Reclusiones para los militares en Colombia están en el ojo del huracán

Reclusiones para los militares en Colombia están en el ojo del huracán

Enero 23, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Colprensa y Redacción de El País
Reclusiones para los militares en Colombia están en el ojo del huracán

El mayor (r) César Alonso Maldonado al ser recapturado fue llevado con extremadas medidas de seguridad a la Cárcel La Picota, en Bogotá.

El Gobierno pide que sean llevados a las cárceles del Inpec. Militares insisten en su fuero. Debate.

El escándalo por las llamadas ejecuciones extrajudiciales obligó a las Fuerzas Militares a adecuar varias bases como prisiones para los uniformados implicados en esas conductas. La principal es la cárcel de Tolemaida, ubicada en dicha guarnición.“Hace años era un centro de reclusión militar que no tenía espacio para más de cinco detenidos. Le decían Cuatro Bolas, porque en las esquinas habían unos tanques redondos. Pero por la necesidad de tener un centro adecuado para albergar a la gran cantidad de procesados, allí se construyó una prisión con todas las medidas de seguridad”, dice un oficial del Ejército.Esa adecuación fue realizada en el 2000, cuando construyeron un bloque con cien celdas, en las que caben 200 internos. El año pasado se terminó un segundo pabellón con 50 celdas, para cien internos. Actualmente, Tolemaida alberga aproximadamente 280 militares. Diez años atrás la cifra no llegaban a los cien. Esta semana esta cárcel militar, construida por el propio Inpec, ha estado en el ojo del huracán por las denuncias hechas por los medios de comunicación, según las cuales el mayor retirado Juan Carlos Rodríguez, alias Zeus, condenado por narcotráfico, se paseaba como amo y señor de esta reclusión. Se dice que hasta entraba prostitutas al reclusorio. Tras esas revelaciones se ordenó trasladar a la cárcel La Picota a cinco militares detenidos en Tolemaida, condenados a penas mayores de 25 años. Cuando llegaron los funcionarios del Inpec, uno de los detenidos: el mayor César Alonso Maldonado -condenado por el atentado contra el ex congresista Wilson Borja- se había escapado. Un día después lo hallaron a varios kilómetros de la guarnición militar.Este nuevo escándalo hizo que el huracán afectara no sólo a Tolemaida, sino al resto de prisiones militares. El Gobierno Nacional ordenó que todos los miembros de la Fuerza Pública, procesados por delitos de la justicia ordinaria, debían ser llevados a la cárceles del Inpec. Según cifras del propio Inpec, 1.008 integrantes de la Fuerza Pública están detenidos, tanto en guarniciones militares como en prisiones civiles. De ellos, 225 reclusos son de la Policía (34 sindicados y 191 condenados) y 783 de las Fuerzas Militares (447 sindicados y 336 condenados).En los últimos años los detenidos de las Fuerzas Militares han aumentado por los llamados ‘falsos positivos’. A mediados del 2009 la Fiscalía daba la cifra de 426 detenidos por ejecuciones extrajudiciales. Debido al alto número de capturados, se planea la construcción de dos centros de reclusión militar ubicados en el Batallón de Policía Militar de Bogotá y en el Cantón de Nápoles de Cali.Las medidas que se tomaronQue las personas encargadas de manejar los centros de reclusión militar serán obligatoriamente oficiales superiores (coroneles o tenientes coroneles) es una de las medidas que se estudian al interior de las Fuerzas Militares.Esa iniciativa buscaría contrarrestar una realidad que es mucho más que un secreto a voces: las irregularidades que puede provocar el que un militar preso, por actos del servicio o por delitos comunes, esté en un sitio dirigido por un uniformado de menor rango. Esto ocurre en dos sentidos: que sean propensos a ceder a las peticiones del interno o que reciban órdenes externas en beneficio de un interno en particular, aunque estén en contra del reglamento.Una fuente militar consultada por Colprensa, que pidió reserva de identidad, explica lo que puede suceder con el respeto a los grados. “Con un prisionero el rango ya no va, pero uno por respeto y por cortesía los llama por lo que son, mayores o coroneles; ahora, si el director del centro de reclusión da órdenes, pues estas se cumplen, porque uno imagina que esas órdenes no se las inventa sino que vienen de arriba”.El ex comandante de las Fuerzas Militares, general (r) Fernando Tapias Stahelin, sale al paso de esos cuestionamientos. “El rango no tiene ninguna importancia en el centro de reclusión, porque ahí todo el mundo es interno, no militar. Pasa lo mismo que en los civiles: el que es senador no es diferente al que es empleado de banco”.También, por pedido del Ministerio del Interior, los altos mandos militares tendrán que entrar a revisar si existen presiones externas o internas hacia los directores de los catorce establecimientos de reclusión que están bajo su mando: nueve para el Ejército, uno para la Fuerza Aérea y cuatro para la Armada Nacional.Se investiga si esas presiones son las que están causando que los internos tengan beneficios o permisos que no pueden ser ordenados o autorizados por comandantes, sino directamente por los jueces ordinarios o jueces penales militares.El mayor (r) Antonio José Cote, ex director de la cárcel para integrantes del Ejército PM 13, aseguró en declaraciones dadas a la emisora La FM, que cuando estuvo en ese cargo por unos meses recibió constantes presiones de superiores para otorgar permisos a los internos y fue objeto de quejas por hacer que el reglamento se cumpliera.“Hubo quejas desde adentro por poner las normas, porque venían acostumbrados a que fueran más laxas. Las presiones (verbales) venían de superiores míos del comando del Ejército. Hay documentos que ordenaban la salida de gente (…) Como decir: ‘Deje salir a fulano de tal a pasar 24 de diciembre a la casa con la familia”, relató.Propuesta del Ministro desató una polémicaEl ministro del Interior y de Justicia, Germán Vargas Lleras, propuso que en todos los casos, militares o policías procesados por delitos cometidos en servicio activo queden en custodia en instalaciones de las brigadas, pero los que estén presos por delitos comunes deberán quedar a disposición del Inpec en las cárceles civiles.Esa medida, obvia para muchos, en la práctica no es tan sencilla. La ley ordena que sólo vayan a prisiones penales militares quienes sean juzgados por la Justicia Penal Militar, por delitos cometidos en servicio activo que no atenten contra el Derecho Internacional Humanitario. En cambio, cuando se trate de un delito común fuera del servicio, o cuando desde un inicio el miembro de la Fuerza Pública haya tenido un propósito criminal, el juez ordinario de ejecución de penas es el que decide el lugar de reclusión.Los militares defienden que todos los integrantes de la Fuerza Pública, sindicados o condenados por la Justicia Penal Militar o por la ordinaria estén en centros exclusivos para ellos, alegando la seguridad de su vida. “Es un contrasentido. El delincuente no puede estar en el mismo lugar de reclusión en que están quienes han sido capturados y llevados a la cárcel por su trabajo. Sólo algunos, que no son la mayoría, están presos por delitos intencionales. Enviarlos a prisiones comunes sería reducir la moral de la tropa (...) Así no sea por delito de servicio corre riesgo su vida”, considera el general (r) Fernando Tapias.Así es TolemaidaUn ex oficial que estuvo recluido en la Cárcel de Tolemaida relató cómo es este penal militar. “Es igual a las cárceles de Valledupar o Cómbita. Las celdas tienen aproximadamente 1,60 de ancho por 2,20 de largo. Están dotadas de un sanitario, un lavamanos, dos camas del tipo camarote hechas en concreto y empotradas a la pared. La puerta de cada celda da a un patio interior con altas paredes y una malla que lo cubre. Todos los internos, sin excepción, deben estar estudiando, trabajando o enseñando. En mi caso, no me llamaban por el nombre, sino por el grado, tal vez por formación militar. Pero todos debíamos cumplir con el aseo de baños y áreas comunes. No sé cómo podría ‘Zeus’ hacer fiestas en el penal, pues es imposible. A menos que toda la cárcel hubiese estado de fiesta. ‘Zeus’ trabajaba en un proyecto en la granja, salía de las instalaciones escoltado por guardias”.

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