Rondas escolares, en medio de la guerra en Toribío, Cauca

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Por causa del conflicto armado, en el norte del Cauca los estudiantes son preparados en los salones para afrontar los hostigamientos y atentados terroristas de las Farc. Los niños de Toribío aprenden que deben tirarse al piso porque las balas cruzan las aulas.

Rondas escolares, en medio de la guerra en Toribío, Cauca

Julio 14, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Perla Escandón Tovar | Reportera Elpais.com.co
Rondas escolares, en medio de la guerra en Toribío, Cauca

En Toribío, los niños y los jóvenes deben aprender a hacerle el quite a la guerra en las aulas escolares.

Por causa del conflicto armado, en el norte del Cauca los estudiantes son preparados en los salones para afrontar los hostigamientos y atentados terroristas de las Farc. Los niños de Toribío aprenden que deben tirarse al piso porque las balas cruzan las aulas.

En Toribío, como sucede en otros municipios del norte del Cauca, los niños y los jóvenes aprenden a hacerle el quite a la guerra en las aulas escolares. Con rondas infantiles y cuentos esperan acostados en el suelo a que cesen los enfrentamientos entre las Farc y el Ejército.Mientras suena el traqueteo de los fusiles, Lorena, de 6 años, repite las vocales en voz alta. Lo hace lo más duro que pueda, muchas veces aguantando las ganas de llorar. Dice que a veces quisiera salir corriendo, pero sabe que no lo puede hacer porque su madre le explicó que "uno de los tiros me puede matar". Esta pequeña de cara redonda y cabello negro es uno de los 1.200 alumnos de la Institución Educativa Toribío que no sólo reciben su formación académica sino que son preparados para reaccionar en casos de hostigamientos y atentados terroristas de las Farc. El próximo martes debe comenzar el periodo escolar, pero debido a los daños dejados por la chiva bomba las clases tendrán que ser postergadas. La explosión acabó con ventanas, los pasillos están llenos de vidrios y los techos y las puertas resultaron averiadas. A pesar de que en las afueras del plantel educativo un símbolo indica que es una zona prohibida para los actores armados, como lo declara el Derecho Internacional Humanitario, esto no se cumple. Las balas atraviesan los salones y en algunas ocasiones las paredes se convierten en trincheras de los armados. Por eso los directivos y los profesores les enseñan a sus púpilos que lo primero que deben hacer es tirarse al piso para proteger sus vidas. Otra estrategia para olvidarse del ruido ensordecedor de los ametrallamientos es jugar a la gallina ciega o al lobo feroz. Maryuri, de 5 años, imagina que es caperucita roja que huye del bosque encantado porque el lobo feroz la persigue. Hay días en que se pone a dibujar árboles y carros mientras los guerrilleros le disparan desde las montañas a los soldados del Ejército. "Gallinita, gallinita ¿Qué se te ha perdido en el pajar?. Una aguja y un dedal. Da tres vueltas y la encontrarás", canta otras veces la pequeña sin saber realmente qué esta ocurriendo en las calles del municipio. Rosbita Gómez, coordinadora del área de secundaria y media de la Institución, explica que estas enseñanzas no sólo son para ser aplicadas en el colegio sino en cualquier otro lugar porque nunca se sabe por dónde aparecerá la guerrilla. "Reunimos a los estudiantes y les explicamos qué deben hacer en los momentos de alteración de orden público. Para que se distraigan un poco y no se centren en los hostigamientos, los ponemos a cantar y a inventar historias. Si la situación sucede cuando ellos están en recreo, entonces les damos la señal para que entren a los salones", afirma la docente. "Cada director de grado se responsabiliza de los estudiantes y les cambia la actividad. Coordinamos con la guardia indígena y las autoridades a la espera que nos den la señal para evacuar el colegio y miramos por qué lado es más seguro salir", añade la coordinadora. Enseñanzas para la vida diariaHector, de 9 años, alumno de cuarto de primaria, sabe de memoria cómo actuar. En seis ocasiones mientras aprendía español le tocó tirarse debajo del pupitre o salir agachado hacia el restaurante escolar. "No lloro porque no me gusta desesperar a los demás. Siempre pienso en mis hermanos y en mi mamá", afirma. Su amigo Kevin aplica estos consejos cuando está en la casa o en la plaza de mercado. "Me tiro debajo de la cama y no me asomo a la ventana. El pueblo está en guerra, el sábado se lo tomaron, tiraron una 'chiva bomba' e hicieron daños, hubo muchos muertos y heridos", manifiesta el niño. La maestra Rosbita recuerda que hace dos años dos chicas resultaron heridas cuando salieron del aula a mirar cómo había quedado Toribío, una vez cesaron los enfrentamientos. Habían terminado de presentar el Icfes, pero no se percataron que uno de los armados seguía disparando y las balas las hirieron en las piernas. En marzo de este año, al otro lado de Toribío, en el municipio de Caldono, 700 alumnos de la escuela Monterilla quedaron atrapados en medio del fuego cruzado. Tuvieron que encerrarse en varias salones para no ser alcanzados por los proyectiles de armas automáticas. Sin embargo, los armados corrieron por los alrededores y empotraron las armas en una batalla durante 50 minutos que generó destrozos en puertas, techos, ventanas y muebles. Tristemente el conflicto armado hace parte de la cotidianidad de los niños y los jóvenes del Cauca. La rectora de la Institución Educativa Toribío, María Elena Santacruz, agrega que los pequeños juegan a los policías y a los guerrilleros, hacen armas de papel, recogen los casquillos de las balas y los cambian entre ellos por dulces.

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