hacer mucho más y en eso estamos.Entonces en esa exigencia le ha jalado las orejas...Claro, cada vez que viene. En todos los hechos que revientan en la ciudad, nosotros somos los principales críticos, pensamos que se pudieron haber prevenido.

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